LA COMUNION
(Misa Campesina Nicaragüense)
Subimos a la lomita de Mancarrón, donde muchas veces nos reunimos los miembros del Taller de Sonido Popular, para crear los textos de nuestra Misa Campesina y, posteriormente, buscar la “musiquita” adecuada. En este mirador natural de la isla más grande del Archipiélago de Solentiname, el panorama es tan hermoso, que cuando el aire de la noche es transparente, poder ver –claritas- las luces de las comarcas fronterizas de Costa Rica.
Pero ahora son las 8.30 de la mañana. Desayunamos gallo-pinto, cuajada y dos “huevitos-de-amor”. El café lo trajimos en un termo y, entre sorbo y sorbo, vamos aliñando los versos, que fluyen a lo largo de una conversación, en la que son inevitables los chistes y las anécdotas. Está llegando Felipe Peña, con su guitarra y su boina en la que brilla una estrella cumiche. “Cuando termine el taller –dice Felipe- los invito a la Milpa. Mañana desayunamos tamales de maíz nuevo, con una cuajadita que me mandaron de Papaturro”. –Vamos a la milpa, pues- dijo Humberto Quintanilla.
-Se fijan?-, dije yo, celebrando el chiripazo. Ya tenemos el coro de la Comunión: Vamos a la Milpa, a la Milpa del Señor. Jesucristo invita a su cosecha de amor… Y después del estribillo, las estrofas fueron saliendo, chorreaditas, una tras otra. Alguien, creo que Pablo Martínez, habló de sugerirle a Ernesto Cardenal que organizáramos una misa nocturna, celebrada con una fogata a la orilla del lago. William Agudelo, que tallaba un cofre con madera policromada, a solo diez metros de nosotros, metió su cuchara y dijo con su vocerrón de barítono: -No se olviden de meter a los pescaditos.
-Gracias, poeta, dije yo. Y aquí te va borona la lista:
Mojarras, guabinas, gaspares, laguneros, guapotes, robalos…Y hasta las pepesquitas de los ríos.
Volvió a intervenir Felipe:- Para mi la Comunión debe ser algo, menos estirado, menos tieso. Es como cuando esas familias encopetadas se sientan a comer y todo mundo está ”dentro-de-un-cumbo”. Es un silencio espantoso, donde sólo se oye el “chililín” de los tenedores y los cuchillos. No, ni quiera Dios. La Comunión debe ser alegre, embochinchada.
-Metele chicheros, Carluchín!- dijo el negro Milciades
Poveda, que no había hablado en toda la mañana. Y yo, en medio de aquel remolino de ideas, iba registrándolo todo en una grabadora, para después
Crear la síntesis de lo que llegó a ser uno de los cantos más jubilosos de nuestra misa descalza.
VAMOS A LA MILPA
Letra y Música
Carlos Mejía Godoy.
El pueblo se desmorona
alrededor del altar
arrimadita a la hoguera
se reúne entera la comunidad
Yo vengo de tierra-adentro
más allá de Sacaclí
traigo bellas mazurquitas
y una tonadita que la canto así
(coro)
Vamos a la Milpa
a la Milpa del Señor
Jesucristo invita
a su cosecha de amor
Brillan los maizales
a la luz del sol
vamos a la Milpa
de la Comunión
Los pescaditos del lago
nos quieren acompañar
y brincan alborozados
como encalichados de fraternidad
Laguneros y robalos
el guapote y el Gaspar
las mojarras las guabinas
y hasta las sardinas parecen cantar
Vamos a la Milpa…
La Comunión no es un rito
intrascendente y vanal
es compromiso y vivencia
toma de conciencia
de la cristiandad
Es comulgar con la lucha
de la colectividad
es decir: yo soy cristiano
y conmigo hermano
vos podés contar
Vamos a la Milpa…
12 ene 2010
Y el Verbo se hizo Canto
MISKITO LAWANA
Misa Campesina Nicaragüense
Desde que me propuse escribir nuestra Misa, siempre tuve “entre ceja y ceja”, que la Costa Caribe tenía que estar presente en esta obra. Se me ocurrió, incluso, que en el “Credo” –por ser uno de los segmentos más jubilosos- debía haber una estrofa en inglés criollo. Más tarde, deseché esa opción y pensé aliñar en el “Kyrie” tres frases con el “Señor, ten piedad” en las tres lenguas indígenas del Atlántico: miskito, rama y mayagma.
Estaba en esa disyuntiva, cuando apareció por Nejapa Roberto Sánchez Ramírez, uno de los más beligerantes colaboradores de la Misa y, al percibir que yo andaba con “la tema” de introducir algo de la Costa Caribe, tuvo una solución salomónica. Con ese instinto híbrido de poeta-periodista, me dijo categórico: Ya tengo “la piedra”. Vamos a hablar con el Padre Goyito.
Cuando Roberto se refirió al Padre Goyito, pensé: Este debe ser un curita de Niquinohomo, de Catarina o del Diriá. Es más, pensé: Su apellido debe ser Ñurinda, Potoy o Pupiro. Y con esos elementos, que bailoteaban en mi mente, hasta le inventé una fisonomía al Reverendo Goyito: ñato, pelo chuzo, chinegro y con cuatro pelos en el bigote.
Mi amigo masatepino, me llevó a una residencia de clérigos, en el Barrio Bolonia. Nos sentamos en una salita espaciosa y mientras yo observaba un ícono dorado de la Virgen del Socorro, Roberto me dice: Ve, Carlos, te presento al Padre Goyito. Y en vez del hombrecito “tapón de chilero”, que yo imagino, lo que tengo enfrente es a un hombrón de ojos azules, abundante cabellera y una barba entrecana, que le da un aspecto bíblico. Y en el friso de aquel rostro profético, la sonrisa de un niño.
-“Cristo ya nació…en Palacagüina” –me saluda cantando en perfecto español- Y mientras me abraza, dice con cálido acento: -Mucho gusto de conocerte, Carlos. Sentáte y platiquemos. Un cafecito?
Un té de limón? O unos pijibayes con sal y chile cabro?- Gracias, Padre, voy con el cafecito- Y mientras Roberto se rifaba con los pijibayes, se sonrió malicioso como diciéndome: -Caíste como somoteño…!!!
EL Padre Gregorio Smutko era un sacerdote norteamericano de la orden capuchina. No tenía necesidad de ponerse hábito, mucho menos ceñirse el cordón seráfico, para darnos cuenta que en su mirada gravitaba el espíritu de San Francisco de Asís. A sus estudios teológicos, añadía un doctorado en antropología. Dominaba tres idiomas europeos y además hablaba correctamente las tres lenguas del Caribe nicaragüense: el rama, el mayagma y el miskito, idioma que asumió con tanta pasión, que llegó a escribir un Diccionario, que hoy se utiliza en Bilwi, Waspán y otras zonas del Atlántico.
Le comenté la importancia de insertar un canto religioso del Caribe nicaragüense, dentro de la Misa. El, con esa humildad de los “ pocos sabios que en el mundo han sido” –según las palabras de Fray Luis de León- no dudó en conectarme con la persona idónea, a través de quien la comunidad miskita estaría dignamente representada.
-Mirá, Carlos, dijo mansamente. Este es Anselmo Nixon, auténtico Delegado de la Palabra. No le hagás caso al “apellido”, añadió socarronamente. El sabe más de cien canciones anónimas-. Anselmo me extendió su mano rústica y minutos después chineaba una guitarra. De su boca de dientes blanquísimos, brotó el Miskito Lawana, la tonada religiosa que hoy,
Se canta en más de cuarenta países del mundo, sin alterar una sola tilde de su hermoso texto.
MISKITO LAWANA
Canta: Anselmo Nixon
Recop. P. Gregorio Smutko
Miskito nani ba wan walaja
swak sakan storka na pain wali bangwaia
wan aisa purara ai kupia pihni ba
Miskito nesanka ban yamni munisa.
Wan dama Ebraham pain kasak luki kan
Ba mita witinra God bui brisata.
Miskito nani sin pain kasak luki ba
wan aisa purara yamni wan brisa na.
Wan dama Ebraham God bui aisata
Ai waihla nanira sut pura luisa
God mita yawonra sin baku takan sa
Won waihla nanira sut pura luisa.
Misa Campesina Nicaragüense
Desde que me propuse escribir nuestra Misa, siempre tuve “entre ceja y ceja”, que la Costa Caribe tenía que estar presente en esta obra. Se me ocurrió, incluso, que en el “Credo” –por ser uno de los segmentos más jubilosos- debía haber una estrofa en inglés criollo. Más tarde, deseché esa opción y pensé aliñar en el “Kyrie” tres frases con el “Señor, ten piedad” en las tres lenguas indígenas del Atlántico: miskito, rama y mayagma.
Estaba en esa disyuntiva, cuando apareció por Nejapa Roberto Sánchez Ramírez, uno de los más beligerantes colaboradores de la Misa y, al percibir que yo andaba con “la tema” de introducir algo de la Costa Caribe, tuvo una solución salomónica. Con ese instinto híbrido de poeta-periodista, me dijo categórico: Ya tengo “la piedra”. Vamos a hablar con el Padre Goyito.
Cuando Roberto se refirió al Padre Goyito, pensé: Este debe ser un curita de Niquinohomo, de Catarina o del Diriá. Es más, pensé: Su apellido debe ser Ñurinda, Potoy o Pupiro. Y con esos elementos, que bailoteaban en mi mente, hasta le inventé una fisonomía al Reverendo Goyito: ñato, pelo chuzo, chinegro y con cuatro pelos en el bigote.
Mi amigo masatepino, me llevó a una residencia de clérigos, en el Barrio Bolonia. Nos sentamos en una salita espaciosa y mientras yo observaba un ícono dorado de la Virgen del Socorro, Roberto me dice: Ve, Carlos, te presento al Padre Goyito. Y en vez del hombrecito “tapón de chilero”, que yo imagino, lo que tengo enfrente es a un hombrón de ojos azules, abundante cabellera y una barba entrecana, que le da un aspecto bíblico. Y en el friso de aquel rostro profético, la sonrisa de un niño.
-“Cristo ya nació…en Palacagüina” –me saluda cantando en perfecto español- Y mientras me abraza, dice con cálido acento: -Mucho gusto de conocerte, Carlos. Sentáte y platiquemos. Un cafecito?
Un té de limón? O unos pijibayes con sal y chile cabro?- Gracias, Padre, voy con el cafecito- Y mientras Roberto se rifaba con los pijibayes, se sonrió malicioso como diciéndome: -Caíste como somoteño…!!!
EL Padre Gregorio Smutko era un sacerdote norteamericano de la orden capuchina. No tenía necesidad de ponerse hábito, mucho menos ceñirse el cordón seráfico, para darnos cuenta que en su mirada gravitaba el espíritu de San Francisco de Asís. A sus estudios teológicos, añadía un doctorado en antropología. Dominaba tres idiomas europeos y además hablaba correctamente las tres lenguas del Caribe nicaragüense: el rama, el mayagma y el miskito, idioma que asumió con tanta pasión, que llegó a escribir un Diccionario, que hoy se utiliza en Bilwi, Waspán y otras zonas del Atlántico.
Le comenté la importancia de insertar un canto religioso del Caribe nicaragüense, dentro de la Misa. El, con esa humildad de los “ pocos sabios que en el mundo han sido” –según las palabras de Fray Luis de León- no dudó en conectarme con la persona idónea, a través de quien la comunidad miskita estaría dignamente representada.
-Mirá, Carlos, dijo mansamente. Este es Anselmo Nixon, auténtico Delegado de la Palabra. No le hagás caso al “apellido”, añadió socarronamente. El sabe más de cien canciones anónimas-. Anselmo me extendió su mano rústica y minutos después chineaba una guitarra. De su boca de dientes blanquísimos, brotó el Miskito Lawana, la tonada religiosa que hoy,
Se canta en más de cuarenta países del mundo, sin alterar una sola tilde de su hermoso texto.
MISKITO LAWANA
Canta: Anselmo Nixon
Recop. P. Gregorio Smutko
Miskito nani ba wan walaja
swak sakan storka na pain wali bangwaia
wan aisa purara ai kupia pihni ba
Miskito nesanka ban yamni munisa.
Wan dama Ebraham pain kasak luki kan
Ba mita witinra God bui brisata.
Miskito nani sin pain kasak luki ba
wan aisa purara yamni wan brisa na.
Wan dama Ebraham God bui aisata
Ai waihla nanira sut pura luisa
God mita yawonra sin baku takan sa
Won waihla nanira sut pura luisa.
Y el Verbo se hizo Canto
CANTO DE DESPEDIDA
Misa campesina Nicaragüense
Gaspar García Laviana había llegado de Asturias. Era un joven sacerdote que pertenecía a los Misioneros del Sagrado Corazón. Lo conocí en Rivas, al frente de su parroquia, en Tola. Siempre alegre, dinámico, audaz, optimista. Desde el primer momento, me di cuenta de que se había enamorado de Nicaragua. El mísmo me confesó:” Fue un amor a primera vista. El paisaje me maravilló desde que empecé a recorrer este país, del cual tenía una idea muy vaga. Pero cuando conocí a la gente, cuando empecé a trabajar con los pobladores de Tola, vino el “flechazo definitivo”. Entonces me percaté de que valía la pena dar la vida por este pueblo”.
Intenté llamarle Padre García, pero me conminó :-Si me decís Padre, yo te clavo el Don Carlos “ipso facto”. Así que vos escogés-. Ante semejante amanaza, no tuve más remedio que decirle Gaspar –a secas- como en Tola le llamaba todo el mundo, incluidos los niños.
Nuestra amistad se acrecentó durante mis visitas a los pueblos del sur, mientras pepenaba, de comarca en comarca, las diversas expresiones folklóricas soterradas por el olvido. Gaspar fue mi cómplice en esa apasionante aventura y cuando se enteró de que ya andaba entotorotado con La Misa Campesina, tuve en él a uno de los más apasionados colaboradores. Y algo que quiero aquí dejar bien claro: Y es que dicha obra prácticamente estaba terminada. Sólo faltaba el Canto de despedida. Con los muchachos del Taller de Sonido Popular nos instalamos en la Casa Comunal de Tola y en una hermosa tarde salieron las dos primeras estrofas y el coro: “No es chiche decir adiós,cuando la alegría es tanta…”
A mediados del año 1978, cuando recorríamos todas las regiones y provincias de España, haciendo la tapisca de nuestros éxitos discográficos, recibimos la noticia: Gaspar García Laviana ha regresado a su tierra natal, Asturias. Pero no viene a pasar vacaciones, como otras veces. Viene a despedirse de su familia y de sus amigos, ya que ha tomado la firma decisión integrarse a las fuerzas guerrilleras que combaten en el Frente Sur. Hablé con nuestro manager, para suspender tres galas en Extremadura y viajar a Asturias, donde el Padre García Laviana venía a celebrar su última misa.
Ya para entonces, nuestra obra era ampliamente conocida en la Península Ibérica. Y en la iglesia parroquial de La Felguera, frente a la cuenca minera de Tuilla, con la participación de un orfeón de niños asturianos, Gaspar cantó con nosotros la más hermosa Eucaristía que hemos celebrado. En la Homilía, el sacerdote leyó aquella emotiva estampa
En la que Cristo expulsa a latigazos a los mercaderes del templo. Basándose en dicho pasaje, Gaspar explica que él únicamente seguirá el ejemplo de Jesús, integrándose a la lucha de todo un pueblo, contra quienes han convertido a Nicaragua en una cueva de ladrones.
Y mientras entonábamos, “con un torozón en la garganta” el Canto de despedida, centenares de familiares ,vecinos y amigos de Gaspar desfilaron ante el altar, para darle un abrazo y desearle lo mejor en su heroico desafío. Muchos derramaron lágrimas. Gaspar lucía su mejor sonrisa, como si se preparaba para una fiesta. Y tenía razón. Porque la lucha libertaria es la más hermosa de todas las fiestas.
CANTO DE DESPEDIDA
Letra y Música
Carlos Mejía Godoy
No hay cosa más bonita que mirar
a un pueblo reunido
que lucha cuando quiere mejorar
porque esta decidido
no hay cosa más bonita que escuchar
en el canto de todos
un solo grito inmenso de fraternidad
(CORO)
No es chiche decir Adios
porque la alegría es tanta
aquí siento un torozón
en mitad de la garganta
pero toda esta cabanga
va a ser pronto una sonrisa
cuando todos regresemos
a la Misa Campesina
Qué cosa más bonita contemplar
a la Chenta Calero
con sus cuatro chigüines
y Gaspar, su alegre compañero
de aquí puedo mirar al pescador
Presentación Ortiz
con toda su familia cantando feliz
(CORO): No es chiche decir Adiós…
Al golpe de las palmas la canción
va agarrando más fuerza
para que en todos vibre la emoción
y se haga más intensa
al golpe de las palmas se sabrá
que somos mucha gente
y si estamos unidos
nadie nos maverá
(CORO):No es chiche decir Adiós…
Juntemos nuestras manos para estar
unidos nuevamente
en este enorme lazo de hermandad
de amor nicaragüense
juntemos nuestras manos para hacer
una muralla fuerte
que defienda por siempre la comunidad
(CORO) No es chiche decir Adiós.
Misa campesina Nicaragüense
Gaspar García Laviana había llegado de Asturias. Era un joven sacerdote que pertenecía a los Misioneros del Sagrado Corazón. Lo conocí en Rivas, al frente de su parroquia, en Tola. Siempre alegre, dinámico, audaz, optimista. Desde el primer momento, me di cuenta de que se había enamorado de Nicaragua. El mísmo me confesó:” Fue un amor a primera vista. El paisaje me maravilló desde que empecé a recorrer este país, del cual tenía una idea muy vaga. Pero cuando conocí a la gente, cuando empecé a trabajar con los pobladores de Tola, vino el “flechazo definitivo”. Entonces me percaté de que valía la pena dar la vida por este pueblo”.
Intenté llamarle Padre García, pero me conminó :-Si me decís Padre, yo te clavo el Don Carlos “ipso facto”. Así que vos escogés-. Ante semejante amanaza, no tuve más remedio que decirle Gaspar –a secas- como en Tola le llamaba todo el mundo, incluidos los niños.
Nuestra amistad se acrecentó durante mis visitas a los pueblos del sur, mientras pepenaba, de comarca en comarca, las diversas expresiones folklóricas soterradas por el olvido. Gaspar fue mi cómplice en esa apasionante aventura y cuando se enteró de que ya andaba entotorotado con La Misa Campesina, tuve en él a uno de los más apasionados colaboradores. Y algo que quiero aquí dejar bien claro: Y es que dicha obra prácticamente estaba terminada. Sólo faltaba el Canto de despedida. Con los muchachos del Taller de Sonido Popular nos instalamos en la Casa Comunal de Tola y en una hermosa tarde salieron las dos primeras estrofas y el coro: “No es chiche decir adiós,cuando la alegría es tanta…”
A mediados del año 1978, cuando recorríamos todas las regiones y provincias de España, haciendo la tapisca de nuestros éxitos discográficos, recibimos la noticia: Gaspar García Laviana ha regresado a su tierra natal, Asturias. Pero no viene a pasar vacaciones, como otras veces. Viene a despedirse de su familia y de sus amigos, ya que ha tomado la firma decisión integrarse a las fuerzas guerrilleras que combaten en el Frente Sur. Hablé con nuestro manager, para suspender tres galas en Extremadura y viajar a Asturias, donde el Padre García Laviana venía a celebrar su última misa.
Ya para entonces, nuestra obra era ampliamente conocida en la Península Ibérica. Y en la iglesia parroquial de La Felguera, frente a la cuenca minera de Tuilla, con la participación de un orfeón de niños asturianos, Gaspar cantó con nosotros la más hermosa Eucaristía que hemos celebrado. En la Homilía, el sacerdote leyó aquella emotiva estampa
En la que Cristo expulsa a latigazos a los mercaderes del templo. Basándose en dicho pasaje, Gaspar explica que él únicamente seguirá el ejemplo de Jesús, integrándose a la lucha de todo un pueblo, contra quienes han convertido a Nicaragua en una cueva de ladrones.
Y mientras entonábamos, “con un torozón en la garganta” el Canto de despedida, centenares de familiares ,vecinos y amigos de Gaspar desfilaron ante el altar, para darle un abrazo y desearle lo mejor en su heroico desafío. Muchos derramaron lágrimas. Gaspar lucía su mejor sonrisa, como si se preparaba para una fiesta. Y tenía razón. Porque la lucha libertaria es la más hermosa de todas las fiestas.
