14 jun. 2008

Y EL VERBO SE HIZO CANTO: SOY UN CIEGO

Por Carlos Mejia Godoy

Desde que tengo uso de razón, siempre me he formulado esta pregunta: Los ciegos de nacimiento, ven “oscuro” o simplemente “no ven”? Y he llegado a la conclusión, platicando con mis amigos no videntes, que quien no ha conocido jamás la luz, no puede tener concepto de la oscuridad. Mucho menos podrá entender qué es un amarillo, un rojo, un celeste.

Pero eso sí, los ciegos de nacimiento tienen sus otros cuatro sentidos mucho más desarrollados que nosotros. Porque ellos
-utilizando un fenómeno sicológico llamado sinestesia- “ven”
con el tacto la piel de una naranja.“Miran” con el oido la vocinglería de los pájaros. Y –por qué no?- son capaces de “contemplar” el perfume de un jazmín. Y, precisamente, gracias a ese oído prodigioso, hemos conocido y aplaudido a músicos de la talla de Ray Charles, Steve Wonder, José Feliciano, Andrea Bocelli y, al más célebre de todos: Joaquín Rodrigo, el magistral creador de El Concierto de Aranjuez.

Al filo de esta reflexión, el año l967, fui hilvanando los versos de lo que sería mi primera balada romántica. En ella, intento apropiarme de la vivencia de un ciego, profundamente enamorado, quien –lejos de inspirar lástima- reinvindica el privilegio de amar, con todo el desborde de sus sentidos.

Así nació este modesto homenaje a mis hermanos no-videntes, con el que, siendo un chavalo de 24 años, participé en “la antesala de la OTI”, el Primer Festival Latino Mundial. Concursaron cien canciones de treinta países y después de dos eliminatorias, “Soy un ciego”, interpretada por el joven cantor Mauricio Peña, quedó entre las diez finalistas, para obtener finalmente el honroso Séptimo Lugar.



SOY UN CIEGO Letra y Música
Carlos Mejía Godoy

No necesito verte
para saber que estás conmigo
porque para quererte
a mí me sobran los sentidos
Quisieron desterrarte tras la noche
de mis ojos
no saben que yo vivo
palpitando en tus coloquios

Que soy ciego te grita la gente
no lo niegues, diles la verdad
que los ciegos queremos a veces
con más fuego con más ansiedad
pues los ciegos tenemos los ojos
más abiertos a la inmensidad

No envidio a los que gozan
con los matices de las rosas
ni a los que se estremecen
frente al incendio de la aurora
Te intuyo en la distancia
como un río de agua fresca
y salen a encontrarte
de fervor mis manos llenas

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