13 jun. 2008

El ultimo desenguaracador

Cuando hablé por teléfono por primera vez con Carlos Mejía Godoy para concertar esta entrevista, me dijo simplemente, “Bueno, te espero en mi casa mañana a las nueve”. Así sin rodeos... Esa fue una de las características principales de nuestra charla. La otra, el relato de una historia más...

Alguien que dedicó y dedica la mayor parte de su vida en contar historias, no puede mas que tenerlo incorporado de manera natural a su discurso cotidiano. Por eso resulta casi siempre un placer sentarse a charlar con escritores cuentistas, narradores, novelistas y, como en este caso, con un auténtico intérprete costumbrista de las expresiones musicales de un pueblo. Y vaya si tendrá qué contar de su Nicaragua Nicaragüita...

Por esta razón además, como no podía ser de otra manera, durante casi todo el tiempo me limité a escucharlo, dejándolo pasar libremente por todos los aspectos de su vida, su obra y sus proyectos, al mismo tiempo que abordaba cada una de las preguntas que inútilmente le traía preparadas, sin dejarme abrir la boca.

Todo esto hablando casi siempre en plural, al incluir a su hermano Luis Enrique en estos relatos llenos de música y revolución.

Representando a su pueblo hasta el final... Y hasta llegar hoy a la gran contradicción de su vida, y por la que, se sabe, han pasado anónimamente muchos nicaragüenses: un hijo luchando para el enemigo.


Nombre: Carlos Mejía Godoy

Procedemos del norte de Nicaragua, de un departamento que se llama Madriz, Este departamento tiene como cabecera departamental a Somoto, un pueblo que cuando niños no pasaba los veinte mil habitantes. Fue un verdadero gozo porque por ahí pasaban los titiriteros, los traficantes de ilusiones, los circos o maromas, como les decimos nosotros. Además porque nuestro padre era aduanero, o sea que fuimos niños de frontera. Para nosotros es muy importante esto porque tuvimos la suerte de recibir una cultura híbrida hondureño- nicaragüense. A nivel de folclore el grueso de la música de mi pueblo viene de Honduras, y la música no tiene guardavallas. Las mazurcas, los valses y las polkas son géneros que se dan en la parte de Las Segovias, una región de Nicaragua que comprende Matagalpa, Jinotega, Estelí y Madriz. Allí se mezclan muchos trovadores y muchos instrumentos como la guitarra, el acordeón, la mandolina, el violín... y recibíamos ese torrente cultural sin saber de eso, sin darnos cuenta, lo hacíamos visceralmente, lo gozábamos naturalmente.


Profesión del Padre: Trovador errante.

La otra cuestión fundamental fue ser hijos de un padre cantador de tangos, Don Carlos Mejía Fajardo, le decían Chass Mejía “El trovador errante”, un personaje de leyenda... Mi padre encontró en Gardel una estrella, un parámetro importantísimo, decía él: “tanto ético como estético... Hizo de Gardel un ídolo, un icono, y nosotros recibimos también esa influencia, aunque no cantamos tangos. Pero está el tango en nosotros, ¿de qué manera?, porque nosotros contamos historias, mi hermano Luis y yo somos relatores, cronistas musicales. Entonces digamos que desde pequeños tuvimos una escuela Gardeliana por el sur y mexicana por el norte, a través de Pedro Infante, Agustín Lara y Guti Cárdenas. Y lejanamente también estaba Atahualpa Yupanqui, como autor, más que como intérprete.


Nacionalidad: “Sandino-nicaraguense”

Yo nací en 1943 y Luis en 1945, mientras terminaba la segunda guerra mundial. En 1934 la Guardia Somocista asesina a Sandino con el apoyo de los Marines, y en esa época, del 34 al 46, fue lo que se llamó “la Pacificación de Las Segovias”. Nosotros agarramos el final de esa década pero nacemos pensando que Somoza era un héroe, porque al morir Sandino hay una represión bestial y nombrarlo estaba prohibido. Entonces, ¿cómo conocemos realmente a Sandino? Por los cuentos de las viejitas y por las cosas que se filtran a pesar de la represión. Y empezamos a darnos cuenta que Somoza no es el tal héroe.


Estudios cursados: Licenciatura en costumbrismos.