CANTO DE DESPEDIDA
Letra y Música
Carlos Mejía Godoy
No hay cosa más bonita que mirar
a un pueblo reunido
que lucha cuando quiere mejorar
porque esta decidido
no hay cosa más bonita que escuchar
en el canto de todos
un solo grito inmenso de fraternidad
(CORO)
No es chiche decir Adios
porque la alegría es tanta
aquí siento un torozón
en mitad de la garganta
pero toda esta cabanga
va a ser pronto una sonrisa
cuando todos regresemos
a la Misa Campesina
Qué cosa más bonita contemplar
a la Chenta Calero
con sus cuatro chigüines
y Gaspar, su alegre compañero
de aquí puedo mirar al pescador
Presentación Ortiz
con toda su familia cantando feliz
(CORO): No es chiche decir Adiós…
Al golpe de las palmas la canción
va agarrando más fuerza
para que en todos vibre la emoción
y se haga más intensa
al golpe de las palmas se sabrá
que somos mucha gente
y si estamos unidos
nadie nos maverá
(CORO):No es chiche decir Adiós…
Juntemos nuestras manos para estar
unidos nuevamente
en este enorme lazo de hermandad
de amor nicaragüense
juntemos nuestras manos para hacer
una muralla fuerte
que defienda por siempre la comunidad
(CORO) No es chiche decir Adiós.
Y el Verbo se hizo Canto
Y EL VERBO SE HIZO CANTO
Especial para Magazine por Carlos Mejía Godoy
MADRE NICARAGÜENSE
A lo largo de mi vida, como artesano de la palabra y el sonido, he escrito unas cuantas canciones dedicadas a la mujer, en su condición de madre.
Antes de la Revolución, envueltos en aquella maravillosa aura de entusiasmo juvenil, sólo bastaba mirar a nuestro derredor y ahí mismo teníamos a mano el tema nuestro de cada día: las heroicas campesinas, las esclavizadas obreras, las vivanderas de los mercados, las cocineras, las oficinistas. Y, por que no?
Las amas de casa haciendo milagros con el escuálido presupuesto, para dar de comer a la marimba de chavalos.
De modo que, lo confieso! La primera canción en homenaje a la madre, se llamó ENTRE LOS ESCOMBROS y me basé en un hecho real que me contó un amigo “terremoteado”: Su madre trabajaba como empleada doméstica de una rica familia muy adinerada. La noche del sismo, todos andaban en una boda en Chinandega. La residencia, situada sobre la Calle de El Triunfo, quedó reducida a cenizas. Los dueños de la casa, al regresar de Occidente, intentaron remover algunos escombros,en busca de Doña Herminia. Pero fue en vano. Salvando algunos enseres, se trasladaron a vivir a Granada, donde también eran dueños de una casa en la Calle de El Consulado. Martín Tovar, que me contó su tragedia, se quedó sentado en una piedra durante tres días con sus noches. A veces, se dormía en el dintel de alguna casa vecina.Y muchas veces se despertaba sobresaltado, creyendo oir la voz de su madre, que le imploraba rescatarla.
Este vals, fue grabado con éxito por mi amigo César Andrade, en los Estudios Centauro de Lorenzo “El Chocoyo” Cardenal. Dos años más tarde, mientras participaba en una actividad con el Grupo “Gradas” en el Barrio Isabel Urbina, dos patrullas de la G.N. nos cercaron y amenazaron con disparar si no nos dispersábamos. El jefe de los Becat dio la orden de arrebatarme el acordeón. Y una señora gordita, con un lunar de pelo en la mejilla se enfrentó valientemente a los soldados y agarrando ella el instrumento, les dijo:-Primero me matan, pero no tocan este calache, que es el machete que le da de comer a este chavalo-.
La actitud de la valiente mujer contagió a más de cien personas, quienes formaron un círculo para protegerme. El jefe de la patrulla, un flaco con traje camuflado, hizo tres disparos al aire para intimidar a los manifestantes. Nadie se movió. Fueron segundos de hierro para mí, metido en el ojo de aquel huracán. El oficial nos dio cinco minutos para que todo el mundo se fuera a su casa. Esa tarde, me escondieron en una casita tan humilde, que había que agacharse para entrar. A las 8 de la noche, de solar en solar, de casa en casa, me fueron sacando. La gordita del lunar de pelo en la mejilla hoy tiene su tramo de verduras en el Mercado Huembes. Se llama Marta Asucena Taleno. Tiene tres hijos, ocho nietos y un corazón de cien kilates. Hoy le dedico esta canción.
MADRE NICARAGÜENSE
Madre nicaragüense, madre de mi tierra
forjada en el tenaz crisol del sacrificio
vengo a entregarte, madre, este canto sencillo
hecho de milpa, de montaña y de río
Madre nicaragüense, madre proletaria
que lavas ropa ajena para que el hijo estudie
madre del ferroviario, del hermano minero
que lentamente muere, rompiendo el pedragal
Madre nicaragüense del barrio marginado
madre del pobre obrero, madre del pescador
madre del campesino, esclavo del arado
que va multiplicando la hacienda del patrón
No llores madre mía, tus lágrimas enjuga
la noche se termina, olvida ya el ayer
porque tras la montaña viene creciendo el día
que trae la alegría de un nuevo amanecer
El llanto de ese niño, que irrumpe en las cañadas
bajando por los cerros se precipita al mar
es el potente grito feliz del hombre nuevo
fermento luminoso de nuestra sociedad
Especial para Magazine por Carlos Mejía Godoy
MADRE NICARAGÜENSE
A lo largo de mi vida, como artesano de la palabra y el sonido, he escrito unas cuantas canciones dedicadas a la mujer, en su condición de madre.
Antes de la Revolución, envueltos en aquella maravillosa aura de entusiasmo juvenil, sólo bastaba mirar a nuestro derredor y ahí mismo teníamos a mano el tema nuestro de cada día: las heroicas campesinas, las esclavizadas obreras, las vivanderas de los mercados, las cocineras, las oficinistas. Y, por que no?
Las amas de casa haciendo milagros con el escuálido presupuesto, para dar de comer a la marimba de chavalos.
De modo que, lo confieso! La primera canción en homenaje a la madre, se llamó ENTRE LOS ESCOMBROS y me basé en un hecho real que me contó un amigo “terremoteado”: Su madre trabajaba como empleada doméstica de una rica familia muy adinerada. La noche del sismo, todos andaban en una boda en Chinandega. La residencia, situada sobre la Calle de El Triunfo, quedó reducida a cenizas. Los dueños de la casa, al regresar de Occidente, intentaron remover algunos escombros,en busca de Doña Herminia. Pero fue en vano. Salvando algunos enseres, se trasladaron a vivir a Granada, donde también eran dueños de una casa en la Calle de El Consulado. Martín Tovar, que me contó su tragedia, se quedó sentado en una piedra durante tres días con sus noches. A veces, se dormía en el dintel de alguna casa vecina.Y muchas veces se despertaba sobresaltado, creyendo oir la voz de su madre, que le imploraba rescatarla.
Este vals, fue grabado con éxito por mi amigo César Andrade, en los Estudios Centauro de Lorenzo “El Chocoyo” Cardenal. Dos años más tarde, mientras participaba en una actividad con el Grupo “Gradas” en el Barrio Isabel Urbina, dos patrullas de la G.N. nos cercaron y amenazaron con disparar si no nos dispersábamos. El jefe de los Becat dio la orden de arrebatarme el acordeón. Y una señora gordita, con un lunar de pelo en la mejilla se enfrentó valientemente a los soldados y agarrando ella el instrumento, les dijo:-Primero me matan, pero no tocan este calache, que es el machete que le da de comer a este chavalo-.
La actitud de la valiente mujer contagió a más de cien personas, quienes formaron un círculo para protegerme. El jefe de la patrulla, un flaco con traje camuflado, hizo tres disparos al aire para intimidar a los manifestantes. Nadie se movió. Fueron segundos de hierro para mí, metido en el ojo de aquel huracán. El oficial nos dio cinco minutos para que todo el mundo se fuera a su casa. Esa tarde, me escondieron en una casita tan humilde, que había que agacharse para entrar. A las 8 de la noche, de solar en solar, de casa en casa, me fueron sacando. La gordita del lunar de pelo en la mejilla hoy tiene su tramo de verduras en el Mercado Huembes. Se llama Marta Asucena Taleno. Tiene tres hijos, ocho nietos y un corazón de cien kilates. Hoy le dedico esta canción.
MADRE NICARAGÜENSE
Madre nicaragüense, madre de mi tierra
forjada en el tenaz crisol del sacrificio
vengo a entregarte, madre, este canto sencillo
hecho de milpa, de montaña y de río
Madre nicaragüense, madre proletaria
que lavas ropa ajena para que el hijo estudie
madre del ferroviario, del hermano minero
que lentamente muere, rompiendo el pedragal
Madre nicaragüense del barrio marginado
madre del pobre obrero, madre del pescador
madre del campesino, esclavo del arado
que va multiplicando la hacienda del patrón
No llores madre mía, tus lágrimas enjuga
la noche se termina, olvida ya el ayer
porque tras la montaña viene creciendo el día
que trae la alegría de un nuevo amanecer
El llanto de ese niño, que irrumpe en las cañadas
bajando por los cerros se precipita al mar
es el potente grito feliz del hombre nuevo
fermento luminoso de nuestra sociedad
Homenaje a Camilo Zapata - Por Carlos Mejia Godoy
CLARINEROMAYOR…HASTA SIEMPRE !!!
La noticia cayó como un “rayo-en-seco”. Aún cuando iba a cumplir sus 92 años el 25 de Septiembre y conocíamos su delicado estado de salud, agravado por el anzheimer, me negaba a imaginar una Nicaragua sin mi querido y entrañable Maestro Camilo Zapata.
En una entrevista, expresé hace algún tiempo, que yo tuve el privilegio de conocer personalmente a los cinco “baqueanos”, que me mostraron desde mi juventud el camino fecundo del amor a Nicaragua: El Profesor Carlos A. Bravo, desde sus charlas dominicales de Radio Mundial. Don Salvador Cardenal, creador de esa Universidad del Aire que fue Radio Centauro y posteriormente Radio Güegüence. Jaime Incer Barquero, con su pasión científica, mostrándonos la piel de Nicaragua. Pablo A. Cuadra convocándonos a la cultura y al humanismo, desde la Prensa Literaria. Y-por supuesto- el hombre que con su Caballito Chontaleño puso la primera piedra de ese edificio que ya es sólida arquitectura, inspirada en los elementos esenciales de nuestro Son de Marimba.
Desde l955, mientras estudiaba en el Salesiano de Granada, descubrí la chimbarona alegría de El Nandaimeño. Un año más tarde, desde el Seminario Nacional, me inundó la gracia decidora y galante de El Solar de Monimbó. Y cuando empecé a trabajar en la Radio, recién bachillerado en León, me dejé contagiar por una obra fecunda, que rebasando los linderos del canto regional, incursionaba en ritmos universales con maestría. De manera que al recalar en Managua, trabajando en Radio Mundial y la Corporación, tuve una visión más profunda de nuestro máximo cantor. Otto de la Rocha me lo presentó días antes del terremoto. Y quiero expresarlo con más énfasis que nunca: Lo que más me impactó del Maestro fue su modestia, aliada a su temperamento alegre y juguetón. Yo le decía respetuosamente Don Camilo y él me regañaba diciéndome con gesto amenezante: Si me volvés a decir Don, estás levantando un muro para que dejemos de ser amigos y colegas.
Colega yo? –me pregunté- un chavalo veinteañero, autor de un par de cositas insignificantes?. Pero él tuvo la deferencia de ofrecerme su amistad, de la cual he tratado de ser merecedor, siguiendo su ejemplo de ética y estética. Exigente con su obra musical y riguroso con su calidad humana. Y es que, para ilustrarlo con un ejemplo, Camilo jamás anduvo reclamando nada para él. Que yo sepa, nunca se le vio tratando de demostrar que él era el verdadero fundador del son nica. Enemigo de la vanalidad de quienes se erigen como Reyes, Emperadores y Príncipes del Pentagrama nacional, se limitó a ejercer su oficio, con la misma sencillez con que asumió su trabajo de topógrafo, recorriendo todos los poros de nuestra geografía.
Recuerdo cuando, desde el Clan de la Picardía, se me ocurrió llamarle “Clarinero Mayor del Son Nicaragüense”. Se tiró una carcajada sonora y aceptó el invento –según sus palabras- “clarinero, pues bien, porque soy zanate. Y mayor porque ya voy pasando de los quince”. Y ese era él. Sencillo, llano y transparente. Por eso, ahora que se nos ha marchado, para integrar el Coro de los Querubines, quisiera imaginar el recibimiento que habrán de tributarle sus colegas. De seguro saldrán a abrazarlo: el genial “Oreja de burro”. El Zenzontle Erwin Krüger, el Chichiltote Victor M. Leiva, el Jilguero Tino López, el Pijulito Justo Santos y todos los finados de nuestra República de Pájaros. Por eso le decimos, desde su Nicaragüita:
Clarinero mayor…buen vuelo !!!
La noticia cayó como un “rayo-en-seco”. Aún cuando iba a cumplir sus 92 años el 25 de Septiembre y conocíamos su delicado estado de salud, agravado por el anzheimer, me negaba a imaginar una Nicaragua sin mi querido y entrañable Maestro Camilo Zapata.
En una entrevista, expresé hace algún tiempo, que yo tuve el privilegio de conocer personalmente a los cinco “baqueanos”, que me mostraron desde mi juventud el camino fecundo del amor a Nicaragua: El Profesor Carlos A. Bravo, desde sus charlas dominicales de Radio Mundial. Don Salvador Cardenal, creador de esa Universidad del Aire que fue Radio Centauro y posteriormente Radio Güegüence. Jaime Incer Barquero, con su pasión científica, mostrándonos la piel de Nicaragua. Pablo A. Cuadra convocándonos a la cultura y al humanismo, desde la Prensa Literaria. Y-por supuesto- el hombre que con su Caballito Chontaleño puso la primera piedra de ese edificio que ya es sólida arquitectura, inspirada en los elementos esenciales de nuestro Son de Marimba.
Desde l955, mientras estudiaba en el Salesiano de Granada, descubrí la chimbarona alegría de El Nandaimeño. Un año más tarde, desde el Seminario Nacional, me inundó la gracia decidora y galante de El Solar de Monimbó. Y cuando empecé a trabajar en la Radio, recién bachillerado en León, me dejé contagiar por una obra fecunda, que rebasando los linderos del canto regional, incursionaba en ritmos universales con maestría. De manera que al recalar en Managua, trabajando en Radio Mundial y la Corporación, tuve una visión más profunda de nuestro máximo cantor. Otto de la Rocha me lo presentó días antes del terremoto. Y quiero expresarlo con más énfasis que nunca: Lo que más me impactó del Maestro fue su modestia, aliada a su temperamento alegre y juguetón. Yo le decía respetuosamente Don Camilo y él me regañaba diciéndome con gesto amenezante: Si me volvés a decir Don, estás levantando un muro para que dejemos de ser amigos y colegas.
Colega yo? –me pregunté- un chavalo veinteañero, autor de un par de cositas insignificantes?. Pero él tuvo la deferencia de ofrecerme su amistad, de la cual he tratado de ser merecedor, siguiendo su ejemplo de ética y estética. Exigente con su obra musical y riguroso con su calidad humana. Y es que, para ilustrarlo con un ejemplo, Camilo jamás anduvo reclamando nada para él. Que yo sepa, nunca se le vio tratando de demostrar que él era el verdadero fundador del son nica. Enemigo de la vanalidad de quienes se erigen como Reyes, Emperadores y Príncipes del Pentagrama nacional, se limitó a ejercer su oficio, con la misma sencillez con que asumió su trabajo de topógrafo, recorriendo todos los poros de nuestra geografía.
Recuerdo cuando, desde el Clan de la Picardía, se me ocurrió llamarle “Clarinero Mayor del Son Nicaragüense”. Se tiró una carcajada sonora y aceptó el invento –según sus palabras- “clarinero, pues bien, porque soy zanate. Y mayor porque ya voy pasando de los quince”. Y ese era él. Sencillo, llano y transparente. Por eso, ahora que se nos ha marchado, para integrar el Coro de los Querubines, quisiera imaginar el recibimiento que habrán de tributarle sus colegas. De seguro saldrán a abrazarlo: el genial “Oreja de burro”. El Zenzontle Erwin Krüger, el Chichiltote Victor M. Leiva, el Jilguero Tino López, el Pijulito Justo Santos y todos los finados de nuestra República de Pájaros. Por eso le decimos, desde su Nicaragüita:
Clarinero mayor…buen vuelo !!!
Y el Verbo se hizo Canto
ORATORIO A LOS MARTIRES DEL
23 DE JULIO
Obra inédita de Carlos Mejía Godoy
LA PREMONICION
Era el 23 de julio
en León de Nicaragua
se apagaron las farolas
y se encendieron las máquinas
la catedral echó al aire
el bronce de sus campanas
convocando a los creyentes
a la misa esta mañana
La fuentecita del parque
bisbisea una plegaria
mientras Jeréz parpadea
con las pupilas cansadas
Nada parece romper
la quietud de esta mañana
y en el cuartel frente al parque
una cascabel reptaba
Era el 23 de julio
en León de Nicaragua
se despertó muy oscuro
la Mariita Villalta
se persignó despacito
al abandonar la cama
y tentando entre las sombras
alcanzó a abrir la ventana
Con la chispa de un lucero
que en el cielo titilaba
la Mariita encendió
su fogón allá en Subtiava
Nada parece romper
la quietud de esta mañana
y entre los dos tenamastes
la burusca crepitaba
Era el 23 de julio
en León de Nicaragua
el joven Luís Quintanilla
vino desde Totogalpa
se tomó su cafecito
con pupusas segovianas
quiere estudiar medicina
y ser útil a la patria
Se pasó la mano izquierda
por la cabeza rapada
mientras leía sonriente
la papeleta rosada
Nada parece romper
la quietud de esta mañana
y un parlante callejero
anuncia con voz bien clara:
“Atención mucha atención. A todos los estudiantes universitarios se les invita al tradicional “Desfile de los Pelones” que este año estará dedicado a los “Mártires de El Chaparral”, inmolados por la liberación de Nicaragua. Todos a protestar contra este nuevo crimen de la dictadura Somocista. Hoy, a partir de las 3 de la tarde los esperamos en la Avenida Universitaria, donde se iniciará el recorrido…”
LA MASACRE
Sonaron las 5 en punto
en todita Nicaragua
junto a la esquina de Prío
un pelotón de la guardia
frente de los cascos de acero
las cabezas rasuradas
frente a la bala siniestra
la juventud desarmada
Sonaron las 5 en punto
en todita Nicaragua
cuatro cabezas truncadas
frente al altar de la Patria
Cayó la tarde de julio
herida por bayonetas
yo vi ese rugiente río
musitando en las cunetas
Sangre nieta de la sangre
de Subtiava y Monimbó
tributaria de la arteria
que en Matagalpa brotó
LETANIAS DE LA SANGRE DERRAMADA
Sangre de estudiantes
sangre generosa
sangre que salpica
nuestra Nicaragua
Sangre de estudiantes
Sangre libertaria
sangre sangre pura
savia de la Patria
Sangre
sangre enamorada
sangre
sangre constelada
Sangre
sangre pura.
sangre
sangre sacrosanta
savia de la Patria.
23 DE JULIO
Obra inédita de Carlos Mejía Godoy
LA PREMONICION
Era el 23 de julio
en León de Nicaragua
se apagaron las farolas
y se encendieron las máquinas
la catedral echó al aire
el bronce de sus campanas
convocando a los creyentes
a la misa esta mañana
La fuentecita del parque
bisbisea una plegaria
mientras Jeréz parpadea
con las pupilas cansadas
Nada parece romper
la quietud de esta mañana
y en el cuartel frente al parque
una cascabel reptaba
Era el 23 de julio
en León de Nicaragua
se despertó muy oscuro
la Mariita Villalta
se persignó despacito
al abandonar la cama
y tentando entre las sombras
alcanzó a abrir la ventana
Con la chispa de un lucero
que en el cielo titilaba
la Mariita encendió
su fogón allá en Subtiava
Nada parece romper
la quietud de esta mañana
y entre los dos tenamastes
la burusca crepitaba
Era el 23 de julio
en León de Nicaragua
el joven Luís Quintanilla
vino desde Totogalpa
se tomó su cafecito
con pupusas segovianas
quiere estudiar medicina
y ser útil a la patria
Se pasó la mano izquierda
por la cabeza rapada
mientras leía sonriente
la papeleta rosada
Nada parece romper
la quietud de esta mañana
y un parlante callejero
anuncia con voz bien clara:
“Atención mucha atención. A todos los estudiantes universitarios se les invita al tradicional “Desfile de los Pelones” que este año estará dedicado a los “Mártires de El Chaparral”, inmolados por la liberación de Nicaragua. Todos a protestar contra este nuevo crimen de la dictadura Somocista. Hoy, a partir de las 3 de la tarde los esperamos en la Avenida Universitaria, donde se iniciará el recorrido…”
LA MASACRE
Sonaron las 5 en punto
en todita Nicaragua
junto a la esquina de Prío
un pelotón de la guardia
frente de los cascos de acero
las cabezas rasuradas
frente a la bala siniestra
la juventud desarmada
Sonaron las 5 en punto
en todita Nicaragua
cuatro cabezas truncadas
frente al altar de la Patria
Cayó la tarde de julio
herida por bayonetas
yo vi ese rugiente río
musitando en las cunetas
Sangre nieta de la sangre
de Subtiava y Monimbó
tributaria de la arteria
que en Matagalpa brotó
LETANIAS DE LA SANGRE DERRAMADA
Sangre de estudiantes
sangre generosa
sangre que salpica
nuestra Nicaragua
Sangre de estudiantes
Sangre libertaria
sangre sangre pura
savia de la Patria
Sangre
sangre enamorada
sangre
sangre constelada
Sangre
sangre pura.
sangre
sangre sacrosanta
savia de la Patria.
