19 jul. 2008

El caso de Mejía Godoy (Editorial de La Prensa)

El caso de Carlos Mejía Godoy, el popular cantautor nicaragüense cuyo prestigio y fama es de dimensión internacional, tiene dos aspectos fundamentales. El primero es su legítimo reclamo al gobierno de Daniel Ortega, de que no siga usando en su propaganda política los temas musicales que él —Carlos Mejía— compuso en otra época para el FSLN y la revolución sandinista. Sin embargo, en arrogante desprecio a la ley y al derecho ajeno, el gobierno sandinista y el partido oficialista continúan usando los temas de Mejía Godoy en las actividades gubernamentales y partidistas, así como en la propaganda que difunden los medios de comunicación orteguistas y subordinados al orteguismo.

Carlos Mejía Godoy está legalmente protegido por la Ley 312, que es la Ley de Derechos de Autor y Derechos Conexos, así como por las convenciones internacionales sobre la propiedad intelectual, según las cuales él es el dueño de sus obras musicales por el solo hecho de haberlas creado. A Carlos Mejía Godoy le corresponde el derecho exclusivo de explotarlas y sólo él puede autorizar que otros lo hagan, ya sea con fines comerciales, con objetivos políticos o con propósitos de cualquier otra naturaleza, independientemente de cuál hubiera sido la intención con que escribió su música y canciones.

En realidad, únicamente por el carácter autoritario del actual gobierno de Daniel Ortega es que se puede explicar el hecho de que a pesar de la voluntad expresa, pública y formalmente dada a conocer por parte de Carlos Mejía Godoy, de que no se usen sus creaciones musicales o algunas de éstas en los actos proselitistas del gobierno y del partido oficialista, sin embargo éstos las siguen usando a su gusto y antojo y para su propio beneficio político y material. De manera que ante este otro atropello que el gobierno de Daniel Ortega y los suyos perpetran contra la ley y el derecho ajeno, a Carlos Mejía Godoy sólo le queda respaldarse en la inmensa solidaridad nacional e internacional que está recibiendo y esperar que un tribunal nacional o internacional haga prevalecer el respeto a su voluntad y a sus derechos patrimoniales.

El otro aspecto del caso de Carlos Mejía Godoy es el penoso incidente que coprotagonizó el miércoles recién pasado durante la gran marcha cívica y democrática que se realizó en Managua, por convocatoria de la sociedad civil, al dejarse provocar por un reportero oficialista. La reacción de Carlos Mejía Godoy contra el provocador no tuvo ninguna consecuencia física personal para éste, pero sí una enorme repercusión negativa —política y moral— para el popular cantautor nicaragüense.

Como persona honesta e inteligente que es, Carlos Mejía Godoy reconoció públicamente su error apenas un día después de haber caído en la trampa de la provocación. De manera que ofreció disculpas al reportero oficialista cuya provocación causó el infortunado incidente, a los periodistas en general y a todo el pueblo nicaragüense. Pero los enemigos de Carlos Mejía Godoy no son gente de bien, sino lo contrario, de modo que van a aprovechar esta situación para justificar la represión que descarguen contra él. De manera que hay que esperar lo peor en este caso, en el que también sólo la solidaridad nacional e internacional podrá impedir que trituren judicialmente a Carlos Mejía Godoy, quien es ahora la tercera víctima prominente de la demoledora máquina represiva orteguista, junto a Eduardo Montealegre y don Jaime Chamorro Cardenal.

Es muy importante estar claros de que la provocación contra MejíaGodoy no fue un caso aislado. Esas provocaciones, junto con las agresiones a los periodistas independientes como ocurrió en estos mismos días con el reportero gráfico de LA PRENSA Germán Miranda, se van a repetir en el futuro de múltiples maneras. Esto obliga a los dirigentes de la oposición y a los demás representantes de la democracia, a tener mucho cuidado para no caer en esa trampa malévola. Y en el caso del periodismo independiente y, por lo tanto, democrático, la lección más importante que hay que sacar de todo esto es que la mejor defensa de la libertad de prensa es el cumplimiento del compromiso de informar con limpieza profesional, y opinar con respeto a la persona y a las ideas y opiniones de los demás.

El periodismo independiente no puede ni debe colocarse en el mismo plan del “periodismo” oficialista: provocador, panfletario y degradante que trata de imponerse otra vez en Nicaragua.