12 ene. 2010

MERCEDES SOSA: ONDA EXPANSIVA DE AMOR Por Carlos Mejia Godoy

Aprendí a querer a Mercedes Sosa, desde que tuve en mis manos aquel primer disco, donde su voz se desataba- rauda y libre- entonando “Canción por todos” y “Luna Tucumana”, como si ambos temas hubiesen sido escritos por ella. Y es que Mercedes tenía la capacidad de apropiarse del sonido y la palabra, reinventando en cada tonada toda una arquitectura sonora, que entregaba gozoza en cada sílaba, en cada verso. Quién me diría, que una década después, habríamos de confluir en el Festival de La Humanité, en París, la capital de Francia. Cantó La Nicaragüita con nosotros y bajo una lluvia de claveles rojos, me apretó con un abrazo en el que sentí toda la energía de su corazón enorme y solidario.

A raíz del triunfo revolucionario, llegó por primera vez a Nicaragua y desde el escenario del Teatro Rubén Darío fue desgranando esa milpa de cantos, arrancando aplausos y lágrimas. Al visitar este país nuevamente, la recibimos en la Casa de los Mejía Godoy, cuando ésta estaba situada en Colonial Lo Robles. Disfrutó nuestras comidas típìcas y tuvo palabras de elogio para las rosquillitas somoteñas.

Un día mi amigo Chalito Mántica me llamó para darme una gratísima sorpresa: “Carluchín, agarrate duro. Te voy a dar una noticia de infarto. La Negra grabó el Credo de la Misa Campesina”. Creí que se trataba de una negrita de Nandaime, una chavala que en esos días andaba del timbo al tambo, con un folder repleto de canciones, en busca de patrocinio para sacar su primer disco. Yo me emociono cada vez que alguien, conocido o desconocido, graba un tema de mi autoría. Pero cuando Chale destapa el nacatamal y me dice que Mercedes Sosa y la famosa griega Nana Muskuri fundieron sus voces para incluir en un CD el mentado Credo, no podía dar crédito a tamaña noticia. Mi tocayo, zorro del mismo piñal en el terreno de las emociones, me pegó el tiro de gracia: “Venite ahorita a Video Arte y te llevás el disco”.

Son muchas las anécdotas que se arremolinan, cada vez que pienso en esta entrañable Hermana Mayor del Canto Latinoamericano. Y debo confesar que cuando Norma Helena Gadea me confirmó la noticia de su muerte, mientras desayunábamos en El Guapinol, la finca de su padre Heriberto, en Ocotal, sentí un impacto tan demoledor, que no tuve ánimo para derramar una sola lágrima. Pero al día siguiente, cuando en Canal Sur vi a Mercedes sumida en su sueño definitivo, recibiendo el homenaje de aquel inmenso río de argentinos, desfilando ante su féretro, ya no pude contener el llanto. Sobre todo en el momento en que un humilde gaucho, luciendo todos sus arreos, se acercó a darle un beso en la frente.

Las bombas atómicas, cuando estallan, crean un hongo infernal, cuya onda expansiva va segando la vida por doquier. Cuando una mujer enorme y sencilla –como Mercedes Sosa- deja esta mundo, su ausencia se convierte en una Onda de luz, que nos envuelve a todos los que la conocimos y amamos.Porque Mercedes era eso: una explosión de ternura, pasión, amor y solidaridad. En el centro del escenario, ejecutando su bombo legüero, nos mostraba en su voz, todos los registros de todos los pájaros libres de América. “Salgo a caminar, por la cintura cósmica del Sur…”. Y de hecho, era capaz de llevarnos de la mano por todos los caminos del Continente, desde el Río Bravo hasta la Antártida. Porque desde su garganta, crecía un delta de coraje y energía. Y ahí estábamos todos, viendo transitar –no en la alfombra roja del evento estúpido y banal, sino en el ancho camino de la dignidad- al viejo Atahualpa Yupanqui, a la hermosa Chabuca Granda, a la genial Violeta Parra, al Neruda planetario del Canto General, recitando sus odas, desde las alturas de Machu Pichu.

Seguí caminando, hija del cobre y el estaño, del viento y de la lluvia. Seguí cantando, hermana del río y de la pampa, la cordillera y el llano. Seguí repartiendo todos los colores violentos de tu poncho. Seguí pariendo poemas y canciones. Nada ni nadie apagará tu sonrisa. Gracias Mercedes por tu vida, que nos ha dado tanto…

Carlos Mejía Godoy