Y el Verbo se hizo Canto
MURAL SONORO A LOS HÉROES DE LA PATRIA Parte 1
Hace 8 años, mientras cantaba en uno de mis conciertos, el hermoso corrido de Tino López Guerra: “Nicaragua Mía”, caí en la cuenta de que era la única canción popular en la que se mencionaba a un icono de las celebraciones patrias en septiembre: Rafaela Herrera.
Pregunté a mis amigos musicólogos, historiadores y diletantes de la música y la literatura. Y nadie, absolutamente nadie me habló de canciones dedicadas a José Dolores Estrada, a Andrés Castro, Enmanuel Mongalo u otros símbolos nuestra soberanía.
Entonces, en lugar de escribir en el “Muro de las lamentaciones” mi reflexión sobre dicha orfandad, me dije: Hay que ponerse a trabajar desde ahora en una Cantata u Oratorio, dedicada a los representantes de nuestra dignidad nacional. Y así nació el “Mural Sonoro a los Héroes de la Patria”.
La primera piedra de este trabajo fue el “Corrido a Rafaela Herrera” y posteriormente escribí “La piedra de Andrés”. Con esos dos temas inicia uno de mis sueños más queridos, que una década después, he logrado sintetizar: 20 canciones que estrenaré en el Teatro Nacional Rubén Darío el próximo 10 de septiembre.
En las siguientes entregas de MAGAZINE, iré publicando textos de otros temas que integran este mosaico, donde cada trova es un pedazo de nuestra historia.
RAFAELA HERRERA
Año de mil setecientos
sumando sesenta y dos
en el antiguo castillo
llamado la Concepción
tuvo lugar un suceso
de grata recordación
En el borde de la muerte
se encuentra el gobernador
don Pedro Herrera es el jefe
de este reducto español
asediado por piratas
del reino inglés invasor
(CORO)
En mi tierra Nicaragua
está cantando el San Juan
en sus cristalinas aguas
de transparencia total
se refleja la grandeza
de la historia nacional
Cuando los barcos ingleses
amenazan con pasar
Don Pedro el jefe de plaza
acaba ya de expirar
la Rafaylita les dijo:
No hay tiempo para llorar
Al frente de los soldados
que integran la guarnición
la gallarda Rafaela
enfrenta la situación
y con audacia suprema
ella dispara el cañón
(CORO)
En mi tierra Nicaragua…
La noche avanza en el río
hay un silencio total
una trinchera de fuego
apareció en el raudal
huyendo despavoridos
los invasores se van
Palomita patacona
palomita poponé
vos que sos de aquella zona
donde una vez me inspiré
decile a la Rafaylita
que nunca la olvidaré
(Coro) La tierra en Nicaragua…
LA PIEDRA DE ANDRES
Desde la noche cerrada
de tiempos sin calendario
vienen hablando las piedras
su lenguaje milenario
Habla la piedra tallada
de la pirámide egipcia
habla la calle empedrada
que lleva al palacio del Inca
Pero la piedra que a mí
me emociona desde siempre
es la piedra que lanzó
el David nicaragüense
Aquella heroica alborada
del 14 de Septiembre
Andrés tiró su pedrada
contra el Goliat prepotente
y en los muros quedo escrita
la dignidad de mi gente
El azteca sacerdote
sobre la piedra sagrada
rompe el pecho de la virgen
con el puñal de obsidiana
Y en los viejos petroglifos
quedó la historia plasmada
códices de sangre y fuego
en el alma americana
(CORO)
Pero la piedra que a mí
me emociona desde siempre
es la piedra que lanzó
el David nicaragüense
Aquella heroica alborada
del 14 de Septiembre
andrés tiró su pedrada
contra el Goliat prepotente
y en los muros quedo escrita
la dignidad de mi gente.
Hace 8 años, mientras cantaba en uno de mis conciertos, el hermoso corrido de Tino López Guerra: “Nicaragua Mía”, caí en la cuenta de que era la única canción popular en la que se mencionaba a un icono de las celebraciones patrias en septiembre: Rafaela Herrera.
Pregunté a mis amigos musicólogos, historiadores y diletantes de la música y la literatura. Y nadie, absolutamente nadie me habló de canciones dedicadas a José Dolores Estrada, a Andrés Castro, Enmanuel Mongalo u otros símbolos nuestra soberanía.
Entonces, en lugar de escribir en el “Muro de las lamentaciones” mi reflexión sobre dicha orfandad, me dije: Hay que ponerse a trabajar desde ahora en una Cantata u Oratorio, dedicada a los representantes de nuestra dignidad nacional. Y así nació el “Mural Sonoro a los Héroes de la Patria”.
La primera piedra de este trabajo fue el “Corrido a Rafaela Herrera” y posteriormente escribí “La piedra de Andrés”. Con esos dos temas inicia uno de mis sueños más queridos, que una década después, he logrado sintetizar: 20 canciones que estrenaré en el Teatro Nacional Rubén Darío el próximo 10 de septiembre.
En las siguientes entregas de MAGAZINE, iré publicando textos de otros temas que integran este mosaico, donde cada trova es un pedazo de nuestra historia.
RAFAELA HERRERA
Año de mil setecientos
sumando sesenta y dos
en el antiguo castillo
llamado la Concepción
tuvo lugar un suceso
de grata recordación
En el borde de la muerte
se encuentra el gobernador
don Pedro Herrera es el jefe
de este reducto español
asediado por piratas
del reino inglés invasor
(CORO)
En mi tierra Nicaragua
está cantando el San Juan
en sus cristalinas aguas
de transparencia total
se refleja la grandeza
de la historia nacional
Cuando los barcos ingleses
amenazan con pasar
Don Pedro el jefe de plaza
acaba ya de expirar
la Rafaylita les dijo:
No hay tiempo para llorar
Al frente de los soldados
que integran la guarnición
la gallarda Rafaela
enfrenta la situación
y con audacia suprema
ella dispara el cañón
(CORO)
En mi tierra Nicaragua…
La noche avanza en el río
hay un silencio total
una trinchera de fuego
apareció en el raudal
huyendo despavoridos
los invasores se van
Palomita patacona
palomita poponé
vos que sos de aquella zona
donde una vez me inspiré
decile a la Rafaylita
que nunca la olvidaré
(Coro) La tierra en Nicaragua…
LA PIEDRA DE ANDRES
Desde la noche cerrada
de tiempos sin calendario
vienen hablando las piedras
su lenguaje milenario
Habla la piedra tallada
de la pirámide egipcia
habla la calle empedrada
que lleva al palacio del Inca
Pero la piedra que a mí
me emociona desde siempre
es la piedra que lanzó
el David nicaragüense
Aquella heroica alborada
del 14 de Septiembre
Andrés tiró su pedrada
contra el Goliat prepotente
y en los muros quedo escrita
la dignidad de mi gente
El azteca sacerdote
sobre la piedra sagrada
rompe el pecho de la virgen
con el puñal de obsidiana
Y en los viejos petroglifos
quedó la historia plasmada
códices de sangre y fuego
en el alma americana
(CORO)
Pero la piedra que a mí
me emociona desde siempre
es la piedra que lanzó
el David nicaragüense
Aquella heroica alborada
del 14 de Septiembre
andrés tiró su pedrada
contra el Goliat prepotente
y en los muros quedo escrita
la dignidad de mi gente.
Y el Verbo se hizo Canto
MURAL SONORO A LOS HEROES DE LA PATRIA-
En la entrega anterior, les ofrecimos los textos de las canciones dedicadas a Rafaela Herrera y Andrés Castro, que fueron el embrión de lo que hoy es una obra integral, dedicada a los hombres y mujeres, protagonistas de la gesta libertaria contra los enemigos de Nicaragua.
Para esta edición, he escogido un par de creaciones, que intentan plasmar dos momentos decisivos de la Guerra Nacional contra el filibustero William Walter: La Batalla de San Jacinto y la Quema de Granada, ejecutada por el ilustrado mercenario Charles Friederick Heningsen.
Quiero dejar aquí constancia del talento y la ejemplar laboriosidad de los cinco arreglistas nicaragüenses, quienes –a pesar de la lucha contra reloj, para estrenar esta obra el 10 de Septiembre en nuestro Teatro Rubén Darío-, fueron capaces de embellecer con su excelencia musical, los trazos melódicos de este trovador somoteño. Ellos son: Raúl Martínez, Hugo Castilla, Pancho Cedeño, Eduardo Araica y Julio Vásquez. Gracias, Maestros…!!!
La Quema de Granada
Mi nombre es Charles Friederick
mi apellido: Henningsen
aunque nacer en Suecia
ser de la United State
decir soy mercenario
mucho falso ese cuestión
porque yo estar defendiendo
los ideales de la Unión
AQUÍ ESTAR LISTO MI GENERAL
SOY SOLDADO PREPARADO
PARA SER SU VOLUNTAD
PORQUE SU CAUSA
VENIR DE DIOS
USTED SER EL ELEGIDO
PARA SER EL REDENTOR
Nuestro Unión Americano
tener lider de verdad
el llamarse William Walker
ser un héroe Nacional
con sus ojos amarillas
el ver siempre más allá
como los gatos de monte
mirar en la oscuridad
Aquí estar listo...
La divina providencia
con su sabia desición
escoger mister Guillermo
para su Santa misión
el decirme: Federico
si venir conmigo al sur
you ganar bonita money
Nicaragua es biuri-ful
Aquí estar listo...
El my dear William Walker
very greit very sagáz
el poner mensaje urgente
una orden militar
mi no hacer un comentario
mi cumplir con el misión
y en cuero de venado
mi grabar esta inscripción
ORDEN CUMPLIDA MI GENERAL
LA SULTANA DE LOS LAGOS
LA GRANADA SEÑORIAL
ES UNA HOGUERA MONUMENTAL
ALELUYA MISTER WALKER
QUE NERON SE QUEDO ATRÁS
“LA BATALLA DE SAN JACINTO”
La luz se filtra dulcemente
Entre las ramas de un ceibón
Y el General Estrada, allá en la Casa Hacienda
Con su estado mayor
Extiende el mapa sobre la rústica mesa
Y a la luz de un candil, colgado de un mecate
Expone la táctica a seguir, si hay un combate.
Las chicharras, los pocoyos se han callado
Se derrama en los cerros la alborada
Y una tenue neblina,
Envuelve con sus gasas la colina
Y un zanate tornasol esponja su plumaje
Entre el tupido ramaje de un recio guapinol
De pronto, como una tromba trágica y letal
Se oyen los tiros que muerden las piedras del corral
Son los filibusteros que siembran el terror
Al frente viene Watking
Y por los flancos Mooligan y el jefe Byron Cole
Dos horas de sostenido combate desigual
Los humildes fusiles enfrentan al canalla criminal
El bravo Tata Lolo, con mística y honor
Dirige la batalla, enfrenta la metralla
El pueblo esta venciendo al invasor
ORQUESTA: (Puente inspirado en el primer motivo)
De pronto, como una fiera tormenta tropical
Tiembla la tierra, nadie sabe qué será
Una enorme manada de caballos patriotas
Invaden la pradera , hieren piedras y rocas
Incendian con sus crines la brisa matinal.
Dos horas de sostenido combate desigual
Los humildes fusiles, enfrentan la canalla criminal
El bravo Tata Lolo, con mística y honor
Dirige la batalla, enfrenta la metralla
El pueblo está venciendo al invasor.
En la entrega anterior, les ofrecimos los textos de las canciones dedicadas a Rafaela Herrera y Andrés Castro, que fueron el embrión de lo que hoy es una obra integral, dedicada a los hombres y mujeres, protagonistas de la gesta libertaria contra los enemigos de Nicaragua.
Para esta edición, he escogido un par de creaciones, que intentan plasmar dos momentos decisivos de la Guerra Nacional contra el filibustero William Walter: La Batalla de San Jacinto y la Quema de Granada, ejecutada por el ilustrado mercenario Charles Friederick Heningsen.
Quiero dejar aquí constancia del talento y la ejemplar laboriosidad de los cinco arreglistas nicaragüenses, quienes –a pesar de la lucha contra reloj, para estrenar esta obra el 10 de Septiembre en nuestro Teatro Rubén Darío-, fueron capaces de embellecer con su excelencia musical, los trazos melódicos de este trovador somoteño. Ellos son: Raúl Martínez, Hugo Castilla, Pancho Cedeño, Eduardo Araica y Julio Vásquez. Gracias, Maestros…!!!
La Quema de Granada
Mi nombre es Charles Friederick
mi apellido: Henningsen
aunque nacer en Suecia
ser de la United State
decir soy mercenario
mucho falso ese cuestión
porque yo estar defendiendo
los ideales de la Unión
AQUÍ ESTAR LISTO MI GENERAL
SOY SOLDADO PREPARADO
PARA SER SU VOLUNTAD
PORQUE SU CAUSA
VENIR DE DIOS
USTED SER EL ELEGIDO
PARA SER EL REDENTOR
Nuestro Unión Americano
tener lider de verdad
el llamarse William Walker
ser un héroe Nacional
con sus ojos amarillas
el ver siempre más allá
como los gatos de monte
mirar en la oscuridad
Aquí estar listo...
La divina providencia
con su sabia desición
escoger mister Guillermo
para su Santa misión
el decirme: Federico
si venir conmigo al sur
you ganar bonita money
Nicaragua es biuri-ful
Aquí estar listo...
El my dear William Walker
very greit very sagáz
el poner mensaje urgente
una orden militar
mi no hacer un comentario
mi cumplir con el misión
y en cuero de venado
mi grabar esta inscripción
ORDEN CUMPLIDA MI GENERAL
LA SULTANA DE LOS LAGOS
LA GRANADA SEÑORIAL
ES UNA HOGUERA MONUMENTAL
ALELUYA MISTER WALKER
QUE NERON SE QUEDO ATRÁS
“LA BATALLA DE SAN JACINTO”
La luz se filtra dulcemente
Entre las ramas de un ceibón
Y el General Estrada, allá en la Casa Hacienda
Con su estado mayor
Extiende el mapa sobre la rústica mesa
Y a la luz de un candil, colgado de un mecate
Expone la táctica a seguir, si hay un combate.
Las chicharras, los pocoyos se han callado
Se derrama en los cerros la alborada
Y una tenue neblina,
Envuelve con sus gasas la colina
Y un zanate tornasol esponja su plumaje
Entre el tupido ramaje de un recio guapinol
De pronto, como una tromba trágica y letal
Se oyen los tiros que muerden las piedras del corral
Son los filibusteros que siembran el terror
Al frente viene Watking
Y por los flancos Mooligan y el jefe Byron Cole
Dos horas de sostenido combate desigual
Los humildes fusiles enfrentan al canalla criminal
El bravo Tata Lolo, con mística y honor
Dirige la batalla, enfrenta la metralla
El pueblo esta venciendo al invasor
ORQUESTA: (Puente inspirado en el primer motivo)
De pronto, como una fiera tormenta tropical
Tiembla la tierra, nadie sabe qué será
Una enorme manada de caballos patriotas
Invaden la pradera , hieren piedras y rocas
Incendian con sus crines la brisa matinal.
Dos horas de sostenido combate desigual
Los humildes fusiles, enfrentan la canalla criminal
El bravo Tata Lolo, con mística y honor
Dirige la batalla, enfrenta la metralla
El pueblo está venciendo al invasor.
Y el Verbo se hizo Canto
ANTOJITOS NICARAGUENSES
Mi padre, Chas Mejía, era –como ya he expresado en tantas ocasiones- un malabarista del habla nicaragüense. En su conversación, no sólo aparecían los dichos y refranes, sino palabras y frases que eran de su particular invención. Yo diría que, así como preparaba una “boquita”, para tomarse un trago de ron, haciendo de un acto tan simple un auténtico ritual, igualmente se preparaba anímicamente para relatar una anécdota o un pasaje de la vida real. Obviamente, jamás narró un
cuento igualito. Aderezaba sus historias con nuevos ingredientes, improvisando siempre en forma magistral.
Clasificaba la belleza femenina, de acuerdo a la familia de las aves. De hecho, él fue el primer avicultor empírico nicaragüense. Cuando veía venir a una señorona alta, sesentona, bien emperifollada, decía a “sotto voce”: Te busca Doña Chompipona. Pero si la dama era hermosa, guapa y entradita en carnes, no vacilaba en decir: Ahí viene una paloma de Castilla. De acuerdo a su nomenclatura, iban apareciendo las “azulonas”, las “chiricas”, las “alitas blancas” y por qué no? Hasta alguna “zanatita pizpireta”.
Pero aquel día, Chas Mejía me rompió los esquemas. De la esquina de la Chepita Valle, en Somoto, se cruzó –en diagonal perfecta- una chavala no mayor de diesiocho años. Cuando la vi caminar en dirección a la acera de mi casa, llamé con confianza a mi viejo, quien en ese momento atendía la pulpería. –Venga, papá- le dije con voz emergente. -Azulona a la vista!-. El, muy sereno, se acercó a la puerta y al ver aquella criatura angelical, sólo atinó a decir:- No, Carlitos. Esta es una “cosita-de-horno”.
Horas después, en uno de mis cuadernos de apuntes, florecía una canción nueva. Curiosamente, fui aliñando en versos, las virtudes de la mujer nicaragüense, con las comidas típicas del Pacífico. Así, junto a la naricita respingada de la Tencha Alaniz y el modo-lindo de la María Tete, miraba esas rosquillitas somoteñas, únicas, crujientes, nadando en el café. No sé por qué razón, mi imaginación saltó del Norte al Sur y me imaginé disfrutando un delicioso curbasá bajo un palo de mango, camino de Apompuá. Luego viajo a Cuajiniquil, comarca de Terrabona. Después a Masatepe, para sentarme a disfrutar un típico mondongo en el Barrio Veracruz. Y, como acotumbra mi entrañable amigo
Franco Peñalba, lo pido “desarmado”: aquí la sopa, allá las verduras y por acá las toallitas con su chilito congo.
Y cada vez que en nuestra Casa de conciertos o en cualquier lugar, me solicitan los “Antojitos Nicaragüenses”, elevo una jaculatoria al Creador y le pido, igual que el Güegüense: Matateco Dio mispiales. Que guarde en su santo seno a mi padre Chas Mejía Fajardo, el genial fabulador, quien con su incesante picardía me dio los nutrientes para escribir estas trovas.
ANTOJITOS NICARAGÜENSES
Letra y Música: Carlos Mejía Godoy
Me gusta a mí la cara de la Tencha Alaniz
Eso respingadito que tiene en la nariz
Me gusta el modo lindo de la María Teté
Me gustan las rosquillas nadando en el café
Me encanta una chelita que ví en Cuajiniquil
Los ricos huevos-chimbos que hacen en Estelí
Me gusta la cajeta de leche o zapoyol
Del Sauce los buñuelos de Tisma el requesón
Estos son antojos muy nicaragüenses
Así pizpireto mancuncho y corneto me quiero casar
Con una chavala de aquí del lugar
Entre las presentes quién es la valiente que se va a rifar
No hay cosa más sabrosa que comer curbasá
Bajo un palo de mango camino de Apompuá
Un trago de cususa al filo de un chojín
Allá por las piñuelas de Magdaleno Ortiz
Si acaso te propongo a Masatepe ir
Vas a probar mondongo el mejor del país
Un plato copeteado servime pronto Inés
Si no tiene tufito mejor no me lo des
Estos son antojos muy nicaragüenses…
Me gusta la cintura que se gasta la Tirsa
Tan linda y tan menuda como la de una avispa
Me encantan las güirilas saliendo del comal
Con cuajadita fresca de ay de Santo Tomás
Me gusta la prestancia de la Ña Genoveva
Parece en elegancia la torre de Jalteva
Pero hay un detallito de viaje que la friega
Ese lunar de pelo en el tronco-e-la oreja
Estos son antojos muy nicaragüenses…
Mi padre, Chas Mejía, era –como ya he expresado en tantas ocasiones- un malabarista del habla nicaragüense. En su conversación, no sólo aparecían los dichos y refranes, sino palabras y frases que eran de su particular invención. Yo diría que, así como preparaba una “boquita”, para tomarse un trago de ron, haciendo de un acto tan simple un auténtico ritual, igualmente se preparaba anímicamente para relatar una anécdota o un pasaje de la vida real. Obviamente, jamás narró un
cuento igualito. Aderezaba sus historias con nuevos ingredientes, improvisando siempre en forma magistral.
