23 jun. 2008

Editorial de La Prensa "Mal paga el diablo a quien bien le sirvió"

Portavoces oficiosos del gobierno de Daniel Ortega han advertido que la extensa creación musical de Carlos Mejía Godoy podría ser declarada patrimonio histórico o cultural de la nación. Pero eso significaría confiscar la valiosa propiedad intelectual del popular cantautor nicaragüense de fama internacional.

La amenaza gubernamental contra la propiedad artística de Carlos Mejía Godoy se debe a que éste le ha prohibido al gobierno de Daniel Ortega que siga usando para sus fines políticos la música testimonial y revolucionaria sandinista que él, Carlos Mejía, compuso durante la lucha revolucionaria contra la dictadura somocista y siguió creando después. Inconforme con el rumbo del nuevo gobierno de Daniel Ortega, y no queriendo ser cómplice en ninguna forma de los planes orteguistas de imponer otra dictadura en Nicaragua, Carlos Mejía Godoy ha invocado sus derechos de autor y de propiedad intelectual, de acuerdo con la ley que rige la materia en Nicaragua y el principio de legalidad que prevalece en casi todo el mundo.

Tratando de justificar la intención del FSLN y el gobierno de Daniel Ortega, de confiscar la propiedad intelectual de Carlos Mejía Godoy, un diputado del Frente Sandinista ha dicho que esa música le pertenece al pueblo, porque fue la lucha revolucionaria la que inspiró al trovador segoviano para componer y escribir sus canciones. Pero eso es un disparate del diputado sandinista. Si fuera como él dice, cualquiera otra persona pudo haber compuesto la música y creado las canciones que compuso y creó Carlos Mejía Godoy. ¿Por qué, entonces, no las compuso el diputado del FSLN que ha salido con semejante desatino? O, ¿por qué no las compuso el mismo Daniel Ortega, quien ahora pretende y aparenta ser el dueño del FSLN y de todo el patrimonio histórico sandinista?

En realidad, esta cuestión hay que verla al revés. Es decir, que sin la música testimonial y las canciones revolucionarias de Carlos Mejía Godoy, el Frente Sandinista no hubiera podido captar el apoyo popular que le permitió derrocar a la dictadura somocista y tomar el poder en 1979; y Daniel Ortega jamás hubiera sido el mandamás de Nicaragua. El valor del aporte cultural y emocional de la música de Mejía Godoy a la causa de la revolución sandinista y al FSLN no se puede cuantificar económicamente, como sí se puede hacer con la piñata sandinista y todos los beneficios que Daniel Ortega y compañía siguen obteniendo del usufructo del poder político. Pero sin el aporte cultural de Mejía Godoy el FSLN nunca hubiera podido triunfar, a pesar de toda la ayuda en armamento, dinero y otros medios materiales que recibió de la Unión Soviética y Cuba, así como de países democráticos como Venezuela.

Ahora Daniel Ortega y el FSLN le quieren pagar a Carlos Mejía Godoy con la villanía de la confiscación de su creación musical que, como él mismo dice, es su único patrimonio personal y familiar. Sin embargo, los especialistas en derecho de propiedad intelectual aseguran que el gobierno de Ortega no puede despojar a Carlos Mejía Godoy de su patrimonio artístico y cultural. Ante todo porque la Constitución prohíbe las confiscaciones, y además porque en el país rige una Ley de Derechos de Autor y Nicaragua es parte de los convenios internacionales sobre propiedad intelectual. Ciertamente, el respeto a los derechos de autor y de propiedad intelectual le da respetabilidad a los países y les ayuda a aprovechar las oportunidades de desarrollo comercial, a diversificar sus mercados y participar en asociaciones económicas estratégicas. Por el contrario, la violación de esos derechos constituye un grave signo de inseguridad jurídica, que es el peor espantajo para los inversionistas extranjeros.

Los gobernantes decentes, que se respetan a sí mismos porque respetan lo ajeno, protegen invariablemente los derechos de propiedad intelectual. Pero en Nicaragua se hace lo contrario. Aquí los que manejan la “diplomacia” gubernamental insultan con palabras obscenas a los representantes de la comunidad democrática internacional; y los recursos del Estado y la cooperación externa son desviados descaradamente hacia empresas partidistas y para provecho personal de altos funcionarios de gobierno. Evidentemente Ortega y compañía quieren convertir a Nicaragua en un país paria internacional. Y al parecer no hay nadie ni nada que pueda detenerlos.

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