20 jun. 2008

Postal de Tomás Borge

END - 19:11 - 19/06/2008

Escuché en el Canal 2 y leí en el diario “La Prensa”, ambos voceros de la ultraderecha nicaragüense, la carta de Carlos Mejía dirigida a Rosario Murillo.

Escucharla y leerla me produjo asombro y dolor. Yo he sido amigo de Carlos y admirador de su excepcional talento. Daniel Ortega y todos los sandinistas comparten esa admiración. Así se lo hizo saber el Secretario General del FSLN con motivo de la reparación, en el marco de una obvia injusticia contra el célebre cantautor.

El dolor mío, y de mi esposa Marcela, fue intenso.

Recordamos que Carlos, alguna vez, dijo que sus canciones eran patrimonio del FSLN y de todo el pueblo. Recordamos que esas creaciones fueron inspiradas por la lucha y el martirio de los sandinistas, recodamos que tan extraordinaria producción no hubiese sido posible sin el FSLN, organización a la cual se le ha prohibido ahora entonarlas; recordamos que algunas de esas tonadas fueron inspiradas en obras como “Carlos El amanecer, dejo de ser una tentación”, escrita por mí en la cárcel, o que otras como “Nicaragua es una cincuenta”, fue creación de ambos, así como algunas frases del himno del FSLN, las cuales fueron inspiradas después de mi huelga de hambre durante 48 días, que me llevó al borde de la muerte. Una bellísima música de mi poema a Fidel Castro fue creada por Mejía Godoy.

Después de reflexionar con responsabilidad revolucionaria frente a esta tentativa de privarnos del acervo cultural de las canciones de Carlos, es mi opinión que la formalidad legal, la cual puede dar origen a una demanda --respaldada por la sociedad de autores españoles-- no debe obligarnos a renunciar a esa obra que, quiérase o no, pertenece a la sangre de los caídos, tan respetada por los centenares de miles de nicaragüenses integrantes del FSLN, a quienes se les pretende callar y olvidarse de esas canciones revolucionarias.

Las canciones de Carlos son insustituibles --diga quien lo diga, incluso Carlos Mejía--, y pretender que autores de otros países sean quienes fueren en el futuro, nos otorguen el incienso y la mirra de nuestra sangre, es inadmisible. Seríamos irreverentes, ligeros y desarraigados si aceptamos esta propuesta. Seríamos traidores a Sandino, a Carlos Fonseca. Aquí, en efecto, hay de por medio juicios morales y no jurídicos. Aquí está en juego nuestra consigna, a la cual han renunciado otros, de “Patria libre o morir”.

La existencia de Carlos Fonseca y su entrega hicieron posible mis modestos escritos y la conmovedora canción de Mejía --me dijo Fidel Castro que era incomparable-- no está disponible para la renuncia. Ni para mí, ni para ningún sandinista.

“La Consigna” responde a las siglas del partido a quien se prohíbe entonarlas.

Debemos enfrentarnos al desafío de una condena jurídica y no a la condena de la historia y de los huesos triturados de nuestros mártires.

Además, en términos técnicos, la prohibición es imposible. Lo único que cabe es la exigencia de los pagos de derechos de autor y la aprobación de una ley --tan peleada por Luis Enrique Mejía-- para reglamentar la justa prerrogativa de todos los artistas para que se les reconozca la facultad de vivir de su trabajo.

Marcela grabó un disco con canciones propias, de Richard Loza y de Carlos Mejía. El disco no está a la venta y ha sido distribuido entre los simpatizantes del FSLN en Perú, Ecuador, Paraguay, Venezuela, Cuba, Bolivia y otros países.

Jamás la extraordinaria voz de Marcela se ha escuchado en actividades de otras siglas ajenas a la organización fundada por Carlos Fonseca.

En fin: nuestro aporte no es, tan sólo, patrimonio de nuestros hijos, es por encima de cualquier consideración y, sobre todo, del pueblo nicaragüense.

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