Clasificaba la belleza femenina, de acuerdo a la familia de las aves. De hecho, él fue el primer avicultor empírico nicaragüense. Cuando veía venir a una señorona alta, sesentona, bien emperifollada, decía a “sotto voce”: Te busca Doña Chompipona. Pero si la dama era hermosa, guapa y entradita en carnes, no vacilaba en decir: Ahí viene una paloma de Castilla. De acuerdo a su nomenclatura, iban apareciendo las “azulonas”, las “chiricas”, las “alitas blancas” y por qué no? Hasta alguna “zanatita pizpireta”.
Pero aquel día, Chas Mejía me rompió los esquemas. De la esquina de la Chepita Valle, en Somoto, se cruzó –en diagonal perfecta- una chavala no mayor de diesiocho años. Cuando la vi caminar en dirección a la acera de mi casa, llamé con confianza a mi viejo, quien en ese momento atendía la pulpería. –Venga, papá- le dije con voz emergente. -Azulona a la vista!-. El, muy sereno, se acercó a la puerta y al ver aquella criatura angelical, sólo atinó a decir:- No, Carlitos. Esta es una “cosita-de-horno”.
Horas después, en uno de mis cuadernos de apuntes, florecía una canción nueva. Curiosamente, fui aliñando en versos, las virtudes de la mujer nicaragüense, con las comidas típicas del Pacífico. Así, junto a la naricita respingada de la Tencha Alaniz y el modo-lindo de la María Tete, miraba esas rosquillitas somoteñas, únicas, crujientes, nadando en el café. No sé por qué razón, mi imaginación saltó del Norte al Sur y me imaginé disfrutando un delicioso curbasá bajo un palo de mango, camino de Apompuá. Luego viajo a Cuajiniquil, comarca de Terrabona. Después a Masatepe, para sentarme a disfrutar un típico mondongo en el Barrio Veracruz. Y, como acotumbra mi entrañable amigo
Franco Peñalba, lo pido “desarmado”: aquí la sopa, allá las verduras y por acá las toallitas con su chilito congo.
Y cada vez que en nuestra Casa de conciertos o en cualquier lugar, me solicitan los “Antojitos Nicaragüenses”, elevo una jaculatoria al Creador y le pido, igual que el Güegüense: Matateco Dio mispiales. Que guarde en su santo seno a mi padre Chas Mejía Fajardo, el genial fabulador, quien con su incesante picardía me dio los nutrientes para escribir estas trovas.
ANTOJITOS NICARAGÜENSES
Letra y Música: Carlos Mejía Godoy
Me gusta a mí la cara de la Tencha Alaniz
Eso respingadito que tiene en la nariz
Me gusta el modo lindo de la María Teté
Me gustan las rosquillas nadando en el café
Me encanta una chelita que ví en Cuajiniquil
Los ricos huevos-chimbos que hacen en Estelí
Me gusta la cajeta de leche o zapoyol
Del Sauce los buñuelos de Tisma el requesón
Estos son antojos muy nicaragüenses
Así pizpireto mancuncho y corneto me quiero casar
Con una chavala de aquí del lugar
Entre las presentes quién es la valiente que se va a rifar
No hay cosa más sabrosa que comer curbasá
Bajo un palo de mango camino de Apompuá
Un trago de cususa al filo de un chojín
Allá por las piñuelas de Magdaleno Ortiz
Si acaso te propongo a Masatepe ir
Vas a probar mondongo el mejor del país
Un plato copeteado servime pronto Inés
Si no tiene tufito mejor no me lo des
Estos son antojos muy nicaragüenses…
Me gusta la cintura que se gasta la Tirsa
Tan linda y tan menuda como la de una avispa
Me encantan las güirilas saliendo del comal
Con cuajadita fresca de ay de Santo Tomás
Me gusta la prestancia de la Ña Genoveva
Parece en elegancia la torre de Jalteva
Pero hay un detallito de viaje que la friega
Ese lunar de pelo en el tronco-e-la oreja
Estos son antojos muy nicaragüenses…
MERCEDES SOSA: ONDA EXPANSIVA DE AMOR Por Carlos Mejia Godoy
Aprendí a querer a Mercedes Sosa, desde que tuve en mis manos aquel primer disco, donde su voz se desataba- rauda y libre- entonando “Canción por todos” y “Luna Tucumana”, como si ambos temas hubiesen sido escritos por ella. Y es que Mercedes tenía la capacidad de apropiarse del sonido y la palabra, reinventando en cada tonada toda una arquitectura sonora, que entregaba gozoza en cada sílaba, en cada verso. Quién me diría, que una década después, habríamos de confluir en el Festival de La Humanité, en París, la capital de Francia. Cantó La Nicaragüita con nosotros y bajo una lluvia de claveles rojos, me apretó con un abrazo en el que sentí toda la energía de su corazón enorme y solidario.
A raíz del triunfo revolucionario, llegó por primera vez a Nicaragua y desde el escenario del Teatro Rubén Darío fue desgranando esa milpa de cantos, arrancando aplausos y lágrimas. Al visitar este país nuevamente, la recibimos en la Casa de los Mejía Godoy, cuando ésta estaba situada en Colonial Lo Robles. Disfrutó nuestras comidas típìcas y tuvo palabras de elogio para las rosquillitas somoteñas.
Un día mi amigo Chalito Mántica me llamó para darme una gratísima sorpresa: “Carluchín, agarrate duro. Te voy a dar una noticia de infarto. La Negra grabó el Credo de la Misa Campesina”. Creí que se trataba de una negrita de Nandaime, una chavala que en esos días andaba del timbo al tambo, con un folder repleto de canciones, en busca de patrocinio para sacar su primer disco. Yo me emociono cada vez que alguien, conocido o desconocido, graba un tema de mi autoría. Pero cuando Chale destapa el nacatamal y me dice que Mercedes Sosa y la famosa griega Nana Muskuri fundieron sus voces para incluir en un CD el mentado Credo, no podía dar crédito a tamaña noticia. Mi tocayo, zorro del mismo piñal en el terreno de las emociones, me pegó el tiro de gracia: “Venite ahorita a Video Arte y te llevás el disco”.
Son muchas las anécdotas que se arremolinan, cada vez que pienso en esta entrañable Hermana Mayor del Canto Latinoamericano. Y debo confesar que cuando Norma Helena Gadea me confirmó la noticia de su muerte, mientras desayunábamos en El Guapinol, la finca de su padre Heriberto, en Ocotal, sentí un impacto tan demoledor, que no tuve ánimo para derramar una sola lágrima. Pero al día siguiente, cuando en Canal Sur vi a Mercedes sumida en su sueño definitivo, recibiendo el homenaje de aquel inmenso río de argentinos, desfilando ante su féretro, ya no pude contener el llanto. Sobre todo en el momento en que un humilde gaucho, luciendo todos sus arreos, se acercó a darle un beso en la frente.
Las bombas atómicas, cuando estallan, crean un hongo infernal, cuya onda expansiva va segando la vida por doquier. Cuando una mujer enorme y sencilla –como Mercedes Sosa- deja esta mundo, su ausencia se convierte en una Onda de luz, que nos envuelve a todos los que la conocimos y amamos.Porque Mercedes era eso: una explosión de ternura, pasión, amor y solidaridad. En el centro del escenario, ejecutando su bombo legüero, nos mostraba en su voz, todos los registros de todos los pájaros libres de América. “Salgo a caminar, por la cintura cósmica del Sur…”. Y de hecho, era capaz de llevarnos de la mano por todos los caminos del Continente, desde el Río Bravo hasta la Antártida. Porque desde su garganta, crecía un delta de coraje y energía. Y ahí estábamos todos, viendo transitar –no en la alfombra roja del evento estúpido y banal, sino en el ancho camino de la dignidad- al viejo Atahualpa Yupanqui, a la hermosa Chabuca Granda, a la genial Violeta Parra, al Neruda planetario del Canto General, recitando sus odas, desde las alturas de Machu Pichu.
Seguí caminando, hija del cobre y el estaño, del viento y de la lluvia. Seguí cantando, hermana del río y de la pampa, la cordillera y el llano. Seguí repartiendo todos los colores violentos de tu poncho. Seguí pariendo poemas y canciones. Nada ni nadie apagará tu sonrisa. Gracias Mercedes por tu vida, que nos ha dado tanto…
Carlos Mejía Godoy
A raíz del triunfo revolucionario, llegó por primera vez a Nicaragua y desde el escenario del Teatro Rubén Darío fue desgranando esa milpa de cantos, arrancando aplausos y lágrimas. Al visitar este país nuevamente, la recibimos en la Casa de los Mejía Godoy, cuando ésta estaba situada en Colonial Lo Robles. Disfrutó nuestras comidas típìcas y tuvo palabras de elogio para las rosquillitas somoteñas.
Un día mi amigo Chalito Mántica me llamó para darme una gratísima sorpresa: “Carluchín, agarrate duro. Te voy a dar una noticia de infarto. La Negra grabó el Credo de la Misa Campesina”. Creí que se trataba de una negrita de Nandaime, una chavala que en esos días andaba del timbo al tambo, con un folder repleto de canciones, en busca de patrocinio para sacar su primer disco. Yo me emociono cada vez que alguien, conocido o desconocido, graba un tema de mi autoría. Pero cuando Chale destapa el nacatamal y me dice que Mercedes Sosa y la famosa griega Nana Muskuri fundieron sus voces para incluir en un CD el mentado Credo, no podía dar crédito a tamaña noticia. Mi tocayo, zorro del mismo piñal en el terreno de las emociones, me pegó el tiro de gracia: “Venite ahorita a Video Arte y te llevás el disco”.
Son muchas las anécdotas que se arremolinan, cada vez que pienso en esta entrañable Hermana Mayor del Canto Latinoamericano. Y debo confesar que cuando Norma Helena Gadea me confirmó la noticia de su muerte, mientras desayunábamos en El Guapinol, la finca de su padre Heriberto, en Ocotal, sentí un impacto tan demoledor, que no tuve ánimo para derramar una sola lágrima. Pero al día siguiente, cuando en Canal Sur vi a Mercedes sumida en su sueño definitivo, recibiendo el homenaje de aquel inmenso río de argentinos, desfilando ante su féretro, ya no pude contener el llanto. Sobre todo en el momento en que un humilde gaucho, luciendo todos sus arreos, se acercó a darle un beso en la frente.
Las bombas atómicas, cuando estallan, crean un hongo infernal, cuya onda expansiva va segando la vida por doquier. Cuando una mujer enorme y sencilla –como Mercedes Sosa- deja esta mundo, su ausencia se convierte en una Onda de luz, que nos envuelve a todos los que la conocimos y amamos.Porque Mercedes era eso: una explosión de ternura, pasión, amor y solidaridad. En el centro del escenario, ejecutando su bombo legüero, nos mostraba en su voz, todos los registros de todos los pájaros libres de América. “Salgo a caminar, por la cintura cósmica del Sur…”. Y de hecho, era capaz de llevarnos de la mano por todos los caminos del Continente, desde el Río Bravo hasta la Antártida. Porque desde su garganta, crecía un delta de coraje y energía. Y ahí estábamos todos, viendo transitar –no en la alfombra roja del evento estúpido y banal, sino en el ancho camino de la dignidad- al viejo Atahualpa Yupanqui, a la hermosa Chabuca Granda, a la genial Violeta Parra, al Neruda planetario del Canto General, recitando sus odas, desde las alturas de Machu Pichu.
Seguí caminando, hija del cobre y el estaño, del viento y de la lluvia. Seguí cantando, hermana del río y de la pampa, la cordillera y el llano. Seguí repartiendo todos los colores violentos de tu poncho. Seguí pariendo poemas y canciones. Nada ni nadie apagará tu sonrisa. Gracias Mercedes por tu vida, que nos ha dado tanto…
Carlos Mejía Godoy
Y el Verbo se hizo Canto
NENA
Después de obtener mi título de Bachiller en el Colegio Calasanz de León, ingresé a la Facultad de Derecho en esta misma ciudad. Pero en las vacaciones de Diciembre, me puse a jalar con una bella somoteña, que había sido mi compañera de estudios de primaria en la Escuela Privada de la Niña Mercedes Alfaro. Me refiero a Ariana Peralta Ríos, con quien habría de casarme años más tarde.
Ariana, una brillante exalumna, egresada de La Asunción de Managua, fue la inspiradora de mis primeras canciones. Mientras ella estudiaba en la UCA, en Managua, yo combinaba mis estudios de Leyes, laborando como locutor y productor de programas en Radio Atenas y Radio Darío en León. En esta emisora hice contacto con el “Poeta Descalzo”, nombre con que se conocía a Antenor Sandino Hernández. Su soneto “María de las Mercedes” fue una revelación lírica, que una década después influiría en mi canción “Aquel almendro de onde la Tere”.
Me trasladé a Managua, ya que me sentía profundamente enamorado. Tuve la suerte de conocer a la Sra. Pinita Pérezalonso, quien me dio la oportunidad de trabajar con ella en Radio Mil. De ahí pasé a la R.R., a la Continental y posteriomente a La Mundial, donde aproveché el notable magisterio de dos grandes de la Radiodifusión: El Profesor Julio C. Sandoval y el extraordinario y versátil Don José Castillo Osejo.
Una tarde, después de terminar nuestras labores con el Cuadro Dramático, mi entrañable amiga Naraya Céspedes me llama con el “tililín” de un manojo de llaves: -Venga, Carlitos, siéntese al piano y regáleme Candilejas-. Yo pensé: El cipote llorón y la china que lo pellizca. Y después de dedicarle a la consagrada actriz esa pieza de Charles Chaplín, la hice cómplice de mi primera tonada romántica.
Nena fue escrita en el viejo piano de la casa esquinera de mis padres. La compuse como un homenaje a la novia somoteña, que me convirtió en el padre de dos hijos ejemplares que hoy son mi orgullo: Carlos Alberto y Jorge Eduardo Mejía Peralta. Para Ariana, que sigue siendo mi mejor amiga, este bolerito dulzón que, con la Orquesta de Raúl Traña Ocampo, estrenó en su voz el cantor colombiano César Andrade.
NENA
Letra y Música
Carlos Mejía Godoy
Nena
apenas me conoces
Y sin embargo somos
Amigos desde ayer
Nena
Te acuerdas de las noches aquellas
Nos íbamos en busca de estrellas
Hasta el amanecer
Una vez en la bruma
Quebraste tu ilusión juvenil
Creiste que la luna
Era una mariposa para ti
Nena
Quiero besar de nuevo
Tu boina de colegio
Tus libros de estudiar
Nena
Aprendamos ahora en silencio
En el aula del tiempo
La lección de sabernos amar
Después de obtener mi título de Bachiller en el Colegio Calasanz de León, ingresé a la Facultad de Derecho en esta misma ciudad. Pero en las vacaciones de Diciembre, me puse a jalar con una bella somoteña, que había sido mi compañera de estudios de primaria en la Escuela Privada de la Niña Mercedes Alfaro. Me refiero a Ariana Peralta Ríos, con quien habría de casarme años más tarde.
Ariana, una brillante exalumna, egresada de La Asunción de Managua, fue la inspiradora de mis primeras canciones. Mientras ella estudiaba en la UCA, en Managua, yo combinaba mis estudios de Leyes, laborando como locutor y productor de programas en Radio Atenas y Radio Darío en León. En esta emisora hice contacto con el “Poeta Descalzo”, nombre con que se conocía a Antenor Sandino Hernández. Su soneto “María de las Mercedes” fue una revelación lírica, que una década después influiría en mi canción “Aquel almendro de onde la Tere”.
Me trasladé a Managua, ya que me sentía profundamente enamorado. Tuve la suerte de conocer a la Sra. Pinita Pérezalonso, quien me dio la oportunidad de trabajar con ella en Radio Mil. De ahí pasé a la R.R., a la Continental y posteriomente a La Mundial, donde aproveché el notable magisterio de dos grandes de la Radiodifusión: El Profesor Julio C. Sandoval y el extraordinario y versátil Don José Castillo Osejo.
Una tarde, después de terminar nuestras labores con el Cuadro Dramático, mi entrañable amiga Naraya Céspedes me llama con el “tililín” de un manojo de llaves: -Venga, Carlitos, siéntese al piano y regáleme Candilejas-. Yo pensé: El cipote llorón y la china que lo pellizca. Y después de dedicarle a la consagrada actriz esa pieza de Charles Chaplín, la hice cómplice de mi primera tonada romántica.
Nena fue escrita en el viejo piano de la casa esquinera de mis padres. La compuse como un homenaje a la novia somoteña, que me convirtió en el padre de dos hijos ejemplares que hoy son mi orgullo: Carlos Alberto y Jorge Eduardo Mejía Peralta. Para Ariana, que sigue siendo mi mejor amiga, este bolerito dulzón que, con la Orquesta de Raúl Traña Ocampo, estrenó en su voz el cantor colombiano César Andrade.
NENA
Letra y Música
Carlos Mejía Godoy
Nena
apenas me conoces
Y sin embargo somos
Amigos desde ayer
Nena
Te acuerdas de las noches aquellas
Nos íbamos en busca de estrellas
Hasta el amanecer
Una vez en la bruma
Quebraste tu ilusión juvenil
Creiste que la luna
Era una mariposa para ti
Nena
Quiero besar de nuevo
Tu boina de colegio
Tus libros de estudiar
Nena
Aprendamos ahora en silencio
En el aula del tiempo
La lección de sabernos amar
Y el Verbo se hizo Canto
LOS ORINES DEL NIÑO
Uno de los géneros musicales de Nicaragua más originales, es el llamado Son de Pascua. Como su nombre lo indica, está profundamente vinculado a nuestra Navidad criolla, aún no contaminada por toda la parafernalia de Santaclauses, trineos y muñecos de nieve, totalmente ajenos a nuestra identidad.
Los Pases del Niño, las Pastorelas y los preciosos Nacimientos o Misterios de antaño, han ido desapareciendo, para dar paso a una celebración globalizada, totalmente divorciada de nuestra auténtica religiosidad popular.
Menos mal que la Gritería y nuestra Purísimas sólo se celebran en Nicaragua. Si fuese una celebración universal, nuestros bellísimos cantos a la Virgen ya estarían traducidos al inglés o habrían sido mutilados por las transnacionales.
Pero volvamos a nuestro Son de Pascua. Debemos sentirnos orgullosos de sabernos dueños de un Patrimonio Musical Navideño, único en su género. Aunque asumo el riesgo de parecer un “trasnochado chovinista”, me atrevo a asegurar que somos el país del mundo, con mayor cantidad de villancicos propios. Sólo la familia Vega de Masaya (los Vega-Ráudez, los Vega-Matus y los Vega Jiménez) suman más de doscientos Sones de Pascua. Si agregamos las creaciones de Carlos Ramírez Velásquez, Alberto Gutiérrez Laguna, Los Urroz, Los Ibarra y los más nuevos como Luis Andino, podemos contabilizar más de quinientas obras, que, aunque en su mayoría no tienen letra, son- verdaderas joyas melódicas de nuestra Navidad mestiza.
Y para darle continuidad a esta hermosa herencia, que en 1971 inicié con El Gajo de Chilincocos, aquí les entrego mi más reciente Son de Pascua:
LOS ORINES DEL NIÑO
Son de Pascua
Letra y Música Carlos Mejía Godoy
A finales de diciembre
después de la Navidad
siempre cae un aguacero
llenando los cerros de felicidad
-Esa agüita es milagrienta!
dice doña Soledad
y en el patio de don Toño
sonríe el madroño y se pone a cantar
Dice mi abuelita, siempre fervorosa
mientras se santigua mirando llover:
-Hoy te doy permiso chavalo carrizo
anda remojate y dejá de joder
-Abuelita, tengo tos de perro
y si me remojo me da un patatús
-Muchacho baboso, esta lluvia es bendita
porque es la miadita del Niño Jesús
Uno de los géneros musicales de Nicaragua más originales, es el llamado Son de Pascua. Como su nombre lo indica, está profundamente vinculado a nuestra Navidad criolla, aún no contaminada por toda la parafernalia de Santaclauses, trineos y muñecos de nieve, totalmente ajenos a nuestra identidad.
Los Pases del Niño, las Pastorelas y los preciosos Nacimientos o Misterios de antaño, han ido desapareciendo, para dar paso a una celebración globalizada, totalmente divorciada de nuestra auténtica religiosidad popular.
Menos mal que la Gritería y nuestra Purísimas sólo se celebran en Nicaragua. Si fuese una celebración universal, nuestros bellísimos cantos a la Virgen ya estarían traducidos al inglés o habrían sido mutilados por las transnacionales.
Pero volvamos a nuestro Son de Pascua. Debemos sentirnos orgullosos de sabernos dueños de un Patrimonio Musical Navideño, único en su género. Aunque asumo el riesgo de parecer un “trasnochado chovinista”, me atrevo a asegurar que somos el país del mundo, con mayor cantidad de villancicos propios. Sólo la familia Vega de Masaya (los Vega-Ráudez, los Vega-Matus y los Vega Jiménez) suman más de doscientos Sones de Pascua. Si agregamos las creaciones de Carlos Ramírez Velásquez, Alberto Gutiérrez Laguna, Los Urroz, Los Ibarra y los más nuevos como Luis Andino, podemos contabilizar más de quinientas obras, que, aunque en su mayoría no tienen letra, son- verdaderas joyas melódicas de nuestra Navidad mestiza.