Yo vengo a Managua en el 54 a un colegio salesiano con mi hermano mayor Francisco Luis, hoy presidente de la Fundación Mejía Godoy. Al entrar a la universidad yo descubro algo fabuloso que es la radio, estando en León, la segunda ciudad de Nicaragua. Descubro la maravilla del libreto costumbrista y eso es lo que a mí más me guiña. Así escribo poemas y libretos de radio y comienzo a escribir las primeras canciones de corte costumbrista. La primera fue Alforja Campesina, mi primera experiencia con el son nacional. Es una canción bastante popular en Nicaragua a pesar de ser la primera. Y ahí me empecé a animar a cantar. Canté desde niño pero nunca pude desarrollar una voz.


Alias: Corporito

Mi hermano Luis se fue a estudiar medicina a Costa Rica y allí descubre su compromiso también a través de la canción. Empezó a militar en el Partido Vanguardista Popular de izquierda y yo me quedo en Managua estudiando periodismo. Dejo esta carrera pero sigo en la radio con mucho éxito. Invento un personaje que se llama Corporito, un viejo que se hace llamar “El trovador de la vieja y la nueva ola”. Agarro canciones antiguas, sobre todo tangos y corridos que tienen mucha letra y les hago la parodia. Ahí es donde empiezo a enfrentar al régimen.

Corporito deja de cantar canciones parroquiales y se mete en la vida dramática de nuestro pueblo, en la represión, en la lucha de las comunidades por salir adelante, con los problemas del agua, la luz, de la vida, y de repente sin tener ninguna conexión con partidos políticos, es un perseguido que le duele al régimen. Y soy multado, perseguido, maltratado y por último me cierran el programa. Pero ¡qué bueno que me echan de la radio!, porque eso me permite ir a la calle con el acordeón, solo, en una esquina, en los mercados, en las comunidades campesinas.


Profesión: Desenguaracador.

Empiezo entonces a redescubrir el folclor de mi tierra. Yo creí que el folclor eran esas cuatro o cinco canciones que me sabía de memoria, pero me fui dando cuanta que el folclore estaba vivo allí, en la tierra, latente, en las voces y en la conducta misma de los campesinos. Porque bien sabemos que el folclore es verso y también receta de cocina, es vestimenta y dichos populares, y todo ese bagaje. Yo me enamoro de eso y redescubro su importancia. Y ya me vuelvo un recopilador natural. No soy antropólogo ni sociólogo ni filólogo ni nada de eso, sino que simplemente, como decimos nosotros, un desenguaracador. Viene del verbo desenguaracar, que a su vez proviene de una palabra indígena, guaca, que es como una cueva, como una cosa escondida. Entonces “desenguaracar” significa “sacar lo que estaba escondido”. Desenguaracar el folclore a través del canto se convierte para mí en el segundo oficio importante. Primero crear y luego recopilar.

Antes del terremoto de 1972 vuelvo con un programa que se llama El Son Nuestro de Cada Dia, y ese programa se convierte en un programa aglutinador de la preocupación por rescatar la cultura de Nicaragua. Además, invento algo que se llamó “Brigada de salvación del canto nicaragüense”. Era itinerante y andaba por los pueblos recogiendo material. Me hice aliado de un muchacho muy importante ahora en Nicaragua que se llama Wilmor López, el mas importante recopilador de cultura popular. Con él hacíamos este trabajo por los pueblos y se lo devolvíamos a la gente en el programa con todo lo que íbamos descubriendo: recetas de cocina, apodos, coplas, leyendas... Fue un gozo porque de repente nos llama por ejemplo Don Cipriano de la comunidad de Las Lajitas diciendo “aquí tengo unas cosas que le quiero enseñar, venga”. Llegábamos y tenía un violín campesino, una verdadera pieza de arqueología.


Afiliación política: Créame que ninguna.

Yo grabo entonces en mi voz La María de los Guardias, cosa curiosa porque la canto en primera persona diciendo “soy la María de los Guardas...”, sólo para tenerla grabada y no olvidarla por no encontrar intérprete. Pero resulta que empezó a sonar y empezó a gustar y fue un éxito nacional. Y fue la primera canción que me lanza, sin querer, como cantautor. A partir de allí comienzo a crear canciones de corte social como Panchito Escombros, una canción que enfrenta al régimen.

Posteriormente y de manera muy natural me fui involucrando en el Frente Sandinista porque era la organización guerrillera que estaba en la calle dando una respuesta digna y firme. Fue un proceso natural porque Nicaragua entera ya era sandinista, porque no eran sólo los guerrilleros que asaltaban un banco o llevaban a cabo una operación comando, sino que era hasta el vendedor de cocos el que llevaba un mensaje: “¡A los cocos, a los cocos, señor, pruébelo, tome!”, y ahí te pasaba el mensaje.


Pasaporte: Latinoamericano.

