27 oct. 2008

Y el verbo se hizo Canto: El Credo

Uno de los retos más importantes, a la hora de asumir el compromiso de crear “La Misa Campesina”, fue El Credo. En la hoja de papel, donde emborroné las primeras ideas, puse –bajo el título- un pequeño comentario que delata mi optimismo: ( Voy que me buja el pelo, porque esta parte tiene “mucha carnita”). Y precisamente, por encontrarme ya en el ambiente mágico de Solentiname, empecé imaginándome el génesis del mundo, con esa explosión de colores que brotaban de los pinceles de los pescadores y campesinos del archipiélago.

Recuerdo como que fuera ayer, la sorpresa que se llevó Doña Justa, una viejita cocinera de Mancarrón, cuando –después de la misa dominical, celebrada por el P. Ernesto Cardenal- fue llamada al altar por el propio Poeta. Laureano Mairena dijo. -Está cocinando, la vamos a llamar para que venga. Al rato se apareció con su delantal blanco. “Tome doña Justa!- expresó Ernesto – aquí tiene estos rialitos. Quiero que sepa que su cuadro, inspirado en el amanecer de Solentiname, fue vendido a un profesor de la Universidad de Frankfurt en Alemania. Cuéntelos bien, son quinientos dólares”.

Con una gran sencillez, pero con los ojos llenos de lágrimas, la humilde cocinera tomó el sobre y sin asomarse a contar el dinero, se lo metió en el buche. Alguien la oyó decir en voz baja: -“Para mi nieto, que está hospitalizado en Los Chiles, porque lo picó una cascabel. Dios sabe lo que hace…”

Yo tuve curiosidad por conocer el cuadro que había pintado esa señora, que ya había cumplido los setenta años. William Agudelo me enseñó la diapositiva. Y, efectivamente, aquel óleo parecía inspirado en el primer día de la Creación. Por eso, insisto: Si El Credo no hubiese sido escrito en aquella isla paradisíaca de Mancarrón, quizás yo no habría comparado el nacimiento del mundo con la invención de un cuadro primitivista.

Nunca olvidaré cuando una mañana soleada de año 1974 me llegó un sobre firmado por Panchito Cedeño, hoy gran músico, compositor y orquestador de prestigio. Pancho me enviaba, de su puño y letra, una serie de ideas que yo aliñé en la segunda estrofa de este canto. Sin ese aporte del singular colega, El Credo hubiese tomado otro camino.

El resto de la letra fue naciendo al calor de los comentarios que los pobladores de la isla hacían después que E Cardenal leía el Evangelio. Todos estos testimonios, algunos de los cuales impactaron al famoso poeta y escritor Julio Cortázar, están contenidos en el libro “El Evangelio de Solentiname”.

El nacimiento del estribillo o coro lo escribí en Managua y tiene mucho que ver con el heroico trabajo de la construcción. Por eso, en una actividad en la que se encontraba el legendario líder sindical Domingo Sánchez Salgado le dije, con el respeto de siempre: Chagüitillo, siempre que canto El Credo, me remonto al SCAAS: Sindicato de Carpinteros, Albañiles, Armadores y Similares. Y el hombre más “carceleado” en la historia durante el Somocismo, con sempiterno humor, chasqueó los dedos, diciendo. - Entonces, qué esperás, Carlitos? “Caimanes al estero!” -