16 feb. 2009

Carlos, un juglar contemporáneo

Guillermo Rothschuh Villanueva
END - 18:05 - 15/02/2009

El regreso de Carlos Mejía Godoy a Radio Corporación para relanzar treinta y tres años después El son nuestro de cada día, constituye un reencuentro con sus raíces. Desde esta radioemisora insurgió a la vida nacional, como uno de los máximos compositores del canto nicaragüense. Su paso por la Corporación y su temprano involucramiento en la creación de diversos programas, siendo el más trascendente Corporito, marcaron de manera determinante su futuro artístico. Carlos adquirió una desenvoltura y una gran versatilidad en el dominio de la parodia, al extremo de constituir este programa la antesala de su compromiso como cantor revolucionario.

La explosividad de las parodias se percibe mejor a través de la multa impuesta en 1971, por el jefe de Radio y Televisión de la Guardia Nacional, Mayor Alberto Luna. Carlos hizo un arreglo musical para denunciar las torturas físicas y sicológicas a que eran sometidos los presos políticos, en las cárceles de la temible Oficina de Seguridad Nacional (OSN), ubicadas en la Loma de Tiscapa. La Chimichú, como había sido bautizada la picana eléctrica, era uno de los instrumentos utilizados para romper el equilibrio emocional de los prisioneros. Los cuartos fríos, donde permanecían desnudos y las zambullidas asfixiantes en las pilas de agua, se conjugaban en todas sus modalidades. ¡Cantá papito, cantá! Conminaban los guardias. En toda América Latina era igual. ¡Y ahora canta! Como recuerda la canción gritaban a Víctor Jara, los esbirros de Augusto Pinochet, al cortarle las manos, sin que jamás pudieran interrumpir su canto.

Cuando Carlos hizo su propia versión de La Chimichú, asestó un contragolpe. “Arre que llegando al caminito/ arre que ahí trae el dientoncito, la Chimichú./ La Chimichú es un aparato tan bonito/ y tan barato que después de un corto rato/ a cualquiera hace chillar...”. El arreglo musical fue una descarga eléctrica de diez mil voltios en los oídos del General Samuel Genie, jefe de la Oficina de Seguridad. Carlos entró en la lista de los proscritos. Le impusieron una multa de diez mil córdobas, que generó una ola de solidaridad. El poeta Pablo Antonio Cuadra alzó su voz. Entre la pistola y la guitarra, denominó el poeta a su Escrito a Máquina, señalando que en Nicaragua, cuando el Estado “toma la iniciativa, es para pisotear valores humanos. Para dejar caer, como en el caso presente, una aplastante multa faraónica sobre la débil resistencia de una guitarra”. Para advertir conmovido, si en “tiempos de Nerón se extinguió la sátira en Roma. En tiempos de Stalin dejó de existir la sonrisa en Rusia...¿En tiempos de Somoza dejó de existir el canto en Nicaragua?”

Durante cuatro años Carlos mantuvo con vida a Corporito, a la par creó El Son nuestro de cada día, con un impacto y una trascendencia significativa entre los guerrilleros sandinistas, involucrados en la lucha revolucionaria en las montañas de la zona norte del país, como justamente lo reconoce Omar Cabezas Lacayo, en La montaña es más que una inmensa estepa verde. Ese mismo impacto tuvo entre el pueblo nicaragüense que luchaba por librarse de la tiranía somocista. Esa época histórica lleva la impronta del canto de Carlos Mejía Godoy, el máximo compositor e impulsor de la música revolucionaria en Nicaragua.

Paralelamente al programa radial, Carlos creó la Brigada de Salvación del Canto Nicaragüense, una iniciativa en la que participó Wilmor López, quien ha persistido a través de los años en recopilar la música de los más diversos y variados compositores. En esta empresa también hicieron lo propio Los bisturises armónicos. Contagiados por los mismos sueños, Pablo Antonio Cuadra, Chale Mántica, César Ramírez, Wilfredo Álvarez y César Zepeda Monterrey, en animadas tertulias reforzaban su empeño por rescatar del olvido a la música nacional. Con extremado celo Carlos y Wilmor resguardan esa enorme parcela de nuestra memoria histórica. Carlos daba continuidad de esta manera a los trabajos pioneros de Pablo Antonio Cuadra, Joaquín Pasos y del más completo recopilador del canto nicaragüense, Salvador Cardenal Argüello.

Carlos también se encargó de crear los Talleres de Sonido Popular. La Corporación servía como vehículo para dar a conocer a quienes participaban entusiasmados, en elevar su voz dentro del canto nacional. Dos de los grupos más representativos lo constituyen Pancasán y Nueva América. Carlos decidió irse a vivir a Nejapa junto al Indio Pan de Rosa. Como resultado del trabajo desplegado por Los Talleres de Sonido Popular brotó La misa campesina, que conmemora 34 años de ser la más alta expresión del canto revolucionario, inspirada en la visión de un Cristo proletario nacido en Palacagüina, de Chepe Pavón y una tal María, que encumbró a Carlos como uno de los compositores de mayor arraigo en América Latina.