Luego llega el momento en que necesito salir de Nicaragua. La represión se está radicalizando y mi compromiso va creciendo. Tengo así una oportunidad en España. Como Maciel había grabado una versión de La María de los Guardias, que ya había grabado Lucha Díaz en México, en España se presenta un pequeño caldo de cultivo con el que puedo llegar y decir “yo soy el autor de esas canciones” y empezar a sacar mi mochila de viejos temas. Como una canción anónima, Son Tus Perfúmenes Mujer, recopilada por tres médicos músicos nicaragüenses que estuvieron también conmigo recorriendo el país dándole música a los campesinos. Curaban, sacaban alguna muela y recogían música. Se llamaban Los Bisturises Armónicos. Esta canción se convierte en un éxito tremendo, logrando desplazar a los Bee Gees, a los Manhatan Transfer, a Julio Iglesias, a Camilo Sesto... Empezó desde el sótano y en dos semanas alcanzó el primer lugar por casi dos meses. Y por la época en que transcurre, la incluyeron recientemente en una película argentina llamada Kamchatka.


Ocupación Actual: esperanzador.

Luego viene la derrota electoral del Frente y ante semejante desencanto los hermanos Mejía Godoy y el resto de nuestra familia decidimos crear (hace ocho años ya) una opción en ONG, que se llama Fundación Mejía Godoy, para darle continuidad a nuestros principios revolucionarios. Y un café concert que se llama La Casa de los Mejía Godoy, con espectáculos musicales los jueves, viernes y sábados.

Tengo tres obras encarpetadas, tres obras literarias musicalizadas. La más importante se llama Los Cantos de Cifar, que es un homenaje a los pescadores del lago más grande de Nicaragua, el Cocibolca, o la mar dulce, como le llamamos aquí.


Proyectos: Desenguaracaciones internacionales.

Lo que va a salir en estos días se llama Soy Nicaragüense Güegüense. El Güegüense es un personaje que resume un perfil, una síntesis de Nicaragua. Está por un lado Sandino, por otro lado Rubén Darío y este tercer distintivo que es la figura que representa al nicaragüense en su resistencia cultural. Es el indio ladino que no puede enfrentarse con las armas porque no las tiene, entonces se enfrenta con su inteligencia, con su picardía, y se burla del gobernador que representa al español. Es una comedia baileta, la más antigua de América Latina. Incluso está la propuesta de la UNESCO de convertirla en pieza de teatro patrimonio cultural de la humanidad.

Por lo demás, La Misa Campesina sigue recorriendo mundo, a 25 años de proyección internacional y 27 de su creación. Catia Cardenal, una de nuestras cantoras vivas más importantes que vive entre Noruega y Nicaragua, va a grabarla otra vez con un coro importante de Noruega y una orquesta híbrida español-noruega.

Yo soy el autor de una frase que aquí le ha quemado el alma a muchos y que dice “...luchamos contra el Yanqui, enemigo de la humanidad”. Ahora con lo de Irak me volvieron a preguntar que si se mantenía la vigencia, yo les dije “eso es lo que están viendo, siguen los gendarmes resolviendo los problemas por su cuenta, de espaldas a la ONU, al Papa y a todo el mundo, cuando Hussein y Bin Laden han sido engendros de su propio imperialismo, lo mismo que ocurrió cuando crearon a Somoza y a Pinochet y a Noriega...”

Imaginate ahora la contradicción en la que he entrado con mi hijo, siendo yo quien crea ese himno. Mi hijo decidió irse para los Estados Unidos contra mi voluntad porque su madre su fue para allá teniendo facilidades a través de sus padres. Ella fue una revolucionaria sandinista y aquí se empezaron a poner las cosas muy difíciles, estaba en riesgo su vida porque estuvo más involucrada que yo en asuntos de operativos político-militares, y entre idas y venidas a Cuba terminó yéndose a Miami, donde realiza una lucha ideológica interesante. Pero mi hijo un día me llamó, no para pedirme permiso, sino para avisarme que había decidido entrar al ejército para optar a una beca y a una maestría. Yo le dije “vos sabés que soy antiimperialista y que lo peor que me pueda pasar es que un hijo se meta en su ejército, yo sé que tu propósito es otro, pero...”. Él es escritor, ya había empezado a hacer sus primeras cosas, y me dijo claramente: “Papá, mi objetivo solamente es sacar una carrera” Y él es adulto y sabe lo que hace... Le faltaban solo cuarenta días para terminar su contrato, y ahí no te preguntan si quiere ir o no, se lo llevaron a Georgia y después directo al frente de guerra.

Entrevista de: Walter Fehrmann