20 ene. 2009

Y EL VERBO SE HIZO CANTO:EL LADRILLITO DE BARRO

Cuando salí de Somoto a Managua aquella madrugada de 1954, mi pueblo natal amaneció envuelto en una densa neblina, que me recordó los cuentos de Anderson. El bus de la empresa Alfaro pitó tres veces, arrancó y fue dejando a su paso una nube de polvo. A mis espaldas quedaba, no solamente el pueblito fronterizo con Honduras donde nací, sino los primeros diez años de mi vida.

Desde la ventana del vehículo me asomé por última vez a la esquina de mi casa, donde mi abuelita –envuelta en su rebozo- me decía adiós, con lágrimas en los ojos. Volví a ver la cumbre del cerro Picudo, que parecía empinarse más que nunca con su copete cundidito de verdor. Sentía, por un lado, la inmensa alegría de conocer la Capital, cuyos edificios apenas conocía en las fotografías de mi libro escolar El lector nicaragüense . Pero, al mismo tiempo, la cabanga me oprimía el pecho, con sólo pensar que estaría un año entero sin venir a mi amado Somoto.

Quiero confesar, sin embargo, que cuando el bus de los Alfaro tomó la carretera, coloqué en el centro de mi corazón un ladrillo de barro. Un ladrillo cuarterón, de esos que mirábamos en los corredores de las fincas y –por qué no- en los pisos de las casas humildes como la nuestra. En ese ladrillito me llevé todos mis tesoros: mi primer papalote, mi bolero, mi trompo de guayacán (el más “sedita” del pueblo, mis paseos a Musunce, las correrías con los lustradores y las mazurquitas de Leandro Torres. En un lugar especial , acomodé las luces
de aquel prisma, que posaba en el escritorio del Dr. Gutiérrez y que mi primo René me dejaba acariciar, para asomarme, absorto, a un Somoto irisado con los colores mágicos de un cuento oriental. En este ladrillo de barro guardé los secretos de mi primer amor, que floreció bajo la “fronda de ancha mesura” de aquel almendro, plantado en el patio de la Tía Tere Armijo.

Ha pasado más de medio siglo. Y el ladrillo sigue ahí mismo. Bebiéndose la lluvia, el sol, los amaneceres, las chicharras y la vocinglería de esta República de Pajaros, que es mi amada Nicaragüita.

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