Y para darle continuidad a esta hermosa herencia, que en 1971 inicié con El Gajo de Chilincocos, aquí les entrego mi más reciente Son de Pascua:
LOS ORINES DEL NIÑO
Son de Pascua
Letra y Música Carlos Mejía Godoy
A finales de diciembre
después de la Navidad
siempre cae un aguacero
llenando los cerros de felicidad
-Esa agüita es milagrienta!
dice doña Soledad
y en el patio de don Toño
sonríe el madroño y se pone a cantar
Dice mi abuelita, siempre fervorosa
mientras se santigua mirando llover:
-Hoy te doy permiso chavalo carrizo
anda remojate y dejá de joder
-Abuelita, tengo tos de perro
y si me remojo me da un patatús
-Muchacho baboso, esta lluvia es bendita
porque es la miadita del Niño Jesús
7 oct 2009
"La Nicaragua Linda"disponible en linea! Nuevo disco!
Nicatunes ha publicado un nuevo disco de Carlos Mejia Godoy titulado "La Nicaragua Linda", disponible solamente en linea a traves de www.nicatunes.com
http://www.nicatunes.com/#mejiagodoy/lanicaragualinda
El disco contiene las siguientes canciones
La Nicaragua Linda
El Burrito Somoteno
Mi Patria Bendita
Nicaragua, Nicaraguita
Los Nicas de San Pancho
Viva el Boer
Declaracion de Amor a Masaya
Los Orines del Nino
Soy Nicaraguense, Gueguense
Yo te amo, Nicaragua
La Quiebraplata
En esta Navidad
http://www.nicatunes.com/#mejiagodoy/lanicaragualinda
El disco contiene las siguientes canciones
La Nicaragua Linda
El Burrito Somoteno
Mi Patria Bendita
Nicaragua, Nicaraguita
Los Nicas de San Pancho
Viva el Boer
Declaracion de Amor a Masaya
Los Orines del Nino
Soy Nicaraguense, Gueguense
Yo te amo, Nicaragua
La Quiebraplata
En esta Navidad
18 mar 2009
Y EL VERBO SE HIZO CANTO: EL SANTO (Misa Campesina Nicaragüense)
Cuando regresé de Solentiname, a fines de Septiembre de1974, ya había avanzado en la creación de esta obra colectiva, a la que estaba dedicado con creciente entusiasmo. Al llegar a mi casita de la Comarca Nejapa, el Indio Pan de Rosa agitaba en sus manos algo que parecía un documento urgente, a juzgar por el alarido desde la pavimentada: -Carlichín, aquí te mandan de la Corporancia. El indio se refería a la Corporación, donde solía recibir mi correspondencia.
-Un cobro- pensé.- Mejor me hubiera quedado en Solentiname, para librarme de los “tábanos”. Pero me equivoqué. Se trataba de una de las cartas más hermosas que he recibido en toda mi vida. La transcribo textualmente, conservando la ortografía original, para que ustedes capten el verdadero espíritu de lo que considero una joya epistolar.
Muy estimado amigo Carlos Megilla Godoy.
Biera que alegre me puse cuando supe que andubo aquí en Palacagüina ase dos semanas. Me bine desde la Plazuela una comarca de este municipio para tener una platiquita con usté. Pero digo que torsido, porque en yegando y me cuentan que vino rapidito y se fue bolando. Soy delegado de la palabra y somos perseguidos por esparsir el evengelio pero confiamos en el Señor y seguimos en la lucha. Me contó Serefino Montoya que uste anda enpatinado con la tema de una misa nueva echa por campesinos. No soy compositor, pero allá en La Plazuela me dicen El Pueta, porque soy el que se rifa en los Testamentos de Judas y soy el que arma El Mártir del Gólgota con unos actores de Pueblo Nuevo. Si le sirven esos versesitos para El Santo de su misa, ay se los presto para que me los devuelva con musiquita. Soy de uste servidor en Cristo
Santo sos Jesucito Justiniano Matey
Desde Belén al Golgota
Santa tu sangre bendita
Hasta la última gota.
Vos sos el Dios de ñeque
Santo Dios inmortal
Vos sos tres veces santo
Libranos del tirano
Hechura de Satán
Lo que más me gustó fue el cambio de acento en la Palabra “Gólgota”. Para que le rimara con “gota”, le quitó la tilde y le puso “Golgóta” (Obviamente, siendo “grave” no se acentúa, pero lo hago para que observemos claramente el uso de la “licencia poética”).
Justiniano Matey murió, víctima de la represión somocista. Sus versos me inspiraron el texto para El Santo de nuestra Misa Campesina
SANTO
Misa Campesina Nicaragüense
Letra y Música
Carlos Mejía Godoy
Por todos los caminos
veredas y cañadas
diviso jesucristo
la luz de tu verdad
Vos sos tres veces Santo
vos sos tres veces justo
libéranos del yugo
danos la libertad
Vos sos el Dios parejo
no andas con carambadas
vos sos hombre de ñeques
el mero tayacán
Vos sos tres veces santo
vos sos tres veces justo
libéranos del yugo
danos la libertad
-Un cobro- pensé.- Mejor me hubiera quedado en Solentiname, para librarme de los “tábanos”. Pero me equivoqué. Se trataba de una de las cartas más hermosas que he recibido en toda mi vida. La transcribo textualmente, conservando la ortografía original, para que ustedes capten el verdadero espíritu de lo que considero una joya epistolar.
Muy estimado amigo Carlos Megilla Godoy.
Biera que alegre me puse cuando supe que andubo aquí en Palacagüina ase dos semanas. Me bine desde la Plazuela una comarca de este municipio para tener una platiquita con usté. Pero digo que torsido, porque en yegando y me cuentan que vino rapidito y se fue bolando. Soy delegado de la palabra y somos perseguidos por esparsir el evengelio pero confiamos en el Señor y seguimos en la lucha. Me contó Serefino Montoya que uste anda enpatinado con la tema de una misa nueva echa por campesinos. No soy compositor, pero allá en La Plazuela me dicen El Pueta, porque soy el que se rifa en los Testamentos de Judas y soy el que arma El Mártir del Gólgota con unos actores de Pueblo Nuevo. Si le sirven esos versesitos para El Santo de su misa, ay se los presto para que me los devuelva con musiquita. Soy de uste servidor en Cristo
Santo sos Jesucito Justiniano Matey
Desde Belén al Golgota
Santa tu sangre bendita
Hasta la última gota.
Vos sos el Dios de ñeque
Santo Dios inmortal
Vos sos tres veces santo
Libranos del tirano
Hechura de Satán
Lo que más me gustó fue el cambio de acento en la Palabra “Gólgota”. Para que le rimara con “gota”, le quitó la tilde y le puso “Golgóta” (Obviamente, siendo “grave” no se acentúa, pero lo hago para que observemos claramente el uso de la “licencia poética”).
Justiniano Matey murió, víctima de la represión somocista. Sus versos me inspiraron el texto para El Santo de nuestra Misa Campesina
SANTO
Misa Campesina Nicaragüense
Letra y Música
Carlos Mejía Godoy
Por todos los caminos
veredas y cañadas
diviso jesucristo
la luz de tu verdad
Vos sos tres veces Santo
vos sos tres veces justo
libéranos del yugo
danos la libertad
Vos sos el Dios parejo
no andas con carambadas
vos sos hombre de ñeques
el mero tayacán
Vos sos tres veces santo
vos sos tres veces justo
libéranos del yugo
danos la libertad
4 mar 2009
Y EL VERBO SE HIZO CANTO: EL OFERTORIO (MISA CAMPESINA NICARAGUENSE)
“Con los bejucos de estos brazos mantengo a la Maura y a mis cinco chateles. Por eso, lo único que le ofrezco al Colochón es esta energía y este entusiasmo, para seguir batallando en el trajín de cada día allá en Las Jagüitas”
El que hablaba se llamaba Olegario Sunsín. Apunté su nombre y después de la Misa lo busqué para seguir conversando con él. Su testimonio me llegó hasta la cal de los huesos. Después habló Feliciano Pavón, afilador en El Oriental. Doña Emérita Laragespada, que es fundadora del Barrio y Don Crisóstomo Trejos, que perdió un brazo en la Fiesta de Santo Domingo: “Por pendejo- explicó- porque andaba con mis farolazos.Y en vez de tirar la bomba, tiré el tizón”.
El Padre Uriel Molina, Párroco de la Iglesia Santa María de los Angeles, en el Barrio Riguero, levantó el micrófono inalámbrico y preguntó: -Alguien quiere decir algo?-
Una señora que frisaba los setenta años alzó su mano temblorosa y después de aliñarse el rebozo negro, dijo con voz temblorosa: “ Vivíamos con mi marido en Terrabona. El estaba organizado en una cooperativa y una noche llegaron a buscarlo con una patrulla y un Juez de Mesta. Escondí a mis hijos en la troje y a mí me culatearon hasta dejarme inconsciente. Haste ese día yo le pedía a Sinforoso que dejara de meterse en esas cosas. Pero cuando me lo dieron por desaparecido, yo juré “ por esta santa cruz” seguir luchando como Delegada de la Palabra, llevando el mensaje que el Padrecito Jorge, “el Griego”, nos enseñaba en las misas dominicales. Ahora vivo en Managua, porque mi hermana me fue a traer. Dejé abandonada la milpa, el frijolar y la ranchita que con tanto sacrificio habíamos levantado. Mis hijos andan en el monte. Yo le ofrezco a mi Señor Jesús lo único que me queda: la sangre de mis dos chavalos”
En la mesita humilde frente al altar, sobre un mantelito de cuadros rojos, había una cabeza de guineos verdes, una pana repleta de tomates, una cabeza de cebollas, tres tusas con “huevitos de amor”
y una botella de jicote-del-país. Yo apunté la lista de las ofrendas en una envoltura de cigarrillos. Pero en el rincón más hondo de mi corazón guardé lo más importante: los testimonios de aquella gente humilde, digna y trabajadora que, pese a la represión de la guardia somocista, se integraron a la lucha por la liberación de nuestra Patria.
Terminada la Eucaristía, el Padre Uriel me preguntó cómo iba la Misa Campesina. Saqué el papelito y agitándolo, como un barrilete cumiche, le dije rebosante de júbilo: “Aquí llevo El Ofertorio. Sólo me falta ponerle la musiquita”.
OFERTORIO
Letra y Música:
Carlos Mejía Godoy
Obreros y campesinos
Con el pan y el vino
Te ofrecemos hoy
Los chilincocos y almendros
Que montaña adentro
Nuestra tierra dio
Los caimitos bien morados
Los mangos pintados
De luna y de sol
Los pipianes, los ayotes
La miel de jicote
La chiche-coyol
YO TE OFREZCO SEÑOR
EN ESTA MISA
EL TRAJIN DE CADA DIA
TODA LA ENERGIA
QUE DA MI SUDOR
YO TE OFREZCO SEÑOR
MI TRABAJO ENTERO
LOS BEJUCOS DE MIS BRAZOS
Y EL VIVO ENTUSIASMO
DE MI CORAZON
LA CLASE TRABAJADORA
QUE DESDE LA AURORA
BUSCA SU LABOR
DESDE EL ARADO TE CANTA
DESDE CAD ANDAMIO
Y HASTA DEL TRACTOR
ALBAÑILES, CARPINTEROS
Sastres, jornaleros
Todos por igual
Herreros y estibadores
Y los lustradores
Del Parque Central
El que hablaba se llamaba Olegario Sunsín. Apunté su nombre y después de la Misa lo busqué para seguir conversando con él. Su testimonio me llegó hasta la cal de los huesos. Después habló Feliciano Pavón, afilador en El Oriental. Doña Emérita Laragespada, que es fundadora del Barrio y Don Crisóstomo Trejos, que perdió un brazo en la Fiesta de Santo Domingo: “Por pendejo- explicó- porque andaba con mis farolazos.Y en vez de tirar la bomba, tiré el tizón”.
El Padre Uriel Molina, Párroco de la Iglesia Santa María de los Angeles, en el Barrio Riguero, levantó el micrófono inalámbrico y preguntó: -Alguien quiere decir algo?-
Una señora que frisaba los setenta años alzó su mano temblorosa y después de aliñarse el rebozo negro, dijo con voz temblorosa: “ Vivíamos con mi marido en Terrabona. El estaba organizado en una cooperativa y una noche llegaron a buscarlo con una patrulla y un Juez de Mesta. Escondí a mis hijos en la troje y a mí me culatearon hasta dejarme inconsciente. Haste ese día yo le pedía a Sinforoso que dejara de meterse en esas cosas. Pero cuando me lo dieron por desaparecido, yo juré “ por esta santa cruz” seguir luchando como Delegada de la Palabra, llevando el mensaje que el Padrecito Jorge, “el Griego”, nos enseñaba en las misas dominicales. Ahora vivo en Managua, porque mi hermana me fue a traer. Dejé abandonada la milpa, el frijolar y la ranchita que con tanto sacrificio habíamos levantado. Mis hijos andan en el monte. Yo le ofrezco a mi Señor Jesús lo único que me queda: la sangre de mis dos chavalos”
En la mesita humilde frente al altar, sobre un mantelito de cuadros rojos, había una cabeza de guineos verdes, una pana repleta de tomates, una cabeza de cebollas, tres tusas con “huevitos de amor”
y una botella de jicote-del-país. Yo apunté la lista de las ofrendas en una envoltura de cigarrillos. Pero en el rincón más hondo de mi corazón guardé lo más importante: los testimonios de aquella gente humilde, digna y trabajadora que, pese a la represión de la guardia somocista, se integraron a la lucha por la liberación de nuestra Patria.
Terminada la Eucaristía, el Padre Uriel me preguntó cómo iba la Misa Campesina. Saqué el papelito y agitándolo, como un barrilete cumiche, le dije rebosante de júbilo: “Aquí llevo El Ofertorio. Sólo me falta ponerle la musiquita”.
OFERTORIO
Letra y Música:
Carlos Mejía Godoy
Obreros y campesinos
Con el pan y el vino
Te ofrecemos hoy
Los chilincocos y almendros
Que montaña adentro
Nuestra tierra dio
Los caimitos bien morados
Los mangos pintados
De luna y de sol
Los pipianes, los ayotes
La miel de jicote
La chiche-coyol
YO TE OFREZCO SEÑOR
EN ESTA MISA
EL TRAJIN DE CADA DIA
TODA LA ENERGIA
QUE DA MI SUDOR
YO TE OFREZCO SEÑOR
MI TRABAJO ENTERO
LOS BEJUCOS DE MIS BRAZOS
Y EL VIVO ENTUSIASMO
DE MI CORAZON
LA CLASE TRABAJADORA
QUE DESDE LA AURORA
BUSCA SU LABOR
DESDE EL ARADO TE CANTA
DESDE CAD ANDAMIO
Y HASTA DEL TRACTOR
ALBAÑILES, CARPINTEROS
Sastres, jornaleros
Todos por igual
Herreros y estibadores
Y los lustradores
Del Parque Central
16 feb 2009
El habla nicaragüense en la creación musical de Carlos Mejía Godoy
(Discurso de bienvenida, por su ingreso a la Academia Nicaragüense de la Lengua como miembro correspondiente, a Carlos Mejía Godoy)
Róger Matus Lazo
Aunque lo conocía de cerca por sus canciones que armaban alboroto en el corazón de las multitudes, no fue sino hasta 1975 cuando tuve trato personal con Carlos Mejía Godoy. Fue en mi pueblo natal, San Pedro de Lóvago, un pequeño paraíso de mujeres bellas y gente humilde y honrada, enclavado en el corazón de Chontales. Hasta allá llegó Carlos para entrevistarme sobre un tema que le sigue dando vueltas y revueltas en el guacal de la cabeza: el habla nicaragüense. Yo acababa de publicar mi primer libro sobre el habla del ganadero chontaleño y don Pablo Antonio Cuadra, a quien le había enviado un ejemplar, lo había dado a conocer con gran despliegue en La Prensa Literaria.
El interés de Carlos, sobre todo, era grabar para retransmitir en su programa dominical de Radio Corporación algunas “descripciones” del habla del ganadero chontaleño registradas en el libro; por ejemplo: “Cómo castrar un toro”, “Cómo escogen el nombre propio a una vaca”, “Una fiesta patronal”, “Una fierra”, “Un rodeo”, “Un caballo campisto”… Así pude disfrutar, pocos días después y en la propia voz de Carlos, las expresiones espontáneas del chontaleño que adquirían con el tono y la picardía del cantautor toda la fuerza y la expresividad del habla de aquellas gentes.
Dice un lingüista sueco, Bertil Malmberg, que la lengua es la persona. No se puede conocer a la persona si no se conoce su lengua. Por eso, muchos investigadores del habla nicaragüense --nacionales y extranjeros-- han realizado importantes estudios sobre nuestra manera de decir las cosas como las decimos y como mejor nos parece que las decimos, es decir, con las palabras y expresiones que nos sirven mejor para expresar y sobre todo representar una realidad que está en lucha con el hombre y con la vida.
En Nicaragua, muchos estudiosos de nuestra habla han incursionado en investigaciones varias, desde Juan Eligio de la Rocha (1859) – el primer investigador de nuestras lenguas indígenas y el primer gramático nicaragüense- hasta la doctora María Auxiliadora Rosales Solís con su Atlas lingüístico (2008), una obra pionera que describe científicamente cómo pronunciamos el español en Nicaragua.
Y hay también escritores –poetas y sobre todo narradores- que no estudian la lengua como expresión viva de una colectividad, sino que se imponen la faena de escribir sus obras en las que tratan de recrear hechos y vivencias del pueblo, poniendo en boca de sus personajes esa habla y esa manera de ser que los identifica y define en sus costumbres y creencias y valores.
Porque no hay que olvidar que la cultura popular ha sido la base del resto de nuestra cultura, y que ha sido la gente de los pueblos, a pesar de esa condición de iletradas con que se les suele etiquetar, las que se han afanado en conservar todo ese patrimonio en su memoria y se han encargado de pasarlo de boca en boca, de generación en generación, hasta entregarnos con sus modos de vida, sus costumbres y su lengua un verdadero acervo cultural.
Es evidente que las canciones no son lo mismo que la literatura. Los modos de recepción y la naturaleza misma de ambos discursos son diferentes. El ámbito cultural en el que se inscriben es, asimismo, distinto. Modernos estudios consideran la canción popular como un vehículo importantísimo de cultura, cuyo análisis permite arrojar luces acerca de fenómenos identitarios, psicosociales, políticos, antropológicos, estéticos y lingüísticos de la sociedad en que surgen. En el cancionero es posible encontrar fragmentos alternativos de historia cotidiana, identificar elementos significativos del imaginario colectivo, y hasta rescatar textos y expresiones populares.
Éste es el aspecto que nos interesa por ahora destacar en Carlos Mejía Godoy: el habla nicaragüense en su creación musical. Porque, consciente de la importancia y valor del uso del habla del pueblo, Carlos recurre a este expediente insustituible para exteriorizar las interioridades de una colectividad, poniendo en boca de sus personajes el habla descarnada de nuestro pueblo, que aprende la lengua a su modo: afirma sus gustos y preferencias, selecciona según su criterio y recurre a las formas que mejor se acomodan a sus posibilidades expresivas. Rasgos de una oralidad que, lejos de censurarse con criterios normativos, merece todo el respeto como expresión auténtica de una cultura, la cultura popular.
“Quiero empezar explicando que no soy filólogo, ni erudito en cosas de la lengua”, nos cuenta Carlos. “Simplemente, soy un profundo enamorado del habla popular nicaragüense”, continúa. Y luego, como quien no quiere la cosa, agrega: “Y a lo único que me he atrevido es a insertar en los versos de mis canciones: palabras, modismos, refranes… es decir toda la magia verbal que he recogido en estos treinta y cinco años de trova y juglería popular a lo largo y ancho de mi Nicaragua”.
Una declaración de principios que tiene su razón de ser en una fecunda y versátil creación musical, un recorrido asombroso todavía no superado por ninguno de nuestros mejores compositores: desde “Alforja campesina”, el son nica inaugural y su primer galardón artístico en el Colegio “Calasanz”, cuando apenas frisaba los dieciocho años, hasta la más reciente composición “La Nicaragua linda”, una balada inédita que se junta con el son nica. Pero entre una y otra, hay más de cuarenta años de prodigio musical; porque valses, polkas, corridos, pasillos, rancheras, habaneras, mazurcas, sones de pascua, sones de toros y muchos otros ritmos han recorrido los caminos de Nicaragua y el mundo, y han entrado en los hogares y han llenado las calles y parques, y han remontado el vuelo de la gloria.