A Los bisturises armónicos se debe el gran hallazgo de Son tus perjúmenes mujer, pero fue Carlos quien la convirtió en una canción emblemática, con resonancias en el ámbito de toda el habla hispana. En España, Son tus perjúmenes... impactó por lo pegajoso que resulta este Fox-trot y gracias al impulso del conductor del programa de televisión Lengua viva. La acogida de Los perjúmenes... en la Península Ibérica fue absoluta, batió récord entre la audiencia musical, desplazó a Los Bee Gees y a Julio Iglesias de los primeros lugares de taquilla, colocándose entre las canciones más cotizadas, como lo registró la revista Hola en su momento. Los perjúmenes... pasaron desde entonces a formar parte de La historia del fox español. José Ramón Pardo consideró dicha composición como parte integral de la música popular española.

Carlos se abrió espacio en España con Clodomiro El Ñajo, El Cristo de Palacagüina, interpretado por Elsa Baeza, y María de los Guardias, cantada por Maciel. Carlos adquirió, gracias a su canto, carta de ciudadanía española. La misa campesina llegaría después. Incubada en el vientre de Los talleres del Sonido Popular, Carlos invitó a diversos compositores a enrolarse en esta iniciativa y el único que logró aportar creativamente fue Pablo Martínez Téllez, El Guadalupano. Como todo artista, Carlos ha expresado que un creador no nace de la nada y se debe a múltiples influencias. La deuda con su padre y sus vínculos con Somoto son determinantes. Su canto empalma con esta región de Nicaragua. Somoto es el punto de partida, la atalaya desde donde divisa el mundo. Leandro Torres le enseñó a rasgar la guitarra cuando bajaba de la montaña los domingos y Mundo Sandoval le abrió el corredor fronterizo con Honduras. Somoto es punto de confluencia. El hijo pródigo se resiste a dejar su hogar.

Carlos debe mucho también a quienes le precedieron y abrieron las compuertas al canto nacional. Gustavo Latino, con su programa radial Retablo Folklórico Nicaragüense, le brindó su aliento, aunque a quien Carlos debe más es a Sidar Cisneros Leiva. La Hora Nacional fue la rendija por donde filtró sus primeras creaciones. Siendo un mozalbete Sidar lo empujaba a que participara en su programa. La Alforja campesina jugó un papel importante, gustó al director de Radiodifusora Nacional, quien además le aconsejó y animó a convertirse en el heredero y continuador de Camilo Zapata. No en balde Sidar fue el primero en imprimir un disco de Camilo, precedido con su presentación. De ese entonces son Tu lunar, Violento verano y Cuando cae la brisa, que muestran a un Carlos desconocido hasta ahora, al que los melómanos deben redescubrir.

El son nuestro de cada día mantiene viva la música nacional. Con una visión más amplia y una sensibilidad depurada, Carlos incorpora en su programa todo el sustrato de nuestra historia. Coplas, dichos y refranes, recetas de cocina, villancicos, fábulas, biografías, cuentos y consejos, se alternan con lo más preciado de la música nacional. A Carlos se debe La República de los Pájaros (Dic. 2007), un vasto mural donde enaltece a veintidós compositores de renombre. Desde José de la Cruz Mena, pasando por Camilo Zapata, Justo Santos, Erwin Krüger, Tino López Guerra, Rafael Gastón Pérez, hasta Hernaldo Zúñiga, Salvador Cardenal Barquero, Ofilio Picón y Mario Montenegro. Encargó a su hermano Armando dibujara los pájaros, que en el texto cobran vida propia.

Durante los últimos años Nicaragua, Nicaragüita... ha sido considerada por propios y extraños, como una especie de himno patriótico. Ajeno a toda presuntuosidad, Carlos Mejía Godoy más bien afirma que ese honor le corresponde a Justo Santos, “autor del segundo himno de la Patria: La Moralimplia”. El 19 de enero de 2009, Carlos ingresó como Miembro Correspondiente de la Academia Nicaragüense de la Lengua. Mi coterráneo, el chontaleño Róger Matus Lazo hizo el panegírico exaltando la presencia del habla nicaragüense en la creación musical de Carlos Mejía Godoy. Un estudio concienzudo, meritorio y oportuno. La Academia Nicaragüense de la Lengua, con su incorporación, ratifica su vocación por alojar en su seno a los más altos exponentes del arte nacional.

Carlos está de vuelta en su viejo alero de la Corporación, sitio desde donde un día alzó vuelo. El Son nuestro de cada día, en sus dos audiciones, (5:30 a. m. y 12:30 p.m.), es su reencuentro con la radioemisora que le abrió las puertas a la fama, y lo vincula con los millares de nicaragüenses que lo aprecian como el compositor y recopilador más valioso de la música nacional. ¡El más alto representativo de nuestra música testimonial!