14 jun. 2008

Y EL VERBO SE HIZO CANTO : QUE VIVA MANAGUA

Por Carlos Mejía Godoy

Yo soy segoviano. Orgullosamente somoteño. Pero cuando conocí Managua, el año 1951, debo confesar que me quedé absolutamente maravillado.

Es que, si antes de llegar a la Capital, hubiese visitado León o Granada, el efecto no habría sido tan impactante. Pero, se imaginan ustedes? Los únicos pueblos a los que me había asomado –además de Somoto- eran Ocotal y Estelí, ninguno de los cuales tenía calles pavimentadas, ni taxis. ni rótulos de neón,
ni semáforos. Mucho menos un enorme cine, al que –pomposamente- llamaban Teatro Salazar. Y tenía aire acondicionado. Y palomitas de maíz. Y muchachas que te acomodaban con focos de mano, cuando ya la película había comenzado.

Y, por supuesto, cuando regresé a Somoto, los chigüines me hicieron rueda. Por vez primera, me sentí “el chavalo de la película”. Y la verdad es que, conocer Managua en aquel tiempo era –en términos de escala- para un pueblerino como yo, más impresionante que, para un capitalino de hoy, visitar Miami.

Y fuiste a conocer el Xolotlán? - fue lo primero que me preguntó mi primo Chico de la Cayita . Yo agarré impulso para disparar mi crónica: -Eh, con decirte que me dio miedo ir solito al Malecón para ver el lago de cerquita. Me asomaba a todas las esquinas de la Calle Candelaria y no me aburría de ver aquel cachimbazo de agua. Tronco de río, pensaba

-Y la catedral? – preguntó Moncho cachetón. Ahí sí que me tomé todo el tiempo, para responder sin ocultar mi fachentada: Ah, la catedral es cosa seria. Es como tres veces la iglesia de Somoto. Y las campanas pesan cincuenta toneladas de puro bronce.
Y cómo sabés? –indagó Chito Matamoros? - Bueno, porque el párroco es hermano de mi papá. Y allí nos hospedamos nosotros.
Todos me quedaron viendo como “leles”. Y los dejé enchilados.

Cuando terminé la primaria en mi pueblo natal, cursé un año en Granada. Volví a Managua e ingresé al Seminario Nacional para estudia sacerdocio. En 1957 colgué los hábitos y ya pude disfrutar a plenitud de aquella capital, cuyos personajes callejeros me resultaban más fascinantes que los cines modernos, los parques y los hoteles.

Cómo olvidar esos arquetipos humanos, que en medio de su pobreza y su locura, le daban el verdadero sabor a nuestras calles y mercados? “Peyeyeque”, “Cole-vaca”. “Maximiliano”, “Santos Lucero”,”La Cocoroca”. Y, por supuesto, los sitios tradicionales donde se saboreaba la auténtica cocina popular: “La Chumila”, “El Verdi”. “La Hormiga de Oro”, “La Carne asada del Gran Hotel” y por supuesto el Comedor de mi inolvidable amigo Chico Toval, a quien menciono en este corrido, escrito a raíz del terremoto.

QUE VIVA MANAGUA

Letra y Música
Carlos Mejía Godoy

Se los juro por dos cruces
que en el propìo Campo Bruce
vine al mundo por albur
y me crie donde una tía
de El Infierno media arriba
donde había un poste-luz

Me sacaron de la escuela
me metieron al Goyena
qué tremenda decisión
y en las bancas solitarias
de aquel Parque Candelaria
hilvané el primer amor

(CORO)
Que viva Managua
que viva Managua
que surja de nuevo
bajo el ancho cielo
su inmenso vigor
Que viva Managua
mi grito es sincero
para el pueblo heroico
que ha caido estoico
mirando hacia el sol

Soy Managua hasta las cachas
qué bonitas las muchachas
que en la Roosvelt piropié
minifaldas y escotes
que en la esquine-los-Coyotes
tantas veces contemplé

Cierto que la vida es breve
mas la sopa de los Jueves
fue delicia semanal
y la media fabulosa
con boquitas bien sabrosas
allá onde Chico Toval

(CORO) Que viva Managua…

No hay Managua que no añore
y sin pena alguna llore
su querida capital
francamente da cabanga
el olor de la fritanga
y el mondongo colosal
el bochinche en los mesones
las canciones, los pregones
del Mercado San Miguel
la tortilla con cuajada
y la rica Carne asada
frente al propio Gran Hotel

(CORO) Que viva Managua…