25 jun. 2008

Carta de Francisco Cedeño (Grupo Pancasan) a CMG

Estimado Carlos:
Después de leer la carta que enviaste a los medios de comunicación prohibiendo al FSLN el uso de tus canciones en sus actos y propaganda oficial, hacia un poco de memoria y recordaba mi primer encuentro personal con vos a fines del 75 en una casa del Barrio Riguero. Esa tarde nos habíamos reunido un grupo de chavalos que rondábamos los 16 o 17 años con la intención de mostrarte nuestras primeras composiciones y escuchar de vos algunas recomendaciones. Por esas cosas de la vida, llegaste a la reunión con la poeta Rosario Murillo y nosotros quedamos muy motivados por ese encuentro en donde ustedes nos transmitieron la idea de hacer algo, era la época en que el Grupo Gradas denunciaba a la dictadura a través de su arte revolucionario y nosotros efectivamente asumimos la idea. Luego de ese encuentro me invitaste a grabar mis canciones en la Radio Corporación donde tenias el programa “El Son Nuestro de Cada Día”.
Directa e indirectamente motivaste a los cantautores de mi generación, muchos de ellos organizados como grupos musicales en los Talleres de Sonido Popular que vos fundaste. En mi caso particular, tus canciones y las de tu hermano Luis Enrique me despertaron la conciencia y la creatividad musical, y meses después de conocerte yo era integrante del Grupo Pancasán, que se sumaba a la accion artística y revolucionaria que ya otros compañeros estaban realizando. Treinta y tres años después, sigo teniendo estima y respeto hacia tu obra y tu persona, y sigo creyendo en los mensajes de esas canciones.
Como autor y como ciudadano estás en todo el derecho de ejercer dominio moral y patrimonial sobre tu obra, el que lea la ley No. 312 se dará cuenta de eso. Es probable que la actual dirigencia del FSLN haga caso omiso de lo que les has exigido y sigan poniendo las canciones revolucionarias si en su arrogancia así se les antoja, pero cada vez que suene una de ellas, dejará en evidencia que distantes están de aquellos principios y valores por los cuales cantamos y luchamos.
Te acordás de aquel muchacho
El que vendía tortillas?
Se salió del seminario
Pa’ meterse a la guerrilla,
Murió como todo un hombre
Allá por el cementerio
Cometió el atroz delito
De agarrar la vida en serio.
Que lejos están ahora de los ideales de Leonel Rugama y de tantos héroes conocidos y anónimos que se integraron a la lucha y dieron su vida por la Revolución, no por obtener un puesto o una prebenda. Los que en alguna época fueron revolucionarios y hoy están en posiciones de poder, han cobrado muy caro sus servicios a la Patria. A ellos se les olvidó cuando sólo tenían como únicas pertenencias sus carabinas y sus sueños, y en sus almas solamente la mística habitaba, en esa época no despreciaban el polvo ni codiciaban el oro. Aquellos los de entonces ahora no son los mismos, primero cambiaron sus estilos de vida a la sombra del poder, luego cambiaron su mentalidad cumpliéndose el adagio que reza: “Quien no vive a como piensa, termina pensando a como vive”.
Podemos escribir decenas de paginas sobre la metamorfosis de los otrora revolucionarios, que se dicen de izquierda pero viven y gobiernan como de derecha. No importa si siguen usando las canciones revolucionarias en sus actos oficiales, eso estará demostrando que, al igual que las flores y las escenografías de sus tarimas, para ellos las canciones revolucionarias ahora son sólo piezas de ornamento con las que buscan atraer clientela política. Para la gente sin embargo, esas canciones si tienen un verdadero sentido, porque son parte de su historia y siempre serán un norte y una razón de vida. Si en aquellos años de lucha el verbo se hizo canto, ahora este canto manipulado por ellos se convertirá en piedra que choque contra sus dientes.
Con la estima de siempre.
Pancho Cedeño.
20 de junio de 2008.