14 jun. 2008

Y EL VERBO SE HIZO CANTO: CHINTO JIÑOCUAGO

Por Carlos Mejia Godoy

El hombre entró a la Miscelánea Elsa, la pulpería de mi mamá, en la Calle Real de Somoto. Traía un sombrero raído, una alforja y su machete Colins: “la pluma-fuente” como se decía en aquella época. El hombre, callado, se dedicó a asomarse a las vitrinas, en busca de nada. Mi madre, siempre laboriosa, lo observó mientras –como Penélope provinciana- seguía tejiendo, en espera de su esposo Chas Mejía, quien ya venía por la bajada de El Tablón, procedente de El Espino.

Yo, sentado en el viejo piano de la Tía Evelina, sacaba un valsecito añejo. Doña Elsita, aguda observadora como todos los Armijo, se acercó y me dijo, sin dejar de tejer: -Carlitos, asomate a la pulpería y vas a ver a un hombre, cundidito de cicatrices. Parece un palo de jiñocuago en camino real.

Cerré el valsesito y con disimulo busqué la puerta de la calle. El hombre estaba de espaldas, tocando con sus dedos ásperos un vestido azul de poplín, que colgaba de la pared. Por fin, habló:
- A cómo lo tiene?
- Es de partida-respondió mi mamá- vale treinta pesos
- A pues el otro domingo vengo por él. Yo soy de aquí nomasito de Cacaulí. No se acuerda de mí, Doña Elsita?. Yo trabajé con su hermano, el finado Carlos Arturo-
- Ah, si? El ya ajustó los diez años de fallecido- dijo mi madre
- No, si para qué! Estaba entero el hombre- agregó el de Cacaulí.

Ahora sí pude ver clarito su rostro. Una cicatriz enorme le cruzaba la cara, desde la frente hasta la barbilla, partiéndole la ceja, la nariz y el labio. Pero, además, en el cuello tenía un tremendo verdugón, del tamaño de un geme. Y, de ipegüe, en ambos brazos se miraban, claritos, los efectos de un clinche de cantina, donde –a todas luces- nuestro personaje había quedado “en alitas de cucaracha”.

Y recordé la frase de mi mama. Parece un jiñocuabo en camino real. El hombre se alejó por las calles de Somoto. Y yo me senté al piano. Me olvidé del valsesito añejo y empece a escribir esta
canción.

CHINTO JIÑOCUAGO

Esta seña condenada
que en la frente se me ve
yo la quiero con el alma
ya les vua contar por qué
la montaña fue testiga
que me escapé de morir
en la guerra de Sandino
combatiendo en Apalí

CHINTO JIÑOCUAGO
DE DICEN A MI
VENGO SEÑALADO
DESDE QUE NACI
TRAIGO EN CADA SEÑA
UNA HISTORIA QUE VIVI
LLEVO UNA LEYENDA
EN CADA CICATRIZ

Este agujero tremendo
que mi brazo perforó
no es como dice la gente
que es un hoyo de inyección
me lo pegó un alistado
dizque por casualidad
ni con cebo serenado
se me ha podido borrar

Este surco bien clarito
me sobó la yugular
para ser mas patentito
me lo dio Melchor Pastrán
fueron dieciocho puntadas
cocidas de tres en tres
por aquel beso robado
que le dí a la Rosa Inés

Esta raya que me cruza
la ceja con la nariz
me la pegó Chon Lanuza
un varón de Cacaulí
junto al propio Macuelizo
me agarró de refilón
hasta que me pongo erizo
cuando toco el verdugón

1 comentario:

Elmer Antonio Vicente Pavón dijo...

Definitivamente la obra de don Carlos Mejía Godoy es un tesoro y bandera de la identidad cultural nicaragüense... me gustaría saber en que años se escriben y/o se publican las canciones
1. Chinto Jiñocuago
2. Clodomiro el Ñajo
3. Juancito Tiradora
4. La Tula Cuecho
5. María de los guardias.
Agradecería su colaboración...
Saludos