Sus personajes - reales o inventados - lo atestiguan, sobre todo aquellos a quienes pinta y repinta con el color de la tierra y los menciona con designaciones cariñosas, eufemísticas o afectivas: La Maruca, Lencho y Mincho (en Navidad en Libertad), la Tula Cuecho, Tata Bucho, Chinto Jiñocuago, Panchito Escombros y Quincho Barrilete (en las canciones homónimas), Mingo (en María de los Guardias), Chu Zabaleta y la Colacha (en La guitarra y la mujer), Chepe Pavón (en El Cristo de Palacagüina), Pancho Cajina y La Pilucha Bonilla (en Panchito Escombros), Licho Mondragón (en La quebradita), la Tencha Alanís y la María Teté (en Antojitos nicaragüenses), Chepe Salmerón y Mundo Sandoval (en Comadre, téngame al niño), Chico Toval (en Que viva Managua), Mercho Moraga y la Nacha Bustillo (en El chiripazo), la Conchita Pravia (en Cuando la Marucha llegó al Cielo), don Nelo (en La hacienda de don Nelo), Chente Urroz (en Fulgencio el Carretero) y la Moncha (en Beatriz la meretriz).
Su doble vertiente artística --la culta y la popular-- se funden en un solo canto, pero con la lengua del pueblo, que es la que ha aprendido de las gentes de todos los caminos de Nicaragua y es también su lengua habitual y su auténtico modo de decir. Pero su garganta, que se nutre de esos hallazgos espontáneos del habla nicaragüense, prefiere primero partir de la raíz, de la voz indígena. Porque la lengua materna de la primera generación de mestizos era la materna, la lengua madre –la de la madre- la lengua de sus madres, la madre indígena, la lengua indígena. Así encontramos en las canciones de Carlos voces del maya (como chele), del ulwa (como cavanga) y del mangue (como ñeque).
Pero es el náhuatl su verdadera fuente nutriz. Y la primera palabra que anotamos es pepenar, un verbo que los conquistadores se apuraron por aprender para poder designar la acción de recoger frutos y cosas menudas; los adjetivos alaste, celeque, chingo y jayán, esa voz que compartimos con los salvadoreños; y sobre todo los sustantivos huacal, cotona, comal, molote, chinamo, pinol, jilinjoche, maritates, tayacán, talalate, pacha, chigüín, una chicharra llamada chiquirín y tapesco, ese vocablo que aparece muy bien plantado en el hijo adoptivo de la Carmen Aseada:
Por Cristo que sos mi mamita y esto de agorita no puede salir
Acostate hijo en el tapesco tranquilo y el resto dejámelo a mí (La Carmen Aseada)
No hay lengua que tenga voces para todo y por eso Carlos recurre al préstamo lingüístico para llenar una necesidad idiomática o matizar semánticamente un vocablo como este que empleamos a cada rato y que tiene su lugar en La Tula Cuecho:
Si está inspirada de una sentada/Destruye la honra del más haylaif (La Tula Cuecho)
O voces del deporte como tubey y jonrón, peleas como clinche, la metiche Gringolandia, el chequearse que decimos desde que amanece, el omnipresente cachimberboy y estos dos en Beatriz la Meretriz:
Will Potoy, Miami-boy/Acaba de venir de la Yunai (Beatriz la Meretriz)
Otro recurso importante de Carlos es el empleo de palabras anticuadas en lugar de otras de uso contemporáneo. Son arcaísmos que reviven usos desaparecidos de la lengua común, para lograr efectos de enriquecimiento lexical o describir ambientes rurales o recrear épocas pasadas o caracterizar personajes populares:
Venía cantando/No sé qué tonada cuando yo la vide (Cuando yo la vide)
O el adverbio agora, en lugar de ahora:
Por Cristo que sos mi mamita y esto de agorita no puede salir (La Carmen Aseada)
O el adverbio enantes, en lugar de antes:
Enantes perdí la inocencia/Por las inquirencias del teniente Cosme (María de los guardias)
Figuran también americanismos de uso corriente en el habla popular nicaragüense como ruletero, macanudo, chúcaro y tata; y centroamericanismos como fajarse, guaro, bolo, caite y este bayunco de la Tula Cuecho:
…que tenés la maña de hacerle caritas a cualquier bayunco… (La Tula Cuecho)
Y no faltan voces ya muy poco empleadas como descoger; o palabras que van desapareciendo como alistado y carrilera; o términos del malespín como pofi; u onomatopeyas como la expresiva rifi-rafa; o vocablos que designan defectos o imperfecciones como ñajo, chueco y estos tres que van en fila:
Así pispireto, mancuncho y corneto/Me quiero casar (Antojitos nicaragüenses)
El lenguaje --como la vida misma-- está constantemente haciéndose y rehaciéndose en un proceso dinámico de renovación y cambio.
Porque una lengua no es algo ya hecho, un producto estático y acabado, sino un conjunto de “modos de hacer”. Y es que los hablantes, en su enfrentamiento con la realidad cotidiana, requieren a veces designar objetos, hechos, etc. Es decir, “realidades” que necesitan ser designadas porque son nuevas o porque se han ido matizando de nuevas significaciones De modo que no sólo la creación de nuevas cosas da lugar a nuevas palabras, sino que también el surgimiento de nuevas necesidades expresivas entre los hablantes, quienes colorean las mismas palabras existentes en la lengua con matices generalmente cargados de afectividad, que es –como afirma Vicente García de Diego- “creadora y rectora del lenguaje y de la vida”.
El cambio que experimenta un término es, como afirma Dubois, “la característica más importante del lenguaje”. Y el nicaragüense, como sabemos, es un gran creador de palabras y expresiones urgido siempre de nuevos significados, y un especialista en resemantizar vocablos y ampliar los sentidos para ajustar matices y recrear posibilidades expresivas; un recurso lógico y utilísimo en la lengua como instrumento de comunicación en toda la extensión del dominio lingüístico, y un procedimiento eficaz para su enriquecimiento y desarrollo.
Por eso nos llama la atención el empleo de voces con un nuevo contenido semántico como chiripa, que hemos usado como un golpe de suerte y que nuestro cantautor le asigna un nuevo significado. Y todo porque la Juana María salió embarazada por pura chiripa. Oigamos a Carlos:
Ya está con achaques y con vascas secas la Juana María
Ya tiene pelones los mangos celeques y los marañones
Desde que le viene creciendo y creciendo la enorme chiripa (El chiripazo)
Encalichado es un adjetivo, a nuestro entender, que tiene dos acepciones: uno, que anda con algunos tragos entre pecho y espalda, y dos, rellenos de los enladrillados. De aquí toma Carlos la base para el nuevo significado que emplea en la “Comunión”, de la Misa Campesina:
Los pescaditos del lago/Nos quieren acompañar/Y brincan a todos lados/Como encalichados/de fraternidad (Comunión de la Misa Campesina)
La lengua culta responde más al criterio de unidad hispánica, y se somete con mayor disciplina a las normas que aseguran esa unidad. Pero la lengua popular y familiar tiene un color local y es más vivaz y espontánea, pero sobre todo viva y por eso afectiva: está íntimamente ligada a nuestras emociones y voliciones, ansiedades y temores. ¿Cómo Carlos recoge del pueblo esas emociones y las expresa en su canto? Oigámoslo en Cuando yo la vide:
Todo tembeleque/Vi de refilón su linda pantorrilla/Quedé cecereque/Con el movimiento de su rabadilla.
Y es que para expresar los hechos, muchas veces deforma las ideas y las palabras para acomodarlas a sus propias necesidades de expresión:
Cuando yo la vide Dios mío qué embrollo/Sentía el pellejo como carne-pollo
Y Carlos recurre a la exageración, una característica del hablante nicaragüense, en un afán de impresionar al interlocutor, de impactar su sensibilidad, de encender su imaginación como impulso creador de nuestra lengua:
Al tenerla cerca me puse zurumbo/Palabra de honor que se me jueron los pulsos.
El susto, la sorpresa, el miedo, la ternura... los distintos estados de ánimo suelen reflejarse en el lenguaje, con los casi infinitos matices de la entonación, la gradación vocálica y la repetición de palabras y frases:
Yo quise decirle:/Te llevo morena a los santos altares/Pero fue imposible/Pues me charchaleaban todos los hijares/. (Cuando yo la vide)
Después del terremoto de 1972, Carlos Mejía Godoy fundó el “Taller de Sonido Popular” junto con Humberto Quintanilla, Milciades Herrera, Enrique Duarte, Silvio Linarte y Pablo Martínez Téllez (El Guadalupano); luego, se integró a las “Brigada de Salvación del Canto Nacional”, en un esfuerzo por el rescate interpretativo de muchas piezas folclóricas, una de las aportaciones más importantes –como afirma Jorge Eduardo Arellano- de la extraordinaria labor musical de Carlos Mejía Godoy, “el más fecundo de los compositores nicaragüenses durante la segunda mitad del siglo XX y nuestro cantautor de mayor proyección popular e internacional”.
De esa época data una de las mejores canciones de nuestro folclor, por su carácter anónimo, tradicional y espontáneo. Nos referimos a Son tus perjúmenes, mujer, rescatada por “Los Bisturices Armónicos”, ese grupo musical que integraron tres prestigiados médicos: César A. Ramírez Fajardo, César Zepeda Monterrey y Wilfredo Álvarez. Pero fue con Carlos con quien la pieza adquirió verdadera difusión nacional e internacional. Así supieron en España lo que es el soripello y el sulivello:
Tus labios, tus labios pétalos en jlor,/Como me soripellan (Son tus perjúmenes mujer)
Son tus perjúmenes mujer,/Los que me sulivellan (Son tus perjúmenes mujer)
Ángel Rosenblat nos recuerda que Rufino José Cuervo (1844-1911) señalaba en Bogotá el término perfumen y que encontró en una edición española de 1704 el plural perfúmenes. Nuestros campesinos dicen perjúmenes. Se trata de un cambio de sonido “f” por “j”, fenómeno común en el habla popular de Nicaragua, como el adjetivo juerano (foráneo), el adverbio ajuera (afuera) o el verbo ajueriar, que no es otra cosa que ir a hacer las necesidades fisiológicas en una burra de monte o detrás de unas matas de chagüite.
Pero esto de perjúmenes se me parece un poco a infórmenes, que se documenta también en otros países hispanoamericanos, como Venezuela. Rosenblat, en sus Estudios sobre el habla de Venezuela, nos refiere una anécdota. Resulta que a un poeta humorístico de fines del siglo XIX, Alejandro Romanece, lo acusaban de ser autor de una hoja anónima. El Gobernador de Carabobo lo convocó a su despacho:
-Tengo infórmenes de que usted escribió el anónimo.
-Esos son chísmenes, General.
Resulta agotadora la tarea de inventariar todos los nicaragüensismos y aquí nos limitaremos solamente a mencionar el sustantivo rafaila:
Batime un pinol Micaila /Porque a vos te gusta /Mover la rafaila (Batiendo pinol)
El verbo carriliar:
Por pura chiripa sin querer queriendo la fui carriliando (El chiripazo)
Y el adjetivo timbuco:
La Carmen cuidaba al timbuco / le daba bejucos y raíces de amor /Quería que el chigüín la amara/ cuando él arrimara/ a los quince de edad (La Carmen Aseada)
Para mencionarlas y sobre todo distinguirlas, el ganadero chontaleño acostumbra poner a sus vacas un nombre propio. Y para ello, cuenta con varios recursos. Cuando la vaca pare por primera vez, la conducen al corral con la cría y allí la “bautizan”, como dicen ellos. El nombre va a responder o a reflejar una característica sobresaliente en la res: La Bondadosa (si es mansa), La Cucaracha (si es baja), La Frontina (si tiene una manchita blanca en la frente), La Cabra (si tiene los cuernos hacia arriba), etc. Pero oigamos los nombres de las vacas de la hacienda de don Nelo:
La Blanca Reina, La Negra Lora, La Hermosa Dama, La Guitarrona, La Nagua Chinga, La Cachito Izquierdo, La Come Guangoche, La Revienta Pial, La Tres Pedos, La Calzón Flojo, La Güegüenchona, La Culo Loco, La que Hace Jí, La Siete Pañuelos, La Pasaste a Creer, La Sentate Bien y La Volveme a Ver de Lado. (La hacienda de don Nelo)
Se necesita, como dicen los campistos chontaleños, ser caballo juelguero para tener tanto juelgo en el pecho retenido. Por eso, esta noche – y con la humildad que me caracteriza- quiero decirles a todos ustedes que no es que me importe:
“… meterme en tu vida, pero me di cuenta que ya la barriga te viene creciendo desde que Rosendo te jugó maraña, que tenés la maña de hacerle caritas a cualquier bayunco y que hasta el cusuco de la sastrería te hizo ya el mandado hace varios días, que sos la más zángana de Zaragoza, que me parta un rayo si es falsa la cosa, pues me han confirmado que sos pispireta, que tenés dos niños de Chico Chancleta, que a don Seferino le robaste un radio, que fuiste mujer de Lorenzo y Eladio y mejor no sigo mencionando jaños, pues la agitación sólo produce daño y con esto basta para todo el año.” (La Tula Cuecho)
Bienvenido, Carlos, a esta Casa que lo recibe con honores. Recibamos, amigas y amigos, a este “trovador moderno –como dice nuestro Director - que hoy continúa vivo y constituye uno de los baluartes humanos de nuestra identidad”.
Róger Matus Lazo
Aunque lo conocía de cerca por sus canciones que armaban alboroto en el corazón de las multitudes, no fue sino hasta 1975 cuando tuve trato personal con Carlos Mejía Godoy. Fue en mi pueblo natal, San Pedro de Lóvago, un pequeño paraíso de mujeres bellas y gente humilde y honrada, enclavado en el corazón de Chontales. Hasta allá llegó Carlos para entrevistarme sobre un tema que le sigue dando vueltas y revueltas en el guacal de la cabeza: el habla nicaragüense. Yo acababa de publicar mi primer libro sobre el habla del ganadero chontaleño y don Pablo Antonio Cuadra, a quien le había enviado un ejemplar, lo había dado a conocer con gran despliegue en La Prensa Literaria.
El interés de Carlos, sobre todo, era grabar para retransmitir en su programa dominical de Radio Corporación algunas “descripciones” del habla del ganadero chontaleño registradas en el libro; por ejemplo: “Cómo castrar un toro”, “Cómo escogen el nombre propio a una vaca”, “Una fiesta patronal”, “Una fierra”, “Un rodeo”, “Un caballo campisto”… Así pude disfrutar, pocos días después y en la propia voz de Carlos, las expresiones espontáneas del chontaleño que adquirían con el tono y la picardía del cantautor toda la fuerza y la expresividad del habla de aquellas gentes.
Dice un lingüista sueco, Bertil Malmberg, que la lengua es la persona. No se puede conocer a la persona si no se conoce su lengua. Por eso, muchos investigadores del habla nicaragüense --nacionales y extranjeros-- han realizado importantes estudios sobre nuestra manera de decir las cosas como las decimos y como mejor nos parece que las decimos, es decir, con las palabras y expresiones que nos sirven mejor para expresar y sobre todo representar una realidad que está en lucha con el hombre y con la vida.
En Nicaragua, muchos estudiosos de nuestra habla han incursionado en investigaciones varias, desde Juan Eligio de la Rocha (1859) – el primer investigador de nuestras lenguas indígenas y el primer gramático nicaragüense- hasta la doctora María Auxiliadora Rosales Solís con su Atlas lingüístico (2008), una obra pionera que describe científicamente cómo pronunciamos el español en Nicaragua.
Y hay también escritores –poetas y sobre todo narradores- que no estudian la lengua como expresión viva de una colectividad, sino que se imponen la faena de escribir sus obras en las que tratan de recrear hechos y vivencias del pueblo, poniendo en boca de sus personajes esa habla y esa manera de ser que los identifica y define en sus costumbres y creencias y valores.
Porque no hay que olvidar que la cultura popular ha sido la base del resto de nuestra cultura, y que ha sido la gente de los pueblos, a pesar de esa condición de iletradas con que se les suele etiquetar, las que se han afanado en conservar todo ese patrimonio en su memoria y se han encargado de pasarlo de boca en boca, de generación en generación, hasta entregarnos con sus modos de vida, sus costumbres y su lengua un verdadero acervo cultural.
Es evidente que las canciones no son lo mismo que la literatura. Los modos de recepción y la naturaleza misma de ambos discursos son diferentes. El ámbito cultural en el que se inscriben es, asimismo, distinto. Modernos estudios consideran la canción popular como un vehículo importantísimo de cultura, cuyo análisis permite arrojar luces acerca de fenómenos identitarios, psicosociales, políticos, antropológicos, estéticos y lingüísticos de la sociedad en que surgen. En el cancionero es posible encontrar fragmentos alternativos de historia cotidiana, identificar elementos significativos del imaginario colectivo, y hasta rescatar textos y expresiones populares.
Éste es el aspecto que nos interesa por ahora destacar en Carlos Mejía Godoy: el habla nicaragüense en su creación musical. Porque, consciente de la importancia y valor del uso del habla del pueblo, Carlos recurre a este expediente insustituible para exteriorizar las interioridades de una colectividad, poniendo en boca de sus personajes el habla descarnada de nuestro pueblo, que aprende la lengua a su modo: afirma sus gustos y preferencias, selecciona según su criterio y recurre a las formas que mejor se acomodan a sus posibilidades expresivas. Rasgos de una oralidad que, lejos de censurarse con criterios normativos, merece todo el respeto como expresión auténtica de una cultura, la cultura popular.
“Quiero empezar explicando que no soy filólogo, ni erudito en cosas de la lengua”, nos cuenta Carlos. “Simplemente, soy un profundo enamorado del habla popular nicaragüense”, continúa. Y luego, como quien no quiere la cosa, agrega: “Y a lo único que me he atrevido es a insertar en los versos de mis canciones: palabras, modismos, refranes… es decir toda la magia verbal que he recogido en estos treinta y cinco años de trova y juglería popular a lo largo y ancho de mi Nicaragua”.
Una declaración de principios que tiene su razón de ser en una fecunda y versátil creación musical, un recorrido asombroso todavía no superado por ninguno de nuestros mejores compositores: desde “Alforja campesina”, el son nica inaugural y su primer galardón artístico en el Colegio “Calasanz”, cuando apenas frisaba los dieciocho años, hasta la más reciente composición “La Nicaragua linda”, una balada inédita que se junta con el son nica. Pero entre una y otra, hay más de cuarenta años de prodigio musical; porque valses, polkas, corridos, pasillos, rancheras, habaneras, mazurcas, sones de pascua, sones de toros y muchos otros ritmos han recorrido los caminos de Nicaragua y el mundo, y han entrado en los hogares y han llenado las calles y parques, y han remontado el vuelo de la gloria.
Sus personajes - reales o inventados - lo atestiguan, sobre todo aquellos a quienes pinta y repinta con el color de la tierra y los menciona con designaciones cariñosas, eufemísticas o afectivas: La Maruca, Lencho y Mincho (en Navidad en Libertad), la Tula Cuecho, Tata Bucho, Chinto Jiñocuago, Panchito Escombros y Quincho Barrilete (en las canciones homónimas), Mingo (en María de los Guardias), Chu Zabaleta y la Colacha (en La guitarra y la mujer), Chepe Pavón (en El Cristo de Palacagüina), Pancho Cajina y La Pilucha Bonilla (en Panchito Escombros), Licho Mondragón (en La quebradita), la Tencha Alanís y la María Teté (en Antojitos nicaragüenses), Chepe Salmerón y Mundo Sandoval (en Comadre, téngame al niño), Chico Toval (en Que viva Managua), Mercho Moraga y la Nacha Bustillo (en El chiripazo), la Conchita Pravia (en Cuando la Marucha llegó al Cielo), don Nelo (en La hacienda de don Nelo), Chente Urroz (en Fulgencio el Carretero) y la Moncha (en Beatriz la meretriz).
Su doble vertiente artística --la culta y la popular-- se funden en un solo canto, pero con la lengua del pueblo, que es la que ha aprendido de las gentes de todos los caminos de Nicaragua y es también su lengua habitual y su auténtico modo de decir. Pero su garganta, que se nutre de esos hallazgos espontáneos del habla nicaragüense, prefiere primero partir de la raíz, de la voz indígena. Porque la lengua materna de la primera generación de mestizos era la materna, la lengua madre –la de la madre- la lengua de sus madres, la madre indígena, la lengua indígena. Así encontramos en las canciones de Carlos voces del maya (como chele), del ulwa (como cavanga) y del mangue (como ñeque).
