21 jul. 2008

Verdades y mitos sobre himno FSLN

Carlos Mejía hace y cuenta la historia
Edgard Barberena
END - 21:10 - 20/07/2008

El hombre que contactó a Carlos Mejía Godoy para que hiciera la primera versión del himno del FSLN fue el ya fallecido diputado esteliano Orlando Pineda.

Lo anterior forma parte de la entrevista que concedió el cantautor a la sección El Personaje y que no hubo espacio para incluirlo. Por justicia histórica, Carlos dice que años atrás había recibido el encargo de hacer ese himno sin ser militante del FSLN. Antes del terremoto de 1972, Mejía vivía en la esquina El Granizado, del teatro Alcázar (antes Salazar), una cuadra arriba, a media cuadra de Radio Corporación, en la Calle Candelaria.

Recuerdos de Fernando Gordillo
“A esa dirección llegó ‘Pinedita’, un hombre muy querido y puro, y me dice: ‘Se acaba de ir Fernando Gordillo’, quien ya andaba en silla de ruedas porque estaba padeciendo una rara enfermedad que se lo llevó a la tumba. Yo le tenía una admiración infinita a Fernando, de la generación del 23 de julio, gran poeta, fundador de Ventana y con una trayectoria revolucionaria intelectual impresionante”.

Esos elementos fueron claves (lo de Gordillo) “para llevarme a convencer de que hiciera el himno del FSLN, y le dije: ‘No es honesto que yo haga un himno si no estoy adentro, y ahorita (para esa época, antes de 1972) no tengo méritos para estar dentro de esa organización, dejemos que pase el tiempo, vamos a ver’...”.

FSLN lo llamó hasta España
En ese contexto el FSLN le hace un llamado, cuando Carlos ya era militante, “pero yo siempre me le adelanto al Frente Sandinista, antes que me dijera hacé tal cosa, yo ya la estoy haciendo”. El llamado era para decirle que la insurrección que daría al traste con el somocismo venía, y que se estaba a días de la unidad que tendrían las tres tendencias del FSLN.

El llamado afectó a su productor español, a quien el cantautor le dijo: “Primero mi patria, ya que viene una revolución y no puedo estar alejado de mi acontecer histórico”.

Carlos se dirige a Costa Rica, donde estaba su familia, y posteriormente a Panamá, para hacer unos conciertos. En Panamá vive en el quinto piso de un edificio de ocho plantas, que se convirtió en casa de seguridad gracias a la colaboración de Margarita Remón, dueña de ese piso. Allí había un piano.

En ese lugar es donde Carlos se mira por primera vez con Tomás Borge, en octubre de 1978, quien le dice que es importante hacer el himno, por lo que comienza a recabar ideas, y como todavía no se había dado la unidad de las tendencias, “escribo un primer borrador que dice: /Adelante, marchemos compañeros/ la victoria jamás se detendrá/ al canalla opresor lo enterraremos/ en la propia montaña quedará/.

Pero ese borrador no tenía la estrofa que dice: /Luchamos, contra el yanqui/ enemigo de la humanidad/. Sino que decía: /Los hijos, de Sandino/ ni se venden, ni se rinden/ los hijos de Sandino/ son los hijos de la libertad/.

Sólo el adagio de Tomás
Asegura Carlos que toda la letra de ese himno es de él, “lo único que es de Tomás Borge, casi textual, es: /Hoy el amanecer.../, que es lo que llamo el adagio, porque la primera parte es una especie como de andante”, pero eso no significa que Tomás sea el autor del himno.

Estando Tomás en París, llamó telefónicamente a Carlos a Panamá para preguntarle si había hecho los cambios en el himno. La repuesta del cantautor fue que sí y lo denominó Himno de la Unidad. Borge le dijo que estaba bueno y agregó: “Hay un problema, le falta el toque antiimperialista”. Esto llevó a Carlos a acordarse de la segunda declaración de La Habana, que dice: “Los EU son el mayor enemigo del género humano”. Y ahí sale la estrofa: Luchamos, contra el yanqui/enemigo de la humanidad”.

Fue grabado en México
Carlos se fue a México, donde reunió a un grupo de artistas de la nueva canción latinoamericana, encabezado por el músico Naldo Lebrin, de nacionalidad argentina, quien era director del grupo Sanan Pay.

Este hombre dejó a un lado su trabajo y en tres días se hicieron las grabaciones de lo que fue el disco “Guitarra armada”, una grabación destinada a levantar al pueblo.

En la grabación del himno participó la Camerata Punta del Este, del Uruguay, el grupo Víctor Jara, del que formaba parte la gran cantante Guadalupe Pineda. Otras mujeres que participaron en la grabación fueron Eugenia León, Amparo Ochoa y varios muchachos y muchachas de esa época.

No hay documento firmado
Asegura Carlos que nunca se firmó un documento “donde yo le entregué los derechos de reproducción al FSLN de estas canciones (las demás que aparecen en el disco Guitarra Armada), porque soy honrado, he dicho que ese himno es patrimonio del partido al que pertenecí”, pero recordó que si se graba o edita, se difunde el derecho internacional de la Convención de Berna, que siempre en la televisión y la radio es obligación antes del derecho económico, mencionar el nombre del autor.

“Entonces estos léperos sacaron un disco pirateado de La Consigna y no le ponen el nombre del autor”, dijo Carlos, como una repuesta que le dio al analista Aldo Díaz Lacayo, quien publicó en EL NUEVO DIARIO (el día en que END lo entrevistó) un artículo de opinión sobre la controversia con el tema original del cantautor.

“Ellos (el sandinismo oficial) dicen que la música es del pueblo y pueden hacer lo que quieran, pero no saben en lo que se están metiendo debido a los alcances que tiene a nivel internacional”, terminó diciendo el autor de la “banda sonora” de lo que fue la revolución sandinista.

Anécdota que por primera vez se hace pública
Carlos reveló una anécdota que jamás había sido publicada sobre el trabajo que hacía con su hermano, Luis Enrique, cada vez que venía un aniversario de la revolución truncada en 1990. Un año se le ocurrió a Carlos visitar a Tomás Borge para exponerle la idea de una obra musical sobre la vida de Carlos Fonseca. Tomás lo apoyó y le dio condiciones para ponerse a trabajar: un piano y una casa donde trabajó día y noche, y donde hasta hizo una canción sobre la bala que en Zinica impactó en el pecho de Carlos Fonseca, y cuando “llevo el 85 por ciento de la obra a Rosario Murillo, quien todavía no tenía tanto poder como ahora, dice que no hay obra y todo terminó”

Para esa ocasión, montar una obra de esa naturaleza tenía un precio no menor de 50 mil dólares en términos de creatividad, tiempo, ensayo con los músicos, con los coros, pero todo se acabó. Esa obra y sus partituras todavía las guarda en su casa. Carlos dice que se quedó callado porque en ese momento “cualquier escándalo era aprovechado por el enemigo, y con ese puentecito callamos muchos atropellos en este país”.

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