8 jul. 2008

Carteo de mil historias

Canciones de Mejía Godoy levantan hasta lo inédito

Juan Ramón Huerta
END - 20:22 - 24/06/2008

Todo comenzó el sábado 14 de junio, cuando aún Dora María Téllez estaba en huelga de hambre, que Carlos Mejía Godoy envió una carta a Rosario Murillo pidiéndole no utilizar su música en los actos oficiales del gobierno. Sandinistas y no sandinistas esperaron una erupción epistolar de la Primera Dama, pero no ocurrió. Respondió a la semana siguiente, pero con una carta del año 2005 y en Luna Nueva.

Desde ese día, los carteos no han cesado. La tercia entre Carlos Mejía Godoy y el gobierno ha permitido conocer etapas inéditas de la historia de la Revolución, particularmente en el origen de las canciones de los Mejía Godoy y una que otra memoria ha saltado en añicos.

Una semana después, dos generaciones han cruzado cartas por la misma causa.

El 19 de junio, Germán Pomares Herrera, hijo del legendario Germán Pomares Ordóñez, “El Danto”, hijo adoptivo de Tomás Borge, le escribe a Carlos Mejía Godoy que “escuchó decir de la prohibición de usar su música en las tarimas enfloradas, como si esas tarimas representan a dos personas (...) ni a nosotros, ese 38% que dicen somos una manada de borregos, iletrados, de cerebros lavados, incapaces de dar un paso sin autorización”.

Y agrega: “Sus canciones eran --porque usted ha querido que así ya no sea-- la música con la cual recordábamos a mi madre, a mis tíos, Carlos, Dionisio y Ronald, muertos antes de sus 24 años por la libertad de ésta nuestra patria, era nuestra manera de rezarles, porque la iglesia les negó unas palabras por guerrilleros y comunistas (...).

“Ya no es mi Julia la traicionada por su mejor amigo, entregada a la guardia y al fusilamiento. Ya no es mi Carlos amarrado con alambre de púas y arrastrado por el pueblo con los perros siguiendo el jeep para atrapar en el aire los pedazos de carne”.

Y finaliza: “Mis muertos Carlos Mejía, por un asunto de derechos de autor, le pertenecen. Nosotros cargamos esa ausencia, en mitad de la noche esperamos sus recuerdos agigantados. Usted cobrará por nuestro dolor”.


Augusto Mejía responde a Pomares
Días después, el hijo de Carlos Mejía Godoy, Augusto Mejía le escribe a Pomares Herrera y comienza recordándole: “Soy Augusto Mejía, amigo tuyo desde niño.

Jugué fútbol con vos, muchísimo antes de entender por qué había muerto tanta gente en eso que llamaban “la guerra”, por qué tantos jóvenes entregaron su vida sin dudarlo (...).

“Hoy, te tengo enfrente, y te veo a los ojos con una mirada que dista mucho de ser aquella de ojos chispeantes (...). Sobre tu hombro reposa la mano de tu padre: el insigne comandante sandinista Tomás Borge. Y sobre mi hombro podés claramente ver la mano de mi padre: el humilde cantautor Carlos Mejía Godoy.

“A mi mano llegó tu carta, donde claramente mostrás sentirte desdichado, una carta donde asumís con dolor, como quien elige cargar sobre su espalda una cruz invisible, la ausencia de todos Tus Muertos, que según tus palabras, mi padre quiere llevarse consigo, de la mano de su música (...).

“Pues te lo voy a contar. Mi padre parió todas esas canciones, porque él soñaba con un país donde no fuese una familia quien decidiera quién tiene derecho a vivir y quién no (...). Mi padre engendró todo ese canto, porque él creía que no era correcto que se tildara de criminales a aquellos que pensaran diferente. Todo eso lo llevó a componer todas esas canciones, que hoy día la dirigencia del FSLN decidió expropiarle, como si se tratara de una parcela de tierra que le pertenece “al más fuerte” (...).

“Es confuso, Germán. Yo lo sé. Así quieren siempre tus amigos dirigentes que sea: Confuso. Oscuro. Revuelto. Vos estás triste. Pero sabés que habemos otros que estamos aún mucho más tristes.

“Vos sentís que Tus Muertos se te escapan de las manos. ¡Ahora imaginate! Yo más bien veo cómo Tus Muertos vienen al borde de mi cama, todos las noches, a pedir piedad, a rogarme que rece por ellos. Vienen, se arrodillan y me suplican que encare, sin temores y sin reparos, a la Maquinaria de Odio en que se ha convertido la alta dirigencia del FSLN (...).

Augusto termina: “Mi padre jamás hizo canciones para el festejo y el entretenimiento de sectas partidarias, ni para la danza de traficantes de populismo, ni para el contrabando de politiquería y mentiras...”.


Borge y Tijerino cruzan palabras
En otro escenario, dos exponentes de la generación que conoció y participó en la lucha contra la dictadura, Tomás Borge y Edgard Tijerino, también se cartearon. Edgard Tijerino no le niega el respeto a Borge, pero le escribe: “El sufrimiento a que fue sometido, el ser fundador del Frente cuando brillaba la pureza y el patriotismo, su entrega a la lucha con el corazón inflamado, no pueden ser borrados, pero tampoco su actual complicidad con el actual danielismo, colocado sobre el tapete una vez más con su posición en el caso de Carlos Mejía Godoy. A la edad de Tomás y con su viejo historial, una renuncia al danielismo sería un acto reivindicador de engrandecimiento, digno de ser recordado por las nuevas generaciones (...)”.

Borge le responde a Tijerino que darle la espalda a Daniel Ortega es como dársela al Frente Sandinista. “Para mí la lealtad a los principios y a mis compañeros es la más elevada de las virtudes”.

Y finaliza: “Agradezco tus expresiones de respeto. Pero yo nunca faltaré al respeto a mí mismo”. Borge reitera su admiración por el talento de Carlos Mejía y por la singular capacidad periodística de Tijerino.


Ramón Mejía también
Al debate también se unió Ramón Mejía, “Perrozompopo”, quien escribe en solidaridad con sus tíos. “Hoy le quieren robar su obra a CMG y a LEMG. Mañana serán Otto de la Rocha, El Indio Pan de Rosa, Justo Santos, Rafael Gastón Pérez, El Dúo Guardabarranco, Salvador Bustos, etcétera.

“A doña Rosario, le digo: la madera con la que se hace una canción es del creador, no ajena. La madera es de quien forja, talla, pule, transforma, la eleva y la convierte al final en una obra cargada de conciencia, en una obra para todos y todas, pero que no todos somos capaces de construir.

“Don Tomás, a usted le podrá pertenecer todo, pero nunca ‘tendrá nada’ y ahora mucho menos, sepa que el tiempo lo derriba todo. ¿Será esta una ley de Morgan?”

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