Pero es el náhuatl su verdadera fuente nutriz. Y la primera palabra que anotamos es pepenar, un verbo que los conquistadores se apuraron por aprender para poder designar la acción de recoger frutos y cosas menudas; los adjetivos alaste, celeque, chingo y jayán, esa voz que compartimos con los salvadoreños; y sobre todo los sustantivos huacal, cotona, comal, molote, chinamo, pinol, jilinjoche, maritates, tayacán, talalate, pacha, chigüín, una chicharra llamada chiquirín y tapesco, ese vocablo que aparece muy bien plantado en el hijo adoptivo de la Carmen Aseada:
Por Cristo que sos mi mamita y esto de agorita no puede salir
Acostate hijo en el tapesco tranquilo y el resto dejámelo a mí (La Carmen Aseada)
No hay lengua que tenga voces para todo y por eso Carlos recurre al préstamo lingüístico para llenar una necesidad idiomática o matizar semánticamente un vocablo como este que empleamos a cada rato y que tiene su lugar en La Tula Cuecho:
Si está inspirada de una sentada/Destruye la honra del más haylaif (La Tula Cuecho)
O voces del deporte como tubey y jonrón, peleas como clinche, la metiche Gringolandia, el chequearse que decimos desde que amanece, el omnipresente cachimberboy y estos dos en Beatriz la Meretriz:
Will Potoy, Miami-boy/Acaba de venir de la Yunai (Beatriz la Meretriz)
Otro recurso importante de Carlos es el empleo de palabras anticuadas en lugar de otras de uso contemporáneo. Son arcaísmos que reviven usos desaparecidos de la lengua común, para lograr efectos de enriquecimiento lexical o describir ambientes rurales o recrear épocas pasadas o caracterizar personajes populares:
Venía cantando/No sé qué tonada cuando yo la vide (Cuando yo la vide)
O el adverbio agora, en lugar de ahora:
Por Cristo que sos mi mamita y esto de agorita no puede salir (La Carmen Aseada)
O el adverbio enantes, en lugar de antes:
Enantes perdí la inocencia/Por las inquirencias del teniente Cosme (María de los guardias)
Figuran también americanismos de uso corriente en el habla popular nicaragüense como ruletero, macanudo, chúcaro y tata; y centroamericanismos como fajarse, guaro, bolo, caite y este bayunco de la Tula Cuecho:
…que tenés la maña de hacerle caritas a cualquier bayunco… (La Tula Cuecho)
Y no faltan voces ya muy poco empleadas como descoger; o palabras que van desapareciendo como alistado y carrilera; o términos del malespín como pofi; u onomatopeyas como la expresiva rifi-rafa; o vocablos que designan defectos o imperfecciones como ñajo, chueco y estos tres que van en fila:
Así pispireto, mancuncho y corneto/Me quiero casar (Antojitos nicaragüenses)
El lenguaje --como la vida misma-- está constantemente haciéndose y rehaciéndose en un proceso dinámico de renovación y cambio.
Porque una lengua no es algo ya hecho, un producto estático y acabado, sino un conjunto de “modos de hacer”. Y es que los hablantes, en su enfrentamiento con la realidad cotidiana, requieren a veces designar objetos, hechos, etc. Es decir, “realidades” que necesitan ser designadas porque son nuevas o porque se han ido matizando de nuevas significaciones De modo que no sólo la creación de nuevas cosas da lugar a nuevas palabras, sino que también el surgimiento de nuevas necesidades expresivas entre los hablantes, quienes colorean las mismas palabras existentes en la lengua con matices generalmente cargados de afectividad, que es –como afirma Vicente García de Diego- “creadora y rectora del lenguaje y de la vida”.
El cambio que experimenta un término es, como afirma Dubois, “la característica más importante del lenguaje”. Y el nicaragüense, como sabemos, es un gran creador de palabras y expresiones urgido siempre de nuevos significados, y un especialista en resemantizar vocablos y ampliar los sentidos para ajustar matices y recrear posibilidades expresivas; un recurso lógico y utilísimo en la lengua como instrumento de comunicación en toda la extensión del dominio lingüístico, y un procedimiento eficaz para su enriquecimiento y desarrollo.
Por eso nos llama la atención el empleo de voces con un nuevo contenido semántico como chiripa, que hemos usado como un golpe de suerte y que nuestro cantautor le asigna un nuevo significado. Y todo porque la Juana María salió embarazada por pura chiripa. Oigamos a Carlos:
Ya está con achaques y con vascas secas la Juana María
Ya tiene pelones los mangos celeques y los marañones
Desde que le viene creciendo y creciendo la enorme chiripa (El chiripazo)
Encalichado es un adjetivo, a nuestro entender, que tiene dos acepciones: uno, que anda con algunos tragos entre pecho y espalda, y dos, rellenos de los enladrillados. De aquí toma Carlos la base para el nuevo significado que emplea en la “Comunión”, de la Misa Campesina:
Los pescaditos del lago/Nos quieren acompañar/Y brincan a todos lados/Como encalichados/de fraternidad (Comunión de la Misa Campesina)
La lengua culta responde más al criterio de unidad hispánica, y se somete con mayor disciplina a las normas que aseguran esa unidad. Pero la lengua popular y familiar tiene un color local y es más vivaz y espontánea, pero sobre todo viva y por eso afectiva: está íntimamente ligada a nuestras emociones y voliciones, ansiedades y temores. ¿Cómo Carlos recoge del pueblo esas emociones y las expresa en su canto? Oigámoslo en Cuando yo la vide:
Todo tembeleque/Vi de refilón su linda pantorrilla/Quedé cecereque/Con el movimiento de su rabadilla.
Y es que para expresar los hechos, muchas veces deforma las ideas y las palabras para acomodarlas a sus propias necesidades de expresión:
Cuando yo la vide Dios mío qué embrollo/Sentía el pellejo como carne-pollo
Y Carlos recurre a la exageración, una característica del hablante nicaragüense, en un afán de impresionar al interlocutor, de impactar su sensibilidad, de encender su imaginación como impulso creador de nuestra lengua:
Al tenerla cerca me puse zurumbo/Palabra de honor que se me jueron los pulsos.
El susto, la sorpresa, el miedo, la ternura... los distintos estados de ánimo suelen reflejarse en el lenguaje, con los casi infinitos matices de la entonación, la gradación vocálica y la repetición de palabras y frases:
Yo quise decirle:/Te llevo morena a los santos altares/Pero fue imposible/Pues me charchaleaban todos los hijares/. (Cuando yo la vide)
Después del terremoto de 1972, Carlos Mejía Godoy fundó el “Taller de Sonido Popular” junto con Humberto Quintanilla, Milciades Herrera, Enrique Duarte, Silvio Linarte y Pablo Martínez Téllez (El Guadalupano); luego, se integró a las “Brigada de Salvación del Canto Nacional”, en un esfuerzo por el rescate interpretativo de muchas piezas folclóricas, una de las aportaciones más importantes –como afirma Jorge Eduardo Arellano- de la extraordinaria labor musical de Carlos Mejía Godoy, “el más fecundo de los compositores nicaragüenses durante la segunda mitad del siglo XX y nuestro cantautor de mayor proyección popular e internacional”.
De esa época data una de las mejores canciones de nuestro folclor, por su carácter anónimo, tradicional y espontáneo. Nos referimos a Son tus perjúmenes, mujer, rescatada por “Los Bisturices Armónicos”, ese grupo musical que integraron tres prestigiados médicos: César A. Ramírez Fajardo, César Zepeda Monterrey y Wilfredo Álvarez. Pero fue con Carlos con quien la pieza adquirió verdadera difusión nacional e internacional. Así supieron en España lo que es el soripello y el sulivello:
Tus labios, tus labios pétalos en jlor,/Como me soripellan (Son tus perjúmenes mujer)
Son tus perjúmenes mujer,/Los que me sulivellan (Son tus perjúmenes mujer)
Ángel Rosenblat nos recuerda que Rufino José Cuervo (1844-1911) señalaba en Bogotá el término perfumen y que encontró en una edición española de 1704 el plural perfúmenes. Nuestros campesinos dicen perjúmenes. Se trata de un cambio de sonido “f” por “j”, fenómeno común en el habla popular de Nicaragua, como el adjetivo juerano (foráneo), el adverbio ajuera (afuera) o el verbo ajueriar, que no es otra cosa que ir a hacer las necesidades fisiológicas en una burra de monte o detrás de unas matas de chagüite.
Pero esto de perjúmenes se me parece un poco a infórmenes, que se documenta también en otros países hispanoamericanos, como Venezuela. Rosenblat, en sus Estudios sobre el habla de Venezuela, nos refiere una anécdota. Resulta que a un poeta humorístico de fines del siglo XIX, Alejandro Romanece, lo acusaban de ser autor de una hoja anónima. El Gobernador de Carabobo lo convocó a su despacho:
-Tengo infórmenes de que usted escribió el anónimo.
-Esos son chísmenes, General.
Resulta agotadora la tarea de inventariar todos los nicaragüensismos y aquí nos limitaremos solamente a mencionar el sustantivo rafaila:
Batime un pinol Micaila /Porque a vos te gusta /Mover la rafaila (Batiendo pinol)
El verbo carriliar:
Por pura chiripa sin querer queriendo la fui carriliando (El chiripazo)
Y el adjetivo timbuco:
La Carmen cuidaba al timbuco / le daba bejucos y raíces de amor /Quería que el chigüín la amara/ cuando él arrimara/ a los quince de edad (La Carmen Aseada)
Para mencionarlas y sobre todo distinguirlas, el ganadero chontaleño acostumbra poner a sus vacas un nombre propio. Y para ello, cuenta con varios recursos. Cuando la vaca pare por primera vez, la conducen al corral con la cría y allí la “bautizan”, como dicen ellos. El nombre va a responder o a reflejar una característica sobresaliente en la res: La Bondadosa (si es mansa), La Cucaracha (si es baja), La Frontina (si tiene una manchita blanca en la frente), La Cabra (si tiene los cuernos hacia arriba), etc. Pero oigamos los nombres de las vacas de la hacienda de don Nelo:
La Blanca Reina, La Negra Lora, La Hermosa Dama, La Guitarrona, La Nagua Chinga, La Cachito Izquierdo, La Come Guangoche, La Revienta Pial, La Tres Pedos, La Calzón Flojo, La Güegüenchona, La Culo Loco, La que Hace Jí, La Siete Pañuelos, La Pasaste a Creer, La Sentate Bien y La Volveme a Ver de Lado. (La hacienda de don Nelo)
Se necesita, como dicen los campistos chontaleños, ser caballo juelguero para tener tanto juelgo en el pecho retenido. Por eso, esta noche – y con la humildad que me caracteriza- quiero decirles a todos ustedes que no es que me importe:
“… meterme en tu vida, pero me di cuenta que ya la barriga te viene creciendo desde que Rosendo te jugó maraña, que tenés la maña de hacerle caritas a cualquier bayunco y que hasta el cusuco de la sastrería te hizo ya el mandado hace varios días, que sos la más zángana de Zaragoza, que me parta un rayo si es falsa la cosa, pues me han confirmado que sos pispireta, que tenés dos niños de Chico Chancleta, que a don Seferino le robaste un radio, que fuiste mujer de Lorenzo y Eladio y mejor no sigo mencionando jaños, pues la agitación sólo produce daño y con esto basta para todo el año.” (La Tula Cuecho)
Bienvenido, Carlos, a esta Casa que lo recibe con honores. Recibamos, amigas y amigos, a este “trovador moderno –como dice nuestro Director - que hoy continúa vivo y constituye uno de los baluartes humanos de nuestra identidad”.
Carlos, un juglar contemporáneo
Guillermo Rothschuh Villanueva
END - 18:05 - 15/02/2009
El regreso de Carlos Mejía Godoy a Radio Corporación para relanzar treinta y tres años después El son nuestro de cada día, constituye un reencuentro con sus raíces. Desde esta radioemisora insurgió a la vida nacional, como uno de los máximos compositores del canto nicaragüense. Su paso por la Corporación y su temprano involucramiento en la creación de diversos programas, siendo el más trascendente Corporito, marcaron de manera determinante su futuro artístico. Carlos adquirió una desenvoltura y una gran versatilidad en el dominio de la parodia, al extremo de constituir este programa la antesala de su compromiso como cantor revolucionario.
La explosividad de las parodias se percibe mejor a través de la multa impuesta en 1971, por el jefe de Radio y Televisión de la Guardia Nacional, Mayor Alberto Luna. Carlos hizo un arreglo musical para denunciar las torturas físicas y sicológicas a que eran sometidos los presos políticos, en las cárceles de la temible Oficina de Seguridad Nacional (OSN), ubicadas en la Loma de Tiscapa. La Chimichú, como había sido bautizada la picana eléctrica, era uno de los instrumentos utilizados para romper el equilibrio emocional de los prisioneros. Los cuartos fríos, donde permanecían desnudos y las zambullidas asfixiantes en las pilas de agua, se conjugaban en todas sus modalidades. ¡Cantá papito, cantá! Conminaban los guardias. En toda América Latina era igual. ¡Y ahora canta! Como recuerda la canción gritaban a Víctor Jara, los esbirros de Augusto Pinochet, al cortarle las manos, sin que jamás pudieran interrumpir su canto.
Cuando Carlos hizo su propia versión de La Chimichú, asestó un contragolpe. “Arre que llegando al caminito/ arre que ahí trae el dientoncito, la Chimichú./ La Chimichú es un aparato tan bonito/ y tan barato que después de un corto rato/ a cualquiera hace chillar...”. El arreglo musical fue una descarga eléctrica de diez mil voltios en los oídos del General Samuel Genie, jefe de la Oficina de Seguridad. Carlos entró en la lista de los proscritos. Le impusieron una multa de diez mil córdobas, que generó una ola de solidaridad. El poeta Pablo Antonio Cuadra alzó su voz. Entre la pistola y la guitarra, denominó el poeta a su Escrito a Máquina, señalando que en Nicaragua, cuando el Estado “toma la iniciativa, es para pisotear valores humanos. Para dejar caer, como en el caso presente, una aplastante multa faraónica sobre la débil resistencia de una guitarra”. Para advertir conmovido, si en “tiempos de Nerón se extinguió la sátira en Roma. En tiempos de Stalin dejó de existir la sonrisa en Rusia...¿En tiempos de Somoza dejó de existir el canto en Nicaragua?”
Durante cuatro años Carlos mantuvo con vida a Corporito, a la par creó El Son nuestro de cada día, con un impacto y una trascendencia significativa entre los guerrilleros sandinistas, involucrados en la lucha revolucionaria en las montañas de la zona norte del país, como justamente lo reconoce Omar Cabezas Lacayo, en La montaña es más que una inmensa estepa verde. Ese mismo impacto tuvo entre el pueblo nicaragüense que luchaba por librarse de la tiranía somocista. Esa época histórica lleva la impronta del canto de Carlos Mejía Godoy, el máximo compositor e impulsor de la música revolucionaria en Nicaragua.
Paralelamente al programa radial, Carlos creó la Brigada de Salvación del Canto Nicaragüense, una iniciativa en la que participó Wilmor López, quien ha persistido a través de los años en recopilar la música de los más diversos y variados compositores. En esta empresa también hicieron lo propio Los bisturises armónicos. Contagiados por los mismos sueños, Pablo Antonio Cuadra, Chale Mántica, César Ramírez, Wilfredo Álvarez y César Zepeda Monterrey, en animadas tertulias reforzaban su empeño por rescatar del olvido a la música nacional. Con extremado celo Carlos y Wilmor resguardan esa enorme parcela de nuestra memoria histórica. Carlos daba continuidad de esta manera a los trabajos pioneros de Pablo Antonio Cuadra, Joaquín Pasos y del más completo recopilador del canto nicaragüense, Salvador Cardenal Argüello.
Carlos también se encargó de crear los Talleres de Sonido Popular. La Corporación servía como vehículo para dar a conocer a quienes participaban entusiasmados, en elevar su voz dentro del canto nacional. Dos de los grupos más representativos lo constituyen Pancasán y Nueva América. Carlos decidió irse a vivir a Nejapa junto al Indio Pan de Rosa. Como resultado del trabajo desplegado por Los Talleres de Sonido Popular brotó La misa campesina, que conmemora 34 años de ser la más alta expresión del canto revolucionario, inspirada en la visión de un Cristo proletario nacido en Palacagüina, de Chepe Pavón y una tal María, que encumbró a Carlos como uno de los compositores de mayor arraigo en América Latina.
A Los bisturises armónicos se debe el gran hallazgo de Son tus perjúmenes mujer, pero fue Carlos quien la convirtió en una canción emblemática, con resonancias en el ámbito de toda el habla hispana. En España, Son tus perjúmenes... impactó por lo pegajoso que resulta este Fox-trot y gracias al impulso del conductor del programa de televisión Lengua viva. La acogida de Los perjúmenes... en la Península Ibérica fue absoluta, batió récord entre la audiencia musical, desplazó a Los Bee Gees y a Julio Iglesias de los primeros lugares de taquilla, colocándose entre las canciones más cotizadas, como lo registró la revista Hola en su momento. Los perjúmenes... pasaron desde entonces a formar parte de La historia del fox español. José Ramón Pardo consideró dicha composición como parte integral de la música popular española.
Carlos se abrió espacio en España con Clodomiro El Ñajo, El Cristo de Palacagüina, interpretado por Elsa Baeza, y María de los Guardias, cantada por Maciel. Carlos adquirió, gracias a su canto, carta de ciudadanía española. La misa campesina llegaría después. Incubada en el vientre de Los talleres del Sonido Popular, Carlos invitó a diversos compositores a enrolarse en esta iniciativa y el único que logró aportar creativamente fue Pablo Martínez Téllez, El Guadalupano. Como todo artista, Carlos ha expresado que un creador no nace de la nada y se debe a múltiples influencias. La deuda con su padre y sus vínculos con Somoto son determinantes. Su canto empalma con esta región de Nicaragua. Somoto es el punto de partida, la atalaya desde donde divisa el mundo. Leandro Torres le enseñó a rasgar la guitarra cuando bajaba de la montaña los domingos y Mundo Sandoval le abrió el corredor fronterizo con Honduras. Somoto es punto de confluencia. El hijo pródigo se resiste a dejar su hogar.
Carlos debe mucho también a quienes le precedieron y abrieron las compuertas al canto nacional. Gustavo Latino, con su programa radial Retablo Folklórico Nicaragüense, le brindó su aliento, aunque a quien Carlos debe más es a Sidar Cisneros Leiva. La Hora Nacional fue la rendija por donde filtró sus primeras creaciones. Siendo un mozalbete Sidar lo empujaba a que participara en su programa. La Alforja campesina jugó un papel importante, gustó al director de Radiodifusora Nacional, quien además le aconsejó y animó a convertirse en el heredero y continuador de Camilo Zapata. No en balde Sidar fue el primero en imprimir un disco de Camilo, precedido con su presentación. De ese entonces son Tu lunar, Violento verano y Cuando cae la brisa, que muestran a un Carlos desconocido hasta ahora, al que los melómanos deben redescubrir.
El son nuestro de cada día mantiene viva la música nacional. Con una visión más amplia y una sensibilidad depurada, Carlos incorpora en su programa todo el sustrato de nuestra historia. Coplas, dichos y refranes, recetas de cocina, villancicos, fábulas, biografías, cuentos y consejos, se alternan con lo más preciado de la música nacional. A Carlos se debe La República de los Pájaros (Dic. 2007), un vasto mural donde enaltece a veintidós compositores de renombre. Desde José de la Cruz Mena, pasando por Camilo Zapata, Justo Santos, Erwin Krüger, Tino López Guerra, Rafael Gastón Pérez, hasta Hernaldo Zúñiga, Salvador Cardenal Barquero, Ofilio Picón y Mario Montenegro. Encargó a su hermano Armando dibujara los pájaros, que en el texto cobran vida propia.
Durante los últimos años Nicaragua, Nicaragüita... ha sido considerada por propios y extraños, como una especie de himno patriótico. Ajeno a toda presuntuosidad, Carlos Mejía Godoy más bien afirma que ese honor le corresponde a Justo Santos, “autor del segundo himno de la Patria: La Moralimplia”. El 19 de enero de 2009, Carlos ingresó como Miembro Correspondiente de la Academia Nicaragüense de la Lengua. Mi coterráneo, el chontaleño Róger Matus Lazo hizo el panegírico exaltando la presencia del habla nicaragüense en la creación musical de Carlos Mejía Godoy. Un estudio concienzudo, meritorio y oportuno. La Academia Nicaragüense de la Lengua, con su incorporación, ratifica su vocación por alojar en su seno a los más altos exponentes del arte nacional.
Carlos está de vuelta en su viejo alero de la Corporación, sitio desde donde un día alzó vuelo. El Son nuestro de cada día, en sus dos audiciones, (5:30 a. m. y 12:30 p.m.), es su reencuentro con la radioemisora que le abrió las puertas a la fama, y lo vincula con los millares de nicaragüenses que lo aprecian como el compositor y recopilador más valioso de la música nacional. ¡El más alto representativo de nuestra música testimonial!
END - 18:05 - 15/02/2009
El regreso de Carlos Mejía Godoy a Radio Corporación para relanzar treinta y tres años después El son nuestro de cada día, constituye un reencuentro con sus raíces. Desde esta radioemisora insurgió a la vida nacional, como uno de los máximos compositores del canto nicaragüense. Su paso por la Corporación y su temprano involucramiento en la creación de diversos programas, siendo el más trascendente Corporito, marcaron de manera determinante su futuro artístico. Carlos adquirió una desenvoltura y una gran versatilidad en el dominio de la parodia, al extremo de constituir este programa la antesala de su compromiso como cantor revolucionario.
