12 ene. 2010

Y el Verbo se hizo Canto

Y EL VERBO SE HIZO CANTO
Especial para Magazine por Carlos Mejía Godoy

MADRE NICARAGÜENSE

A lo largo de mi vida, como artesano de la palabra y el sonido, he escrito unas cuantas canciones dedicadas a la mujer, en su condición de madre.

Antes de la Revolución, envueltos en aquella maravillosa aura de entusiasmo juvenil, sólo bastaba mirar a nuestro derredor y ahí mismo teníamos a mano el tema nuestro de cada día: las heroicas campesinas, las esclavizadas obreras, las vivanderas de los mercados, las cocineras, las oficinistas. Y, por que no?
Las amas de casa haciendo milagros con el escuálido presupuesto, para dar de comer a la marimba de chavalos.

De modo que, lo confieso! La primera canción en homenaje a la madre, se llamó ENTRE LOS ESCOMBROS y me basé en un hecho real que me contó un amigo “terremoteado”: Su madre trabajaba como empleada doméstica de una rica familia muy adinerada. La noche del sismo, todos andaban en una boda en Chinandega. La residencia, situada sobre la Calle de El Triunfo, quedó reducida a cenizas. Los dueños de la casa, al regresar de Occidente, intentaron remover algunos escombros,en busca de Doña Herminia. Pero fue en vano. Salvando algunos enseres, se trasladaron a vivir a Granada, donde también eran dueños de una casa en la Calle de El Consulado. Martín Tovar, que me contó su tragedia, se quedó sentado en una piedra durante tres días con sus noches. A veces, se dormía en el dintel de alguna casa vecina.Y muchas veces se despertaba sobresaltado, creyendo oir la voz de su madre, que le imploraba rescatarla.

Este vals, fue grabado con éxito por mi amigo César Andrade, en los Estudios Centauro de Lorenzo “El Chocoyo” Cardenal. Dos años más tarde, mientras participaba en una actividad con el Grupo “Gradas” en el Barrio Isabel Urbina, dos patrullas de la G.N. nos cercaron y amenazaron con disparar si no nos dispersábamos. El jefe de los Becat dio la orden de arrebatarme el acordeón. Y una señora gordita, con un lunar de pelo en la mejilla se enfrentó valientemente a los soldados y agarrando ella el instrumento, les dijo:-Primero me matan, pero no tocan este calache, que es el machete que le da de comer a este chavalo-.

La actitud de la valiente mujer contagió a más de cien personas, quienes formaron un círculo para protegerme. El jefe de la patrulla, un flaco con traje camuflado, hizo tres disparos al aire para intimidar a los manifestantes. Nadie se movió. Fueron segundos de hierro para mí, metido en el ojo de aquel huracán. El oficial nos dio cinco minutos para que todo el mundo se fuera a su casa. Esa tarde, me escondieron en una casita tan humilde, que había que agacharse para entrar. A las 8 de la noche, de solar en solar, de casa en casa, me fueron sacando. La gordita del lunar de pelo en la mejilla hoy tiene su tramo de verduras en el Mercado Huembes. Se llama Marta Asucena Taleno. Tiene tres hijos, ocho nietos y un corazón de cien kilates. Hoy le dedico esta canción.

MADRE NICARAGÜENSE

Madre nicaragüense, madre de mi tierra
forjada en el tenaz crisol del sacrificio
vengo a entregarte, madre, este canto sencillo
hecho de milpa, de montaña y de río

Madre nicaragüense, madre proletaria
que lavas ropa ajena para que el hijo estudie
madre del ferroviario, del hermano minero
que lentamente muere, rompiendo el pedragal

Madre nicaragüense del barrio marginado
madre del pobre obrero, madre del pescador
madre del campesino, esclavo del arado
que va multiplicando la hacienda del patrón

No llores madre mía, tus lágrimas enjuga
la noche se termina, olvida ya el ayer
porque tras la montaña viene creciendo el día
que trae la alegría de un nuevo amanecer

El llanto de ese niño, que irrumpe en las cañadas
bajando por los cerros se precipita al mar
es el potente grito feliz del hombre nuevo
fermento luminoso de nuestra sociedad