La explosividad de las parodias se percibe mejor a través de la multa impuesta en 1971, por el jefe de Radio y Televisión de la Guardia Nacional, Mayor Alberto Luna. Carlos hizo un arreglo musical para denunciar las torturas físicas y sicológicas a que eran sometidos los presos políticos, en las cárceles de la temible Oficina de Seguridad Nacional (OSN), ubicadas en la Loma de Tiscapa. La Chimichú, como había sido bautizada la picana eléctrica, era uno de los instrumentos utilizados para romper el equilibrio emocional de los prisioneros. Los cuartos fríos, donde permanecían desnudos y las zambullidas asfixiantes en las pilas de agua, se conjugaban en todas sus modalidades. ¡Cantá papito, cantá! Conminaban los guardias. En toda América Latina era igual. ¡Y ahora canta! Como recuerda la canción gritaban a Víctor Jara, los esbirros de Augusto Pinochet, al cortarle las manos, sin que jamás pudieran interrumpir su canto.
Cuando Carlos hizo su propia versión de La Chimichú, asestó un contragolpe. “Arre que llegando al caminito/ arre que ahí trae el dientoncito, la Chimichú./ La Chimichú es un aparato tan bonito/ y tan barato que después de un corto rato/ a cualquiera hace chillar...”. El arreglo musical fue una descarga eléctrica de diez mil voltios en los oídos del General Samuel Genie, jefe de la Oficina de Seguridad. Carlos entró en la lista de los proscritos. Le impusieron una multa de diez mil córdobas, que generó una ola de solidaridad. El poeta Pablo Antonio Cuadra alzó su voz. Entre la pistola y la guitarra, denominó el poeta a su Escrito a Máquina, señalando que en Nicaragua, cuando el Estado “toma la iniciativa, es para pisotear valores humanos. Para dejar caer, como en el caso presente, una aplastante multa faraónica sobre la débil resistencia de una guitarra”. Para advertir conmovido, si en “tiempos de Nerón se extinguió la sátira en Roma. En tiempos de Stalin dejó de existir la sonrisa en Rusia...¿En tiempos de Somoza dejó de existir el canto en Nicaragua?”
Durante cuatro años Carlos mantuvo con vida a Corporito, a la par creó El Son nuestro de cada día, con un impacto y una trascendencia significativa entre los guerrilleros sandinistas, involucrados en la lucha revolucionaria en las montañas de la zona norte del país, como justamente lo reconoce Omar Cabezas Lacayo, en La montaña es más que una inmensa estepa verde. Ese mismo impacto tuvo entre el pueblo nicaragüense que luchaba por librarse de la tiranía somocista. Esa época histórica lleva la impronta del canto de Carlos Mejía Godoy, el máximo compositor e impulsor de la música revolucionaria en Nicaragua.
Paralelamente al programa radial, Carlos creó la Brigada de Salvación del Canto Nicaragüense, una iniciativa en la que participó Wilmor López, quien ha persistido a través de los años en recopilar la música de los más diversos y variados compositores. En esta empresa también hicieron lo propio Los bisturises armónicos. Contagiados por los mismos sueños, Pablo Antonio Cuadra, Chale Mántica, César Ramírez, Wilfredo Álvarez y César Zepeda Monterrey, en animadas tertulias reforzaban su empeño por rescatar del olvido a la música nacional. Con extremado celo Carlos y Wilmor resguardan esa enorme parcela de nuestra memoria histórica. Carlos daba continuidad de esta manera a los trabajos pioneros de Pablo Antonio Cuadra, Joaquín Pasos y del más completo recopilador del canto nicaragüense, Salvador Cardenal Argüello.
Carlos también se encargó de crear los Talleres de Sonido Popular. La Corporación servía como vehículo para dar a conocer a quienes participaban entusiasmados, en elevar su voz dentro del canto nacional. Dos de los grupos más representativos lo constituyen Pancasán y Nueva América. Carlos decidió irse a vivir a Nejapa junto al Indio Pan de Rosa. Como resultado del trabajo desplegado por Los Talleres de Sonido Popular brotó La misa campesina, que conmemora 34 años de ser la más alta expresión del canto revolucionario, inspirada en la visión de un Cristo proletario nacido en Palacagüina, de Chepe Pavón y una tal María, que encumbró a Carlos como uno de los compositores de mayor arraigo en América Latina.
A Los bisturises armónicos se debe el gran hallazgo de Son tus perjúmenes mujer, pero fue Carlos quien la convirtió en una canción emblemática, con resonancias en el ámbito de toda el habla hispana. En España, Son tus perjúmenes... impactó por lo pegajoso que resulta este Fox-trot y gracias al impulso del conductor del programa de televisión Lengua viva. La acogida de Los perjúmenes... en la Península Ibérica fue absoluta, batió récord entre la audiencia musical, desplazó a Los Bee Gees y a Julio Iglesias de los primeros lugares de taquilla, colocándose entre las canciones más cotizadas, como lo registró la revista Hola en su momento. Los perjúmenes... pasaron desde entonces a formar parte de La historia del fox español. José Ramón Pardo consideró dicha composición como parte integral de la música popular española.
Carlos se abrió espacio en España con Clodomiro El Ñajo, El Cristo de Palacagüina, interpretado por Elsa Baeza, y María de los Guardias, cantada por Maciel. Carlos adquirió, gracias a su canto, carta de ciudadanía española. La misa campesina llegaría después. Incubada en el vientre de Los talleres del Sonido Popular, Carlos invitó a diversos compositores a enrolarse en esta iniciativa y el único que logró aportar creativamente fue Pablo Martínez Téllez, El Guadalupano. Como todo artista, Carlos ha expresado que un creador no nace de la nada y se debe a múltiples influencias. La deuda con su padre y sus vínculos con Somoto son determinantes. Su canto empalma con esta región de Nicaragua. Somoto es el punto de partida, la atalaya desde donde divisa el mundo. Leandro Torres le enseñó a rasgar la guitarra cuando bajaba de la montaña los domingos y Mundo Sandoval le abrió el corredor fronterizo con Honduras. Somoto es punto de confluencia. El hijo pródigo se resiste a dejar su hogar.
Carlos debe mucho también a quienes le precedieron y abrieron las compuertas al canto nacional. Gustavo Latino, con su programa radial Retablo Folklórico Nicaragüense, le brindó su aliento, aunque a quien Carlos debe más es a Sidar Cisneros Leiva. La Hora Nacional fue la rendija por donde filtró sus primeras creaciones. Siendo un mozalbete Sidar lo empujaba a que participara en su programa. La Alforja campesina jugó un papel importante, gustó al director de Radiodifusora Nacional, quien además le aconsejó y animó a convertirse en el heredero y continuador de Camilo Zapata. No en balde Sidar fue el primero en imprimir un disco de Camilo, precedido con su presentación. De ese entonces son Tu lunar, Violento verano y Cuando cae la brisa, que muestran a un Carlos desconocido hasta ahora, al que los melómanos deben redescubrir.
El son nuestro de cada día mantiene viva la música nacional. Con una visión más amplia y una sensibilidad depurada, Carlos incorpora en su programa todo el sustrato de nuestra historia. Coplas, dichos y refranes, recetas de cocina, villancicos, fábulas, biografías, cuentos y consejos, se alternan con lo más preciado de la música nacional. A Carlos se debe La República de los Pájaros (Dic. 2007), un vasto mural donde enaltece a veintidós compositores de renombre. Desde José de la Cruz Mena, pasando por Camilo Zapata, Justo Santos, Erwin Krüger, Tino López Guerra, Rafael Gastón Pérez, hasta Hernaldo Zúñiga, Salvador Cardenal Barquero, Ofilio Picón y Mario Montenegro. Encargó a su hermano Armando dibujara los pájaros, que en el texto cobran vida propia.
Durante los últimos años Nicaragua, Nicaragüita... ha sido considerada por propios y extraños, como una especie de himno patriótico. Ajeno a toda presuntuosidad, Carlos Mejía Godoy más bien afirma que ese honor le corresponde a Justo Santos, “autor del segundo himno de la Patria: La Moralimplia”. El 19 de enero de 2009, Carlos ingresó como Miembro Correspondiente de la Academia Nicaragüense de la Lengua. Mi coterráneo, el chontaleño Róger Matus Lazo hizo el panegírico exaltando la presencia del habla nicaragüense en la creación musical de Carlos Mejía Godoy. Un estudio concienzudo, meritorio y oportuno. La Academia Nicaragüense de la Lengua, con su incorporación, ratifica su vocación por alojar en su seno a los más altos exponentes del arte nacional.
Carlos está de vuelta en su viejo alero de la Corporación, sitio desde donde un día alzó vuelo. El Son nuestro de cada día, en sus dos audiciones, (5:30 a. m. y 12:30 p.m.), es su reencuentro con la radioemisora que le abrió las puertas a la fama, y lo vincula con los millares de nicaragüenses que lo aprecian como el compositor y recopilador más valioso de la música nacional. ¡El más alto representativo de nuestra música testimonial!
4 feb 2009
LA VIEJECITA DE MOZAMBIQUE
(Homenaje al P. Victoriano Arizti)
Por: Carlos Mejía Godoy
Aquella mañana soleada de Abril de 1977, íbamos, los Palacagüina, mi esposa Evelyne y yo, como en una lata de sardinas, a bordo del Seat que condicía el sacerdote Victoriano Arizti. El cura vasco había bajado de Vitoria a Madrid, para celebrar con nosotros el contrato con la CBS, para el lanzamiento de nuestro primer disco internacional.
-Veis aquellos picos nevados?- preguntó Victoriano señalando las montañas del norte madrileño. –Hacia allá nos dirigimos, para que estos indios nicaragüenses conozcan la nieve-. El cura enrumbó su carrito hacia Navacerrada. Pero al pasar por Plaza España, nos relato una anécdota, que yo jamás olvidaré.
-Este es el monumento a Cervantes. Ahí está el escritor sentado. Tras él, cada uno en su cabalgadura, los dos personajes de su famosa novela: Don Quijote y Sancho. Pues bien –prosiguió Arizti- aquí me detuve hace algunos años y, con una bolsa plástica y una cuchara, recogí unos gramos de tierra, para llevarlos a una mujer española, que desde hace cuarenta años vive en ese país africano. Esa anciana madrileña, posiblemente jamás regresará a su país y me pidió que le llevara esa “tierrita”, para que se la pongan junto a su féretro el día que muera…
Todos quedamos impactados por aquella historia estremecedora. Pero, a partir de ese momento, cierto cantor somoteño, no tuvo sosiego. Hurgué en mis bolsillos un trozo de papel y empecé a aliñar el primer verso de una nueva canción:
Yo soy Victoriano, trotamundo vasco
Llegué a Mozambique buscando una flor….
En Navacerrada, mientras los Palacagüina, añoraban una botella de sirope de tamarindo para prepararse un mega-raspado, yo me retiré a seguir escribiendo, lo que en un inicio me parecía un tango y, al final, resultó un valsesito de pura cavanga.
Aquella noche, después de la cena, diseñamos la sorpresa. Mi esposa Evelyne preparó las condiciones idóneas. Invitamos a Victoriano a tomar un coñac en nuestra habitación y sin mayores preámbulos me puse el acordeón y le dije al cura .Te suena esto,hermano?. El padre Arizti tenía los ojos húmedos, al escuchar su historia convertida en canción. Así nació este homenaje a un hombre extraordinario, que –desde la más lejana galaxia- sigue amando a Nicaragua.
Por: Carlos Mejía Godoy
Aquella mañana soleada de Abril de 1977, íbamos, los Palacagüina, mi esposa Evelyne y yo, como en una lata de sardinas, a bordo del Seat que condicía el sacerdote Victoriano Arizti. El cura vasco había bajado de Vitoria a Madrid, para celebrar con nosotros el contrato con la CBS, para el lanzamiento de nuestro primer disco internacional.
-Veis aquellos picos nevados?- preguntó Victoriano señalando las montañas del norte madrileño. –Hacia allá nos dirigimos, para que estos indios nicaragüenses conozcan la nieve-. El cura enrumbó su carrito hacia Navacerrada. Pero al pasar por Plaza España, nos relato una anécdota, que yo jamás olvidaré.
-Este es el monumento a Cervantes. Ahí está el escritor sentado. Tras él, cada uno en su cabalgadura, los dos personajes de su famosa novela: Don Quijote y Sancho. Pues bien –prosiguió Arizti- aquí me detuve hace algunos años y, con una bolsa plástica y una cuchara, recogí unos gramos de tierra, para llevarlos a una mujer española, que desde hace cuarenta años vive en ese país africano. Esa anciana madrileña, posiblemente jamás regresará a su país y me pidió que le llevara esa “tierrita”, para que se la pongan junto a su féretro el día que muera…
Todos quedamos impactados por aquella historia estremecedora. Pero, a partir de ese momento, cierto cantor somoteño, no tuvo sosiego. Hurgué en mis bolsillos un trozo de papel y empecé a aliñar el primer verso de una nueva canción:
Yo soy Victoriano, trotamundo vasco
Llegué a Mozambique buscando una flor….
En Navacerrada, mientras los Palacagüina, añoraban una botella de sirope de tamarindo para prepararse un mega-raspado, yo me retiré a seguir escribiendo, lo que en un inicio me parecía un tango y, al final, resultó un valsesito de pura cavanga.
Aquella noche, después de la cena, diseñamos la sorpresa. Mi esposa Evelyne preparó las condiciones idóneas. Invitamos a Victoriano a tomar un coñac en nuestra habitación y sin mayores preámbulos me puse el acordeón y le dije al cura .Te suena esto,hermano?. El padre Arizti tenía los ojos húmedos, al escuchar su historia convertida en canción. Así nació este homenaje a un hombre extraordinario, que –desde la más lejana galaxia- sigue amando a Nicaragua.
Fallece Victoriano, el trotamundo vasco


END - 21:07 - 03/02/2009
Toda una época parece haberse ido con la muerte del sacerdote español Victoriano Arizti. Quizás, muchos no recuerden a este clérigo, empero, con sólo escuchar las primeras letras del canto “La viejecita de Mozambique”, el nombre se vuelve conocido, querido, entrañable.
“Yo soy Victoriano, trotamundo vasco”, dice el tema de Carlos Mejía Godoy, donde se relata el drama de la viejecita.
Y Victoriano falleció víctima de un cáncer en la próstata. Sin la presencia del noble religioso, tal vez nuestro compositor no hubiese alcanzado en tan poco tiempo los escenarios españoles.
Mejía Godoy al ser consultado por EL NUEVO DIARIO sobre el deceso del hombre que fue decisivo para él cuando llegó a España en 1977, dijo que “nos abrió las puertas de la discografía española, y, prácticamente, nos mantuvo allá durante tres meses hasta que firmé el contrato con la CBS”.
El sacerdote falleció el pasado sábado. Durante su vida amó mucho a Nicaragua. “El tema musical de La viejecita lo escribí cuando él me contó la historia y lo grabé en España. Fue el segundo disco titulado ‘La nueva milpa’”.
El primer disco que se llamaba “El Son nuestro de cada día” lo grabó en 1977. El tercer disco, “Monimbó”, lo grabó en el 79 cuando Nicaragua estaba en plena insurrección.
El hombre que trajo a Nicaragua al sacerdote Arizti fue don Carlos Mántica, dueño de los supermercados La Colonia.
El sacerdote hizo muchos amigos en Nicaragua, de los cuales varios se han muerto, como Erwin Krüger y Tino López Guerra, y los que quedan vivos son pocos, como Fabio Gadea Mantilla.
Carlos nunca se impone límites de tiempo para componer una melodía. A pesar de eso, cuando escuchó la narración de Arizti, ya la canción empezaba a sonar, y la idea, el ritmo, el inicial tango, no le dejaba en paz, hasta que “de un tirón”, como nos afirma ahora, dejó lista la formidable pieza musical. “Empecé a trabajarla inmediatamente”, dice el compositor. Y “La viejecita…” terminó siendo un vals que ya nadie dejaría de agradecer al autor haberla creado.
Parada militar para un trotamundo vasco
En los primeros días del triunfo de la revolución nicaragüense llegó a nuestro país el sacerdote Arizti. Cuando iba por la Carretera Sur, un retén del recién creado Ejército Popular Sandinista detuvo el vehículo y pidieron identificaciones a los ocupantes. El empresario Carlos Mántica se presentó y enseñó sus documentos, y cuando los soldados preguntaron por la identidad del religioso, les dijo: “Yo soy Victoriano…”.
Uno de los soldados le dijo: “¡Como el de la canción!”, a lo que de inmediato, Arizti le aclaró: “¡Yo soy el de la canción!” El sacerdote sacó el pasaporte, y de inmediato, enterado el oficial de la garita, llamó al resto de los hasta hacía poco guerrilleros, los puso en fila y ordenó: “Vamos a hacer unos disparos, en honor a Victoriano, el trotamundo vasco”.
En la noche, en un pasaje inolvidable de su vida que siempre recordaría el noble vasco, por primera vez, un sacerdote recibía la insólita parada militar de un Ejército naciente. ¿Dónde podía ser aquello? ¿En España? ¿en Mozambique? No,
sólo en el sueño de lo que una vez quiso ser Nicaragua…
20 ene 2009
Y EL VERBO SE HIZO CANTO:EL LADRILLITO DE BARRO
Cuando salí de Somoto a Managua aquella madrugada de 1954, mi pueblo natal amaneció envuelto en una densa neblina, que me recordó los cuentos de Anderson. El bus de la empresa Alfaro pitó tres veces, arrancó y fue dejando a su paso una nube de polvo. A mis espaldas quedaba, no solamente el pueblito fronterizo con Honduras donde nací, sino los primeros diez años de mi vida.
Desde la ventana del vehículo me asomé por última vez a la esquina de mi casa, donde mi abuelita –envuelta en su rebozo- me decía adiós, con lágrimas en los ojos. Volví a ver la cumbre del cerro Picudo, que parecía empinarse más que nunca con su copete cundidito de verdor. Sentía, por un lado, la inmensa alegría de conocer la Capital, cuyos edificios apenas conocía en las fotografías de mi libro escolar El lector nicaragüense . Pero, al mismo tiempo, la cabanga me oprimía el pecho, con sólo pensar que estaría un año entero sin venir a mi amado Somoto.
Quiero confesar, sin embargo, que cuando el bus de los Alfaro tomó la carretera, coloqué en el centro de mi corazón un ladrillo de barro. Un ladrillo cuarterón, de esos que mirábamos en los corredores de las fincas y –por qué no- en los pisos de las casas humildes como la nuestra. En ese ladrillito me llevé todos mis tesoros: mi primer papalote, mi bolero, mi trompo de guayacán (el más “sedita” del pueblo, mis paseos a Musunce, las correrías con los lustradores y las mazurquitas de Leandro Torres. En un lugar especial , acomodé las luces
de aquel prisma, que posaba en el escritorio del Dr. Gutiérrez y que mi primo René me dejaba acariciar, para asomarme, absorto, a un Somoto irisado con los colores mágicos de un cuento oriental. En este ladrillo de barro guardé los secretos de mi primer amor, que floreció bajo la “fronda de ancha mesura” de aquel almendro, plantado en el patio de la Tía Tere Armijo.
Ha pasado más de medio siglo. Y el ladrillo sigue ahí mismo. Bebiéndose la lluvia, el sol, los amaneceres, las chicharras y la vocinglería de esta República de Pajaros, que es mi amada Nicaragüita.
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Desde la ventana del vehículo me asomé por última vez a la esquina de mi casa, donde mi abuelita –envuelta en su rebozo- me decía adiós, con lágrimas en los ojos. Volví a ver la cumbre del cerro Picudo, que parecía empinarse más que nunca con su copete cundidito de verdor. Sentía, por un lado, la inmensa alegría de conocer la Capital, cuyos edificios apenas conocía en las fotografías de mi libro escolar El lector nicaragüense . Pero, al mismo tiempo, la cabanga me oprimía el pecho, con sólo pensar que estaría un año entero sin venir a mi amado Somoto.
Quiero confesar, sin embargo, que cuando el bus de los Alfaro tomó la carretera, coloqué en el centro de mi corazón un ladrillo de barro. Un ladrillo cuarterón, de esos que mirábamos en los corredores de las fincas y –por qué no- en los pisos de las casas humildes como la nuestra. En ese ladrillito me llevé todos mis tesoros: mi primer papalote, mi bolero, mi trompo de guayacán (el más “sedita” del pueblo, mis paseos a Musunce, las correrías con los lustradores y las mazurquitas de Leandro Torres. En un lugar especial , acomodé las luces
de aquel prisma, que posaba en el escritorio del Dr. Gutiérrez y que mi primo René me dejaba acariciar, para asomarme, absorto, a un Somoto irisado con los colores mágicos de un cuento oriental. En este ladrillo de barro guardé los secretos de mi primer amor, que floreció bajo la “fronda de ancha mesura” de aquel almendro, plantado en el patio de la Tía Tere Armijo.
Ha pasado más de medio siglo. Y el ladrillo sigue ahí mismo. Bebiéndose la lluvia, el sol, los amaneceres, las chicharras y la vocinglería de esta República de Pajaros, que es mi amada Nicaragüita.
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